Nochevieja

Tras las celebraciones de los días 24 y 25, nuestro siguiente objetivo es la Nochevieja. Podemos afirmar que esta fiesta no tiene un origen cristiano, sino que más bien celebramos que termina un año, y guardamos la esperanza de que el que entra sea algo mejor. Siempre tenemos intenciones renovadas que intentamos llevar a cabo: ir al gimnasio, pasar más tiempo con la familia, empezar una dieta… aunque muchas veces se quedan por el camino.

La nochevieja es un momento de hacer balance y olvidar todo lo que nos ha hecho sufrir. También nos acordamos de los que ya no están, y como dice la canción de Mecano: “Entre gritos y pitos los españolitos enormes, bajitos hacemos por una vez algo a la vez”. Pero no solo los españoles celebramos la entrada del año nuevo, el resto del mundo también se engalana y sigue sus rituales para despedir el año que termina.

En la mayor parte de los hogares españoles, se reune la familia, y al igual que en Nochebuena nos sentamos alrededor de una mesa repleta de manjares y licores, para terminar con turrones, mazapanes, almendras garrapiñadas, fruta escarchada, polvorones… A las doce menos cinco estamos pendientes del reloj de la Puerta del Sol que nos indica el comienzo del nuevo año. Tomamos doce uvas, una por cada mes del año. Son las llamadas uvas de la suerte, ya que si consigues tomarte las doce antes de que el reloj termine de dar las campanadas, tendrás un año repleto de buena suerte. Imagino que muchos ya sabreis de donde proviene esta tradición de tomar las uvas, aún así explicaré muy brevemente donde se originó y cuando empezaron a tomarse: 1909 fue un buen año para la agricultura vinícola. A consecuencia de esto hubo un gran excedente de uva, por lo que los agricultores tuvieron que pensar como colocar este excedente, ya que era demasiado grande como para dejarlo fermentar. A base de imaginación, impusieron tomar doce uvas como representación de los meses y con las doce campanadas.

Pero la tradición de celebrar la entrada del año nuevo se remonta a los inicios del Imperio Romano, los cuales dedicaban el mes de enero al dios bifronte Janus, el cual mira hacia delante y hacia atrás; mirando el año que se va y el que entra. Estaba representado con dos caras; una  de un hombre viejo y barbudo que simboliza el año que se va, y la otra, de un hombre joven que representa el año que empieza. Al igual que nosotros, la última noche del año se reunían con las personas más allegadas e intercambiaban dulces como presagio del año tan dulce que les esperaba. La iglesia en la Edad Media, intentó acabar con esta celebración, pero por suerte para nosotros, no lo consiguió. Por esta razón cada 31 de diciembre nos juntamos con nuestros seres más queridos, nos vestimos de gala y nos comemos las doce uvas de la suerte.? Superstición? ¿Tradición? No lo se, pero de lo que estoy segura, es de que para mi es una noche mágica.

Feliz Año!!!

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Pequeño susto

Pasaron las navidades, nuevamente separados. Pero Lucia tenía unos regalos preparados para David el día de reyes. Un juego de coches para la Play2 y una camisa de pana verde muy actual. Los días anteriores habían sido muy duro para David, ya que trabajaba en una pastelería muy conocida  y esos días tenía que hacer turnos muy largos y con muy poco descanso. Casi ni dormía, ni comía, pero sabía que al final iba a tener su recompensa, un dinero extra que le venía muy bien para hacer un regalo a Lucia. Quería que fuera algo especial y ese dinero le permitiría comprarlo. Cuando llegó a casa de Lucia todos estaban esperándole para comer, pero estaba tan cansado que apenas pudo comer algo. Decidió acostarse un poco, ya que por la tarde irían a casa todos los tíos y primos de Lucia para intercambiar los regalos. El dolor de cabeza que sentía era tan fuerte que no pudo descansar lo suficiente. Se levantó de la cama y se tomó una pastilla que pudiera aliviar ese malestar. Aguantó la tarde de risas y gritos, pero antes de que se fueran todos volvió a la cama porque el dolor de cabeza reapareció, pero esta vez mucho más fuerte. Todo lo achacaba al cansancio y a las horas extras que había tenido que hacer en el trabajo, hasta que de pronto a mitad de la noche y cuando Lucia también se había acostado, se levantó inquieto hacia el baño. No paraba de vomitar y eso le extrañaba, porque no había probado bocado. No quería estropear la primera noche que le habían concedido, para que pudiera dormir con Lucia, pero los extraños síntomas no le permitían conciliar el sueño. Lucia estaba nerviosa, no sabía como actuar y por fin a las siete de la mañana, David le pidió al padre de Lucia que le llevara al hospital de Getafe. Le dolía la cabeza intensamente, mucho más que otras veces, sus vómitos tenían un color extraño, sentía mucho sueño y cansancio, como si le faltaran las fuerzas. Notaba como poco a poco se iba apagando y eso era lo que más le asustaba. Aunque no era el hospital más cercano, le llevaron a Getafe, que es donde le habían tratado la hidrocefalia desde pequeño. La semana que estuvo en coma, la pasó allí y tenían todo su historial. Además esperaba encontrarse con el doctor Seoane, que le había salvado la vida en una de las crisis anteriores.

