De camino al desierto

5 de octubre de 2011

180 Km son los que separan Marrakesh y Ouarzarte que era nuestra siguiente meta, tan solo había un osbtáculo que superar: CRUZAR EL ATLAS.

Nos despertamos a las ocho de la mañana y nuevamente tomamos el desayuno del primer día. Cogimos las maletas y comnezamos el viaje. Esta vez no nos costó salir de Marrakesh ya que habíamos aprendido la lección del día anterior. La carretera no parecía mala y no era mucha la distancia a recorrer, así que como no teníamos prisa hicimos una parada técnica en METRO (Supermercado con características similares a Makro). Queríamos comprar algo de comida ya que íbamos de camino al desierto y no sabíamos lo que nos podíamos encontrar. Algo más de una hora estuvimos decidiendo(aunque no había mucho donde elegir porque casi todo era al por mayor). El botín no fue más que unas bolsas de patatas fritas, unas galletas y algo de queso.

El camino al ATLAS resultó más duro de lo que esperabamos. A pesar de tener un firme bastante bueno, una gran hilera de camiones enormes, que transportaban desde gasolina hasta ganado, dificultaban la subida a este puerto, con tan solo un sentido para cada sentido de la marcha. Camión tras camión, íbamos adelantando, incluso en línea continua, y por fin tras varias horas de viaje (más de las que habíamos calculado), paramos en un pueblo del cual no pude averiguar el nombre, porque en Marruecos es muy normal eso de no señalizar. Brochetas con ensalada marroquí fue el menú que nos dieron casi sin elegir.

Continuamos el viaje a Ouarzarzate, lugar donde pasaríamos la noche antes de ir al desierto de Merzuga. Cuando llegamos, aún quedaba algo de luz, así que buscamos un hotel que entrara dentro de nuestro presupuesto y fuimos a dar una vuelta por los estudios de cine que habíamos visto en la entrada del pueblo. Preguntamos horarios y precios, pero no pudimos visitar ninguno ya que estaban a punto de cerrar. Pese a este contratiempo, nuestro viaje no fue en valde. A la salida de uno de los estudios, Naim, un organizador de viajes al desierto, nos hizo varias ofertas, pero nuestro presupuesto, solo nos permitía la más económica. Incluía comida en Tegunite, paseo de dos horas en camello, cena y desayuno en el desierto y dormir en una jayma. El trasnporte hasta allí corría por nuestra cuenta. Aceptamos su propuesta, aunque eso modifica nuestros planes  y nos dejaba libres más días, que nos permitirían visitar más lugares, que a priori, no estaban marcados en nuestro itineratio. En vez de ir al desierto de Merzuga, iriamos al desierto de Zagora.

Sorpresa!!!

La infancia de David fue bastante dura, además tenía el agravante de su enfermedad. Nació con una enfermedad congénita que marcaría su vida. Debido a su hidrocefalia, pasó mucho tiempo en el hospital. Con tan solo nueve meses tuvieron que operarle porque el líquido cefalorraquídeo le estaba presionando el cerebro. Lucia estaba al tanto de que sufría esa enfermedad, pero realmente no sabía de que se trataba.

 -La hidrocefalia, no es más que la acumulación del líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro, lo que hace que estas se dilaten.

– ¿Y que es lo que sientes?

– Pues principalmente dolor de cabeza, pero el estomago también se me resiente.

– ¿Pero nadie de tu familia tiene esa enfermedad no?

– Es que creo que no es hereditaria, mi madre siempre me ha dicho que es por culpa de mi tía Maribel. Cuando mi madre estaba embarazada de siete meses, le dio una patada en la tripa. Mi tía Isabel y mi madre creen que es por la patada.

– Pues vaya, pero me parece muy fuerte lo de tu tía.

– Ya, pero ya está olvidado. Me han operado unas cuantas veces, y una vez estuve en coma tres días, pero afortunadamente pude salir, aunque tengo que estar con un tratamiento.

– ¿No tiene cura?

