Desierto (Segunda Parte)

Fuimos dejando atras las pequeñas dunas, para culminar en la más alta. Poco a poco, la gente que había cerca, fueron imitando nuestros pasos. Desde lo más alto de las dunas, vislubramos otra más baja, en la cual no había nadie. Fue el sitio ideal para contemplar una bella puesta de sol, enmarcada en el bonito cielo del desierto.

Aparecieron las primeras estrellas, y compartimos con el que fue nuestro guía un riquisimo te a la menta. Una buena conversación nos acompañó hasta que estuvo preparada la cena. Sopa marroquí y de segundo un gran plato de cuscús. De postre, como no, un te a la menta. Tengo que decir que la comida es poco variada.

Tras desgustar la típica cena marroquí nos deleitaron con una pequeña muestra de música bereber. La velada estuvo bastante animada, incluso formaron un corrillo para que todos participaramos en los bailes, mientros ellos tocaban sus melodías. Volvieron a servirnos te a la menta, imagino que a modo de cierre de la noche.

Compartimos unas palabras fuera de la jayma con los bereberes del desierto. Uno de ellos, el que parecía mayor, quiso saber el porque de mis lágrimas a la llegada al desierto e intentó consolarme. Mezcló varios idiomas, aún así conseguí entenderle: “THE FLOWERS DON´T CRY. THE MOON SMILES. THE LIFE IS ANYTHING”

Esas fueron las frases más repetidas, pero el mensaje fue claro ” Hay que vivir el momento”, al menos fue la conclusión que yo pude sacar, aunque dejo abierto el debate por si alguien se anima a reflexionar sobre estas palabras. Nos acompañó a nuestra jayma y nos indicó que el colchón de de goma espuma que teníamos al lado de lo que iba a ser nuestra cama durante esa noche, podíamos sacarlo fuera para mirar las estrellas.

Las dunas impresionan, pero lo más impactante del desierto es la noche y el silencio…

Desierto (Primera Parte)

6 de octubre de 2011

El día anterior habíamos acordado levantarnos un poco antes ya que en Marruecos el horario de los museos y de las cosas que ver está marcado por el sol. Esta vez no íbamos a visitar nada, tan solo teníamos que llegar a Tegunite para comer y emprender el camino hacia el desierto. Como ya habíamos tenido experiencias anteriores y no queríamos llegar tarde, salimos con bastante tiempo de antelación. Cuando llegaramos a Zagora, teníamos que llamar a Naim para que avisara a su hermano Mohamed, para que indicarle que desde entonces tardaríamos una hora más. La carretera era estrecha y estaba mal asfaltada, aún así era bastante cómoda ya que había poco tráfico, excepto en los pueblos en los que tenía que bajar la velocidad para no atropellar ni a nada ni a nadie.

Durante el viaje fuimos observando pequeñas dunas que nos iban anunciando la llegada al desierto e incluso vimos una pequeña tormenta de arena. A lo lejos divisé unos coches que estaban parados. Pensé que era gente que estaba de excursión y que ya nos quedaba poco para llegar llegar a nuestro destino.

– A lo mejor es que no se puede pasar.

– ¿Cómo no se va a poder pasar?

– Pues no se puede.

Una hilera de coches esperaban a ambos lados de un Ouad desbordado. Los coches se agolpaban y tan solo los que se conocian la zona se atrevían a pasar, eso si, con el motor apagado, mientras tres o cuantro niños empujaban el coche a cambio de unas monedas.