Antes de llegar al hospital, Lucia decidió llamar a Maribel para que estuvieran al tanto de lo que había pasado. También llamó a Elvira, pero no pudo contactar con ella.

Le trataron de urgencia y le hicieron un TAC en el cual observaron que uno de los ventrículos se había dilatado y que se le estaba acumulando de nuevo líquido cefalorraquídeo. Debía pasar la noche en observación, así que todos los que habían acudido al hospital tenían que volver a casa con la preocupación de dejar allí a David, sin saber nada. Los médicos intentaron tranquilizar a Lucia, pero no lo consiguieron, así que la recetaron un relajante muy suave para que pudiera descansar esa noche.

 A la mañana siguiente, sonó el teléfono muy temprano.

– ¿Lucia?

– Hola David, ¿a que hora tenemos que ir a buscarte?

– No te asustes

– ¿Qué pasa?

– Nada, estoy mejor. Pero me han dicho que me van a operar para quitarme el acero de la cabeza. Que me han hacer una cirugía experimental que me permitirá llevar una vida más cómoda, eso si con un tratamiento.

– ¿Cuándo te operan?

– Creo que dentro de unas horas.

– OK, pues llamo a tu familia y voy para allá.

– No hace falta que vengas.

– Ya, pero es que quiero ir

 Lucia se puso unos pantalones cómodos y se abrigó bien. No sabía cuanto tiempo iba a estar en el hospital. Mientras iba de camino fue llamando para dar la noticia y de nuevo solo apareció Maribel, ya que todos tenían cosas mejores que hacer. Lucia pudo entrar en la UCI para desearle a David que todo fuera bien. La sala de espera era muy incomoda y los médicos calcularon que la operación tardaría unas dos horas y media aproximadamente, así que se fueron a la cafetería a comer algo y reponer fuerzas. Parecía como si el reloj se hubiera detenido y cada vez que sonaba el altavoz, esperaban que los nombraran. Algo más de tres horas duró la intervención y aunque Lucia quería ver a su novio, entendía que era la familia quien debía pasar primero.

Su tía Irene fue la primera en pasar. Cuando salió explicó como le había visto:

–         Es un chico fuerte. Ha pasado por situaciones peores. Le veo bastante bien. Lo único que pide es ver a su novia y un entrecot o algo para comer, que tiene mucha hambre.

–         Eso es buena señal- dijo la madre de Lucia

–         Parece que todo ha salido bien.

 Una doctora con el pelo rizado se acercó a ellos y les explicó en que había consistido la operación y que todo se había desarrollado según lo previsto.

 

La fecha

Tenían claro que querían casarse, pero estaba todo en el aire. Las familias de ambos también estaban al tanto, pero pensaban que era pronto para que dieran el paso. David vivía solo, pero Lucia lo tenía algo más complicado. Su madre no la daba permiso, ni siquiera para pasar los fines de semana en casa de David. Estaban cansados de tener que separarse por las noches, pero solo había una opción para que pudiera llevarse a cabo: casarse.

 La casa de David estaba muy bien situada, pero era pequeña y para colmo era un interior. Además había que añadir que en la casa también tendría que vivir Elvira, la madre de David, y la idea de compartir sus primeros días de casada con su suegra no le hacía mucha gracia. Estuvieron varios días pensando cual sería la mejor la solución. El sábado por la tarde, Lucia fue a buscar a David al trabajo. Tenía llaves de su casa y había preparado la comida. Algo sencillo que pudiera calentarse en el microondas. Tras la comida se sentaron en el sofá azul que ambos habían elegido y sacaron del cajón de la mesita de centro un calendario del 2006. Estaban decididos, ese sería su año. Aún quedaba mucho tiempo, pero querían que todo fuera perfecto ese día y así tendrían mucho tiempo para preparar cada detalle. Lucia puso una condición. Tendría que ser en invierno, porque quería que su vestido de novia llevara abrigo.