– No, pero se puede controlar. Tengo que ir a revisión pero nada más. Ahora mismo estoy bien. Cuando nací los médicos le dijeron a mi madre que no iba a pasar de los catorce años, y mira…

– Bueno, pues ahora toca cuidarse.

 Parecía que todo había vuelto a la normalidad, aunque David quiso volver a pedir disculpas a Lucia por haberle ocultado lo de su padre. Le hizo la promesa de que nunca más volvería a ocultarla nada, aunque aún quedaban cosas que contar, pero que poco a poco lo iría haciendo.

 Pasaba el tiempo y David seguía sin aparecer. Lucia pensaba que era el día ideal para visitar Mahón, ya que no hacía demasiado calor y encima se había nublado un poquito. Pero si David se retrasaba más no podían hacer nada.

 De repente, Lucia escuchó unos suaves golpes en la puerta. Bastante enfadada, se levantó de la cama para abrir. Si, era David.

 –         ¿Dónde estabas?

–         Dando una vuelta

–         Y yo aquí en la habitación, sin poder hacer nada, esperando a que llegaras. Y el móvil apagado

–         Me habré quedado sin batería. Sacó el móvil del bolsillo y descubrió que lo tenía apagado y no podía encenderlo, así que lo puso a cargar.

–         Me hubiera apetecido ir a Mahón, hace un día muy bueno para conocer la ciudad.

–         Si quieres cuando vuelva, nos vamos.

–         ¿Dónde vas ahora?

–         Es que tengo que terminar de solucionar unas cosas

–         Pues me voy contigo

–         No puedes

 Lucía no podía aguantar más la situación. Una mañana perdida y encima tenía que estar más tiempo encerrada en la habitación.

 –         He dicho que me voy contigo

–         Eres una cabezota, haz lo que quieras

–         Pues eso, que me voy

 Al final, Lucia se salió con la suya, aunque no sabía muy bien donde iban. David entró en una joyería, pero le pidió a Lucia que se quedara fuera, que no iba a tardar nada. No entendía nada, ¿Qué necesitaba de una joyería?

David salió con una gran sonrisa dibujada en la cara. Se sentía bien, pero Lucia no dejaba de preguntar.

 –         Que conste que quería hacerlo de otra manera, pero te has puesto tan pesada.

–         Es que no sabes lo que es estar una mañana entera en la habitación

–         He estado buscando un restaurante y una floristería pero no he encontrado nada. Solo esto.

David sacó una pequeña caja de una bolsita de papel duro que le habían dado.

–         ¿Quieres casarte conmigo?

–         Si

 David, le puso el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Lucia rompió a llorar de la emoción y se fundieron en un bonito beso. David había conseguido que el enfado de Lucia desapareciera y que el viaje a Menorca fuera inolvidable para ambos.

Recordando

 Quería confiar en el. Si le había dado esta segunda oportunidad no era para volver a caer en los errores del pasado, pero no podía evitar que los recuerdos se le agolparan en la cabeza uno tras otro. Todas las discusiones que habían tenido inundaban sus pensamientos. La que más fuerza cobraba era la que tuvieron cuando fueron a casa de la tía Maribel, hermana del padre de David.

 Unos meses antes.

 – Tu me dijiste que no tenías relación con tu padre, porque el no quería. ¡No me dijiste nada de que estaba muerto!

– Es que me daba vergüenza.

– ¿Cómo te puede dar vergüenza una cosa así?

