Recordando

 Quería confiar en el. Si le había dado esta segunda oportunidad no era para volver a caer en los errores del pasado, pero no podía evitar que los recuerdos se le agolparan en la cabeza uno tras otro. Todas las discusiones que habían tenido inundaban sus pensamientos. La que más fuerza cobraba era la que tuvieron cuando fueron a casa de la tía Maribel, hermana del padre de David.

 Unos meses antes.

 – Tu me dijiste que no tenías relación con tu padre, porque el no quería. ¡No me dijiste nada de que estaba muerto!

– Es que me daba vergüenza.

– ¿Cómo te puede dar vergüenza una cosa así?

– Es que se murió de SIDA

 David no había comentado nada de la muerte de su padre, pero Maribel empezó a hablar de su hermano refiriéndose a el como si ya no estuviera entre los vivos. Lucía se dio cuenta enseguida de que David la había mentido. Era algo que no podía dejar pasar por alto y en cuanto salieron de la casa y se fueron rumbo al cercanías tuvieron una acalorada conversación en la que Lucía le pedía que por favor le contara todo lo referente a su familia, pero esta vez sin mentiras, porque más tarde o más temprano se iba a enterar de la verdad. David, con mucho esfuerzo le confesó todas las desdichas de su familia. No estaba nada orgulloso de lo que estaba contando, pero esa era su familia, para bien o para mal y eso no lo podía cambiar nadie. Su madre le había tenido muy joven, con tan solo quince años se le quedó muy grande eso de ser madre. Su padre se desentendió desde el principio del embarazo, hecho que no pudo superar Elvira, la madre de David. Para intentar llevar mejor este dolor, Elvira se metió en el mundo de la droga. La consecuencia no tardó mucho en llegar. Había sido infectada de SIDA. David, quiso dejar claro que el se había hecho las pruebas y que estaba totalmente sano. También le confesó que tenía dos hermanos, Ignacio y Davinia de los cuales no recordaba gran cosa. De su hermana sabía que tenía el pelo negro y que trabajaba de go-go en Kapital y de su hermano solo recordaba el nombre. Había intentado ponerse en contacto con ellos en varias ocasiones, pero la familia de la madre de sus hermanos no se lo había puesto fácil. Pero el siempre decía que tenía dos hermanos. Lucía tenía la pequeña esperanza de que algún día, ella podía hacer que se reunieran. Ella pensaba en la relación que tenía con sus hermanas y le dio mucha pena que el no pudiera disfrutar lo mismo.

David siguió contando, con más penas que glorias, la trágica historia de su familia. Su madre, volvió a tener una relación, pero que al contrario de lo que se pudiera pensar, la sumergió más en el mundo de las drogas, lo que aún complicó más su existencia. Elvira ya no tenía miedo a nada y su hijo David le importaba poco. Ella solo pensaba en su dosis diaria y le daba lo mismo lo que tuviera que hacer para conseguir el dinero suficiente, que se lo proporcionara. Tuvo varios encuentros con la policía por robar en casas ajenas e incluso llegó a ejercer la prostitución. A raíz de esto se quedó embarazada de nuevo. Milagrosamente, evolucionó positivamente hasta los nueve meses, pero los médicos certificaron que el bebe había nacido muerto y que se debía al síndrome de abstinencia, ya que durante el embarazo, Elvira seguía con su malsana costumbre. Elvira creyó que los médicos la habían engañado, ya que nunca pudo ver el cuerpo del bebe. Ella seguía pensando que se lo habían robado para dárselo a otra familia.

Lucia no pudo evitar pensar que si lo del robo del bebe era cierto, los médicos habían salvado la vida de un niño, que estaría mejor en los brazos de una madre que estuviera en mejores condiciones. Intentó imaginar como fue la infancia de David y pensó que ella había tenido mucha suerte al contar con la familia que le había tocado y sintió mucha lástima por el. Por suerte para el, había tenido a su lado una abuela que ejerció de madre y que durante una época se lo llevó de Madrid para alejarlo de la influencia de su madre. Pero una denuncia de la policía, hizo que tuvieran que volver y se instalaran de nuevo en la capital.

Su madre había vuelto a entrar en la casa de un vecino para robar joyas o dinero para comprar lo que le hacía falta para sobrevivir, y que precisamente no era comida. La diferencia estaba en que esta vez, los vecinos estaban en casa y la vieron entrar por la ventana. Consiguieron retenerla hasta que llegó la policía y presentaron la denuncia correspondiente.

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