No queríamos arriesgarnos a pasar con el coche, así que decidimos esperar a que bajara un poco el caudal de río, pero el agua no parecía remitir. Tras hablar con Naim para que nos diera una posible solución, un marroquí se montó con nostros en el coche. Los tres niños empujaron el coche hacia el otro extremo y pudimos continuar. Pensabamos  que lo peor había pasado y que nos quedaría poco para llegar a Tegunite, pero no resultó como creíamos. Las lluvias de la noche anterior habían arrastrado hacia la carretera rocas, arena, barro… y lo peor de todo, habían destrozado parte de la calzada por lo que el camino resultó muy duro. Al llegar a Tegunite, paramos en la gasolinera que habíamos acordado. Mohamed no estaba esperando pacientemente. Nos comentó que el camping donde ibamos a comer estaba inundado, así que teníamos dos opciones: comer en el desierto o avanzar a M´hamid y comer en otro camping habilitado. Yo no estaba en condiciones de conducir muchos más kilómetros, así que lo mejor era llegar al desierto y comer en la jayma. Enseguida dejamos la carretera y nos metimos por una pista que aún era peor que lo que habíamos dejado atrás. Por fin llegamos al campamento bereber, pero no pude evitar derrumbarme y ponerme a llorar por la tensión acumulada durante el trayecto que iba desde Zagora hasta Tegunite.

Un bereber nos esperaba con la comida, pero antes nos ofreció un poco de agua para lavarnos las manos y la cara. Nos sirvieron una ensalada de tomate, pimientos y sardinas. El agua lo pusimos nosotros. Un te de menta fue el postre para una comida que no fue muy suculenta.

Salimos de la jayma y las magnificas vistas de las duna inundaron nuestros ojos. Teníamos pendiente un paseo en dromedario, pero no estaban disponibles, así que decidimos subir a la duna más grande que pudimos contemplar. Para llegar hasta ella, tuvimos que atravesar una zona de barro. Los pliegues que había producido el agua en la arena del desierto simulaban pergaminos

Premios 20Blogs

Otoño

Hace varios días que no escribo nada ni publico nada. Hoy tengo la tarde para mi y me apetece compartir mis experiencias y mis avances tanto literarios como fotográficos.

Aprovechando el día de fiesta que nos dejaron Todos los Santos,  decidí salir al campo y hacer unas fotos. Creo que el otoño, junto con la primavera, es una de las mejores épocas, ya que nos brinda unos colores únicos. Mi primera parada fue el Monte de El Pardo. Llegúe hasta allí buscando otro sitio, pero lo que encontré me gustó bastante. Fresnos de hojas amarillas y zarzamoras de varias tonalidades, adornaba un arroyo que delimitaba la travesía.

Tras pasar un tiempo en este bosque que parecía de cuento, me dispuse a seguir mi camino. Mi siguiente objetivo era el Castillo de Viñuelas, pero me encontré con la sorpresa de que es propiedad privada, así que rehice mis pasos y llegué hasta Colmenar Viejo, allí pude contemplar la Basilica de la Asunción de Nuestra Señora.

No quería que se me hiciera de noche y ya tenía claro cual sería mi siguiente punto: El Retiro. Solo conocía una pequña zona y me sorprendió gratamente encontrar zonas que para mí tenían cierto encanto. Tenía un objetivo, captar el atardecer en el lago de El Retiro, así que me dio tiempo a fotografiar esas zonas hasta entonces desconocidas para mi. El resultado no fue el esperado, así que tendré que volver a intentarlo.

sin titulo

Cuando volvieron del viaje no comentaron nada del compromiso que habían adquirido, aunque si dieron detalles de los lugares que habían visitado. No habían parado ni un instante. El puerto de Ciutadella fue uno de los sitios que más impresionó a Lucia. Sus calles rezumaban historia, llenas de palacios y casas señoriales. Podía imaginar como era la vida de aquellas personas; nobles, aristócratas… Al pasear por la muralla pudo transportase por un momento a la edad media. El guía de la excursión les explicó multitud de curiosidades:

 –         No hace mucho tiempo, esta era la capital de Menorca. Aún podemos percibir en sus edificios la presencia de la nobleza y de la iglesia ya que nos han dejado varios ejemplos como la catedral o el obispado.

 Tras la visita cultural, también habían estado varias playas y calas. Les parecía casi imposible que en aquella isla tan pequeña hubiera tantas y tan variadas. El tiempo les acompañó durante toda la estancia en la isla y el transporte, aunque era escaso, les permitió recorrerla y ver todo aquello que Lucía había planeado con la ayuda de una guía que había comprado en una pequeña librería en Madrid. Solo les quedó por visitar Mahón, la espinita clavada de Lucia, pero pensó que habría más ocasiones y que lo que había vivido en ese viaje no lo cambiaba por nada.