– Es que se murió de SIDA

 David no había comentado nada de la muerte de su padre, pero Maribel empezó a hablar de su hermano refiriéndose a el como si ya no estuviera entre los vivos. Lucía se dio cuenta enseguida de que David la había mentido. Era algo que no podía dejar pasar por alto y en cuanto salieron de la casa y se fueron rumbo al cercanías tuvieron una acalorada conversación en la que Lucía le pedía que por favor le contara todo lo referente a su familia, pero esta vez sin mentiras, porque más tarde o más temprano se iba a enterar de la verdad. David, con mucho esfuerzo le confesó todas las desdichas de su familia. No estaba nada orgulloso de lo que estaba contando, pero esa era su familia, para bien o para mal y eso no lo podía cambiar nadie. Su madre le había tenido muy joven, con tan solo quince años se le quedó muy grande eso de ser madre. Su padre se desentendió desde el principio del embarazo, hecho que no pudo superar Elvira, la madre de David. Para intentar llevar mejor este dolor, Elvira se metió en el mundo de la droga. La consecuencia no tardó mucho en llegar. Había sido infectada de SIDA. David, quiso dejar claro que el se había hecho las pruebas y que estaba totalmente sano. También le confesó que tenía dos hermanos, Ignacio y Davinia de los cuales no recordaba gran cosa. De su hermana sabía que tenía el pelo negro y que trabajaba de go-go en Kapital y de su hermano solo recordaba el nombre. Había intentado ponerse en contacto con ellos en varias ocasiones, pero la familia de la madre de sus hermanos no se lo había puesto fácil. Pero el siempre decía que tenía dos hermanos. Lucía tenía la pequeña esperanza de que algún día, ella podía hacer que se reunieran. Ella pensaba en la relación que tenía con sus hermanas y le dio mucha pena que el no pudiera disfrutar lo mismo.

David siguió contando, con más penas que glorias, la trágica historia de su familia. Su madre, volvió a tener una relación, pero que al contrario de lo que se pudiera pensar, la sumergió más en el mundo de las drogas, lo que aún complicó más su existencia. Elvira ya no tenía miedo a nada y su hijo David le importaba poco. Ella solo pensaba en su dosis diaria y le daba lo mismo lo que tuviera que hacer para conseguir el dinero suficiente, que se lo proporcionara. Tuvo varios encuentros con la policía por robar en casas ajenas e incluso llegó a ejercer la prostitución. A raíz de esto se quedó embarazada de nuevo. Milagrosamente, evolucionó positivamente hasta los nueve meses, pero los médicos certificaron que el bebe había nacido muerto y que se debía al síndrome de abstinencia, ya que durante el embarazo, Elvira seguía con su malsana costumbre. Elvira creyó que los médicos la habían engañado, ya que nunca pudo ver el cuerpo del bebe. Ella seguía pensando que se lo habían robado para dárselo a otra familia.

Lucia no pudo evitar pensar que si lo del robo del bebe era cierto, los médicos habían salvado la vida de un niño, que estaría mejor en los brazos de una madre que estuviera en mejores condiciones. Intentó imaginar como fue la infancia de David y pensó que ella había tenido mucha suerte al contar con la familia que le había tocado y sintió mucha lástima por el. Por suerte para el, había tenido a su lado una abuela que ejerció de madre y que durante una época se lo llevó de Madrid para alejarlo de la influencia de su madre. Pero una denuncia de la policía, hizo que tuvieran que volver y se instalaran de nuevo en la capital.

Su madre había vuelto a entrar en la casa de un vecino para robar joyas o dinero para comprar lo que le hacía falta para sobrevivir, y que precisamente no era comida. La diferencia estaba en que esta vez, los vecinos estaban en casa y la vieron entrar por la ventana. Consiguieron retenerla hasta que llegó la policía y presentaron la denuncia correspondiente.

Pequeños cambios

No tardó mucho en formalizar la matricula. A continuación fue al banco más cercano para pagar las tasas. Ahora solo tenía que esperar a que empezara el nuevo curso. Casi todas las asignaturas que tenía eran anuales y parecía que este curso iba a resultar algo más duro. Las presentaciones de los profesores y la programación de las materias, asustaron un poco a Lucia, pero este año empezaría con más fuerza.

 Tenía las tardes libres, a veces pasaba apuntes a limpio, pero por lo general no tenía muchas cosas que hacer. Empezó a buscar un trabajo que pudiera compaginar con los estudios y que a la vez le diera algo de autonomía. Firmó un contrato para los meses de navidad en un gran centro comercial en el centro de la ciudad. Era poco tiempo, pero al menos ya podía decir que tenía algo de experiencia.

Al finalizar la jornada, David la esperaba para que no volviera a casa sola. Pero una noche fue diferente, había preparado una sorpresa, pero tenían que darse prisa y correr hasta Príncipe Pío para no perder el autobús. David no quiso decirla nada, pero había preparado, con ayuda de la madre de Lucía, una bonita escapada romántica a Segovia. Llegaron al destino y lo primero que hicieron fue buscar un hotel para pasar la noche. Cerca de la estación había uno que tenía muy buena pinta, así que dejaron el pequeño equipaje y bajaron a un mesón para tomar algo. No había mucho donde elegir ya que casi todas las cocinas estaban cerradas y no tuvieron más remedio que comer un bocadillo. Era diciembre, y el tiempo no acompañaba mucho, una visita al Alcázar y una buena comida en un bar céntrico fue lo único que pudieron visitar. Aún así pudieron captar varios momentos con su cámara analógica, que inmortalizaría este viaje.

 Llegó de nuevo el verano, la primavera había sido un periodo de reflexión. Lucía necesitaba algo de espacio para ella, quería pensar si seguir con David o no. Las cosas estaban cambiando muy rápidamente y aún seguía sintiendo algo por Álvaro, esta vez en silencio. Le costaba mucho reconocer que había empezado la relación con David, para olvidarse de el, pero no era tan sencillo, ya que seguían siendo amigos, pero compartían más que una amistad. Un cariño fraternal les unía y eso no lo podía cambiar nadie.

 Tras dos meses de separación, Lucia y David reanudaron la relación, pero esta vez iba a ser muy distinto. Para empezar con buen pie, decidieron hacer un viaje a Menorca. No podían moverse mucho por allí ya que ninguno de los dos tenía carné de conducir, así que lo de alquilar un coche era misión imposible, así que las opciones eran bastante limitadas. Pasaban las horas en la piscina del hotel haciendo actividades con los animadores o se iban a la playa, buscando calitas donde el turismo no estuviera tan masificado. Una mañana, David se levantó antes que Lucia, dejándola sola en la habitación. Al despertarse se dio cuenta de la situación e intentó llamarle al móvil, pero lo tenía apagado, así que decidió esperar en la habitación, aunque se sentía un poco angustiada a la vez que notaba que su enfado iba en aumento. 

Cascadas de Ouzud

4 de octubre de 2011

Queríamos dormir para descansar bien, así que pusimos el despertador a las ocho de la mañana. Ya habíamos pactado que nos sirvieran el mismo desayuno a la nueve, así que subimos a la terraza. Nos encontramos con una pareja de franceses que también esperaban su desayuno. La chica estaba ojeando una guía de Marruecos, imagino que estaría buscando lugares que visitar y cosas que hacer. El chico estaba leyendo un libro de tapas amarillas, del cual no conseguí ver el título. Nos sirvieron lo que habíamos pedido y cuando estuvimos preparados y nos trajeron el coche que habíamos alquilado el día anterior, nos fuimos de camino a las cascadas de Ouzud.

La salida de Marrakesh fue infernal, de hecho tuvimos que parar en una de las gasolineras cercanas porque me encontraba indispuesta, debido al estrés que ocasiona la conducción en una ciudad como esta. Respostamos el coche y tras dos horas de viaje llegamos a nuestro destino. Encontramos varios parkings, aunque ninguno de ellos ofrecían la seguridad que estábamos buscando. Después de pasar un mercadillo, un puente algo dudoso y encontrarnos con posibles guías, decidimos regresar y dejar el coche en uno de los primeros que habíamos visto. Diez dirhams fue la tarifa que nos cobraron por la custodia del coche. Nada más aparcar, un guía oficial no enseñó sus credenciales e intentó cobrarnos 150 dirhams por sus servicios, pero no estábamos dispuestos a pagar esa cantidad y al final otro guía nos acompañó por tan solo 80 dirhams. Pudimos contemplar las cascadas desde arriba, para luego comenzar a bajar cerca del curso del río. Las vistas fueron muy hermosas y el guía fue muy atento contándonos curiosidades sobre el origen de los nombres o contándonos formas de vida en Marruecos. Nos sorprendió que la época de cortejo suele ser en diciembre y que los chicos pagan a la familia de la chica una dote que va en función de la belleza de la novia ¿Cuanto pagarían por mi? Tras bajar por un sendero, llegamos una especie de cala en la cual pudimos darnos un baño. Aunque el agua estaba bastante fría, nuestras piernas lo agradecieron, ya que el camino no había resultado tan fácil como imaginamos. Continuamos el viaje, esta vez hacia arriba. Cuando íbamos más o menos por la mitad paramos en un mirador donde pudimos contemplar de cerca una bellas vistas de las cascadas, adornadas con medio arco iris, que potenciaba la belleza de la caída del agua.  Nos sirvieron la comida, tipicamente marroquí: brochetas de pollo, pollo braseado, acompañado de patatas fritas y ensalada marroquí que varía según la zona. Para terminar unas rodajas de melón y como no, té a la menta. Completamos el recorrido y tomamos el camino que nos llevaría de nuevo a Marrakesh.