 De momento querían guardar el secreto y hasta que no estuvieran más seguros no querían anunciar el gran paso que iban a dar juntos. Pero la madre de Lucia era muy observadora, a la vez que curiosa o tal vez cotilla y no pudo evitar preguntar que significaba la alianza que llevaba puesta en el dedo anular de su mano derecha. Lucia, no tuvo más remedio que contestar:

 –         ¡David me ha pedido que me case con el!

–         Pero si lleváis muy poco tiempo juntos

–         No tan poco mama, además aún no hemos decidido fecha ni nada. Es para dentro de un tiempo.

–         Bueno hija, si es lo que quieres. Yo no estoy convencida de que David sea el hombre de tu vida…

–         Ya, siempre estás con lo mismo…

 Fue corriendo a su habitación para hablar con David de lo que había sucedido, aunque evitó algunas partes de la conversación.

 Unos meses más tarde, Cristina y Lucia decidieron hacer una noche de chicas. Para Cristina no era muy difícil porque aún no tenía pareja y Lucia también lo tenía bastante fácil porque David aceptaba todas y cada una de las decisiones de su novia. Aún hacía calor y Lucia decidió ponerse unos pantalones piratas azules y una camisa a cuadros que se anudaba en el pecho y que dejaba al descubierto el piercing que se había hecho tiempo atrás en el ombligo. Quedaron en Joy Eslava. Pagaron la entrada que les daba derecho a una consumición y dejaron el bolso en el ropero, ya que les gustaba estar libres para poder bailar sin tener que estar vigilando sus pertenencias. Fueron a pedir una copa, cuando se estaban acercando a la barra, Lucia notó como alguien apoyaba la mano en su hombro.

 –         No me lo puedo creer, que pequeño es el mundo. Como me alegro de verte.

–         Siento no decir lo mismo. Respondió Lucia

 Juan Carlos había desaparecido de la vida de Lucia desde la última noche que coincidieron en Pachá

 –         Te he llamado un montón de veces, te he escrito un millar de mensajes y nunca me has respondido ni nada de nada.

–         Cambié el móvil y perdí todos los números

–         No me creo nada.

–         Si me das tu teléfono, te prometo que esta vez va a ser diferente.

–         ¡No seas tonta Lucia! Le recriminó Cristina. Ya te lo hizo hace unos años y ahora va repetirlo

–         Ya… pero…

–         Tía, no hay peros, además estás con David

 Lucia accedió y le dio el teléfono. Tenía curiosidad por saber que hubiera pasado si hubieran continuado la relación, pero por otro lado se sentía un poco culpable. Casi se habían pegado una vez por ella, y eso que aún no eran pareja. ¿Qué pensaría David si se enteraba? ¿Le estaba siendo infiel por el simple hecho de darle el teléfono? ¿Llamaría Juan Carlos esta vez? Y si así fuera, ¿Qué podría pasar?

 Al llegar a casa puso el móvil a cargar, ya que se había quedado sin batería. Varias llamadas aparecieron en la pantalla y dos mensajes. Abrió la carpeta y vio que uno de ellos era de David que la pedía que cuando llegara a casa  le hiciera una llamada perdida y el otro mensaje era de Juan Carlos: “Te he prometido que esta vez iba a ser diferente, y así será. Que descanses wapa”

 No podía creer lo que estaban leyendo sus ojos. Lucia se desmaquilló y se fue a la cama con una sensación extraña. Antes de dormir, pensó en terminar la relación con David, pero ¿Cómo iba a hacer eso? Estaban comprometidos. El encuentro con Juan Carlos la había hecho reflexionar. Tal vez esta era la ocasión que estaba esperando, ella siempre decía que las casualidades no existen y que si las cosas pasan es por algo. Ni ella misma creía sus propias palabras, pero quería autoconvencerse de que no estaba haciendo nada malo.