Durante el trayecto, la noche se nos echó encima y el camino se volvía contra nosotros. Un millar de peatones, ciclistas y motos se cruzaban por la carretera, la cual no estaba alumbrada. Por 40 dirhams aparcamos el coche en un lugar que parecía algo más seguro y anduvimos hacia el hotel. Para ello teníamos que atravesar la plaza Djemaa el Fna. Nos dimos cuenta de que dos hombres nos seguían ya que si nosotros parabamos ellos también, y si continuabamos la marcha, ellos hacían lo propio, así que en un momento que ellos se hacían los despistados, nos metimos en el barullo de la plaza, entre puestos de comida y corrillos de gente que contemplaban los diversos espectáculos que se ofrecen durante la noche. Mientras observábamos uno de estos shows, un chico marroquí comenzó a hablar con nosotros. Nos sorprendió su facilidad para hablar español e incluso utilizar palabras poco comunes en un contexto correcto. Nos comentó que estudiaba economía y que anteriormente había estudiado en el Instituto Cervantes, donde se le daba gran importancia al aprendizaje del español. Tras un rato de tertulia decidimos tomar un té, en uno de los muchos puestos de la plaza para continuar la conversación que giró principalmente en torno a las diferencias culturales y económicas entre España y Marruecos. El estudiante también quiso saber sobre nuestra historia y nos preguntó sobre el periodo franquista.

Llegada a Marrakesh

3 de octubre de 2011

A las cuatro de la mañana sonó el despertador, esta vez no era para ir trabajar, sino para empezar las vacaciones. Había preparado la maleta el día anterior, tarea que no resultó nada fácil ya que solo podía llevar una y tenía que meter en ella ropa para casi quince días. Los vuelos baratos tienen muchas restricciones y el equipaje es una de ellas.

Dejamos el coche aparcado en Barajas pueblo. Era tan temprano que el metro no funcionaba, por lo que tuvimos que coger un taxi que nos llevó hasta la T1, lugar en el que debíamos montarnos en el avión que nos llevaría hasta Marrakesh. Tras pasar los debidos controles y esperar a que todo el mundo embarcase, el avión despegó, no si antes mostrarnos todas las maniobras de seguridad. El viaje duró unas dos horas, pero nos resultó corto.

La llegada fue un poco caótica, ya que la burocracia marroquí exige muchos trámites, que en mi opinión, son innecesarios. No teníamos un destino, fuimos a la aventura y a ver que encontrábamos, aún así tuvimos que sacar de la guía, el nombre de un hotel. Anotamos la dirección y lo entregamos en una ventanilla, por supuesto, no pisamos el hotel de referencia, ni siquiera pasamos cerca.

A la salida de la terminal, teníamos dos objetivos claros: cambiar euros por dirhams y coger un taxi que nos llevara al centro de la ciudad para buscar un hotel donde pasar dos noches. Tras esperar algo más de diez minutos a que abrieran la oficina de cambio, preguntamos si fuera había más sitios donde poder el cambio. Nos indicaron que habías dos oficinas más y nos dirigimos al mostrador para realizar el trueque.

Salimos del aeropuerto con el primer objetivo cumplido. Una hilera de coches, de color ocre con la palabra Taxi encima de la capota, estaban esperando, con sus respectivos conductores a que alguien montara en ellos. Aceptamos, aunque no muy convencidos la tarifa “oficial” de 150 diharms (En Marruecos, ninguna tarifa es oficial). A pocos metro del aeropuerto, estaban con obras en la calzada, por lo que el tráfico era bastante denso, a la vez que peligroso, ya que motoristas y ciclistas se mezclan con coches y camiones sin ningún orden ni concierto.

Tras la llegada a nuestro destino y con la maleta en la mano, decidimos recorrernos la zona de la medina para buscar un hotel. Nuestra sorpresa fue cuando encontramos las diferencias entre hoteles, ya que en España no concebimos una habitación de hotel sin ducha dentro. Nuestro presupuesto era algo ajustado, pero queríamos darnos un buen baño, por lo que decidimos que lo mejor sería buscar uno con ducha dentro, lo cual resultó más difícil de lo que pensábamos. Conseguimos un buen precio, el chico del hotel nos hizo una pequeña rebaja ya que íbamos a pasar dos noches en su hotel.

Dejamos las maletas en la habitación y subimos a la terraza a esperar a que nos sirvieran el desayuno: café con leche, zumo de naranja y una especie de crepes que teníamos que untar con mantequilla y mermelada. Un desayuno bastante completo y que calmó el hambre que sentíamos después del viaje. (los crepes, fuera de Marrakesh, no son tan fáciles de encontrar)

Salimos a dar una vuelta por la ciudad, pero no encontramos lo que esperábamos. Tras dar un paseo por la plaza y por los jardines, nos adentramos en el zoco. Varios puestos, con idénticos objetos asaltaban nuestros sentidos. Nuestra primera estafa estaba a punto de comenzar. Un chico se nos acercó para informarnos de que a poco metros, podríamos encontrar una familia bereber trabajando el cuero. Nos indicó el camino para llegar y como no teníamos nada que hacer, nos pareció una buena idea, incluso podía hacer algunas fotos, para captar la técnica. Queríamos ir solos, pero el chico se empeñó en guiarnos por las calles que componen el laberinto del zoco. Cada vez que le preguntábamos cuanto quedaba, el respondía lo mismo: queda poco. Sus palabras nos inquietaban más y estábamos lejos de la zona turística, por lo que decidimos no continuar el itinerario que nos estaba marcando y volvimos a la plaza.  Regresamos al hotel, donde pudimos dormir un rato, antes de salir a comer.

La tarde transcurrió sin ningún problema y cuando quisimos darnos cuenta, se había hecho de noche. Salimos a cenar y pudimos contemplar, como la plaza había cambiado. En el centro había puestos de comida y alrededor varios espectáculos y tatuadoras de henna.

Teníamos claro lo que queríamos hacer el día siguiente, así que nos fuimos a la cama e intentar descansar lo máximo posible.

Vuelta a la normalidad

Casi han pasado los quince días de mis vacaciones y ya estoy de nuevo en Madrid. La llegada ha sido a la hora prevista y esperaba algo más de fresquito. Los últimos días en Marrakesh han sido muy calurosos y estaba deseando volver a España para abandonar el verano, pero me he encontrado un esplendido sol y una temperatura demasiado elevada, que no corresponde a la estación del año en la que nos encontramos.

Nada más llegar a casa, lo primero que he hecho ha sido dejar las maletas y encender el ordenador. Quería ver el estado de mi facebook y sobre todo si tenía alguna novedad en el blog…solo un comentario nuevo y muy pocas visitas (imagino que el hecho de no haber escrito nada influya en este hecho).

Tras las vacaciones me toca ponerme al día con todos los proyectos que había empezado justo antes de irme: continuar el relato, empezar una crónica sobre el viaje, hacer una selección de fotos para incluirlas en el blog, leer las nuevas entradas de algunos blogs, ir al gimnasio, reestructurar el blog… y además volver a trabajar.

Estos días de adaptación van a ser duros, pero prometo que poco a poco se iran viendo los frutos.

Vacaciones

Durante los próximos 15 días no podré subir ninguna entrada, ¿el motivo? Que han llegado mi ansiadas vacaciones. Me voy al desierto de Marruecos y a visitar algunos pueblecitos del sur y creo que no es muy recomendable ir con el portatil debajo del brazon (aún estoy dando vueltas a como llevar el dinero).

Por un lado estoy encantada con este viaje, se que me esperan muchas aventuras y cosas que descubrir, pero a la vez me siento algo inquieta por todos los obstáculos que pueda encontrar y que no se si seremos capaces que solventar. Pero de lo que estoy segura es de que, pase lo pase, será un viaje que no olvidaré y quien sabe si me sirve como inspiración para seguir escribiendo.

Aprovecho la ocasión para volver a dar las gracias a todos lo que leis el blog y de vez en cuando me dejais un comentario que me anima a seguir con mi relato. En cuanto vuelva escribiré mis experiencias y además me llevo un cuadreno y un boli que serán la memoria de este viaje que espero sea emociante.

Final de verano

 

 Cuando regresaron a casa, su día especial ya había acabado, ya que la familia había vuelto. Hubo varias bromas y varios comentarios de lo que se habían perdido, pero para ellos había merecido la pena pasar a solas todo el día. Salieron todos juntos a cenar, y como siempre era muy difícil ponerse de acuerdo a la hora de elegir el lugar. Se decantaron por una marisquería, pero ni a Lucia, ni a sus hermanas les gustaba el marisco, así que optaron por el restaurante de comida rápida que había cerca. Todos criticaron la elección, pero no querían comer marisco y allí era lo único que había.

 

 Lucia habló con sus padres de la posibilidad de volver a Madrid con David. No hubo opción de réplica. Lucia no esperaba una negación tan rotunda. Prefirió no discutir y acatar la decisión de sus padres, solo eran tres días, pero tenía ganas de volver a Madrid para reencontrarse con sus amigos, especialmente con Álvaro. David era muy atento con ella y realmente estaba enamorado, pero Lucia no había conseguido sacarle de su cabeza y mucho menos de su corazón.

 

 Cuando llegó a Madrid, Lucia puso en orden todos sus apuntes de teoría sociológica clásica, una de las asignaturas que había dejado para septiembre. Demasiados autores para tan poco tiempo, así que hizo una selección y cruzó los dedos para que le saliera en el examen, lo que se había estudiado.

 

 El examen comenzó, todo parecía muy extraño, el profesor parecía despistado, era mayor, pero quizá son las más estrictos ya que se saben todos los trucos que utilizan los alumnos para copiar. Antes de repartir los exámenes, el profesor advirtió que al finalizar el examen, nadie se marchara, ya que había sido un curso muy raro y tenía que comentar ciertas cosas con los alumnos. A mitad del examen, el profesor decidió hacer un descanso e indicó que cada uno era libre de hacer lo que quisiera. Podían hacer el descanso, como el había anunciado o bien podían continuar el examen sin la supervisión de ningún profesor. A Lucia esto le pareció muy raro y optó por continuar el examen. No fue la única y todos lo que se quedaron terminando el examen sacaron apuntes para facilitar el desarrollo del examen. Lucia no llevaba muy preparado el examen, así también sacó los pocos apuntes que había podido conseguir. Se abrió la puerta del aula, y nuevamente el profesor tomó su asiento, haciendo la vista gorda de los libros que había encima de los pupitres.

 

 Lucia terminó el examen, pero no podía quedarse, porque ese día tenía que hacer la matricula para realizar el segundo curso. Así que entregó el examen y le comentó al profesor que no podía esperar a que terminaran sus compañeros. El profesor entendió la circunstancia y le explicó que como el no había dado clases, había pensado en la posibilidad de aprobar a todos, pero con la condición de que todos estuvieran de acuerdo, que si algún alumno se oponía, no habría aprobado general y cada uno tendría su nota. A pesar de haber podido copiar sin problemas, no le había salido muy bien el examen y contestó apresuradamente, casi sin pensarlo que ella estaba de acuerdo con el aprobado general. El profesor le recordó la condición y sin más comentarios Lucia se marchó de la clase.