 –         Pero Lucia, es mejor que nos casemos en primavera o en verano.

–         En primavera se casa todo el mundo y nos será más difícil encontrar un sitio que nos guste. Y en verano, paso. Me imagino que calor se debe de pasar con el vestido.

–         Bueno, si lo piensas así…

 Casi siempre, Lucia se salía con la suya. Le daba los argumentos necesarios para que David se quedara conforme.

 Con el calendario en la mano fueron descartando fechas.

 –         A ver, en octubre aún puede hacer calor y diciembre con las navidades es muy mal mes. Nos quedaría…

–         Febrero, marzo y noviembre.

–         ¿Qué te parece noviembre? A mi me gusta

–         OK, pues en noviembre. Ahora vamos a decidir el día. Mejor sábado ¿no?

–         Si, ¿te parece bien el primer fin de semana?

–         No, la gente estará de puente porque es el día de todos los santos. El siguiente tampoco porque es la Almudena, así que lo mejor es que lo dejemos para el 18

–         Suena bien la verdad, el 18 de noviembre de 2006

–         Pues decidido.

Por fin habían encontrado una fecha y Lucia estaba conforme porque se había cumplido la premisa de que tenía que ser en invierno para que ella pudiera lucir un precioso abrigo blanco. Comunicaron a las familias la fecha que habían elegido y ninguno parecía conforme, pero es lo que ellos habían decidido y tenían que respetarlo.

 –         ¿Con quienes habéis contado para elegir esa fecha?

–         Con nadie, es nuestra boda. Yo quería casarme cuando hiciera frío…

–         Pero eso lo teníais que haber consultado. Nosotros tenemos compromisos y…

–         A ver, la boda es el 18 de noviembre de 2006, aún queda mucho tiempo y podéis avisar a vuestros compromisos. Aún no hay nada decidido. El que quiera venir que venga y el que no, que se quede en su casa.

 Dieron por finalizada la conversación y Lucia se marchó a su cuarto.

 Con la fecha marcada en el calendario tenían que seguir preparando cosas. Lo primero y fundamental sería encontrar una casa que gustara a ambos y que pudieran pagar.

 –         Me encantaría vivir en Pozuelo.

–         ¿Por qué en Pozuelo?

–         Está a las afueras de Madrid, pero no muy lejos. Además están construyendo muchos pisos nuevos por esa zona

–         Pero Lucia, nosotros no podemos permitirnos pagar una casa en Pozuelo. Son muy caras, y menos de nueva construcción. Había pensado que podíamos comprar una casa que estuviera cerca de tu madre y de tu abuela. Ya sabes que son casi como mi familia.

–         Está bien, me pondré a buscar por Internet, a ver que encuentro. También miraré por Carabanchel que está cerquita y los pisos suelen ser económicos.

 Estaban comenzando las navidades y entre las celebraciones y los regalos, quedaba poco tiempo para mirar pisos. Ambos pensaron que lo mejor sería, que en cuanto terminaran las navidades visitarían pisos y agencias y que como muy tarde en abril ya tendrían la casa.

Final de una etapa

 Tras el reencuentro cruzaron varios mensajes de texto por el móvil y hablaban cada noche por el Messenger, hasta que pusieron una fecha para quedar a cenar. Lucia se arregló mucho para aquella cita, ya que pensaba que esta vez sería capaz de conquistarle. Dejaría a David, a pesar de que tuviera romper su compromiso y empezaría una relación con Juan Carlos. Quedaron en el metro de Callao, en el kiosco de prensa que estaba nada más salir de la estación.

 –         Bueno, ¿Dónde vamos a cenar?

–         A mi me da un poco igual

–         ¿Te parece bien que vayamos dando un paseo hasta el Vips que hay justo antes de Plaza de España?

–         Fenomenal, me encanta el Vips

 Durante la cena estuvieron recordando como se habían conocido, todas las veces que habían coincidido e intercambiando opiniones de porque había acabado su relación. Tenían puntos de vista muy diferentes, así que cada uno se quedó con su verdad. Lucia estaba esperando que Juan Carlos le propusiera que fueran novios de nuevo, pero esa invitación no llegó a pesar de que en las conversaciones mantenidas anteriormente, Juan Carlos dejaba entrever cuales eran sus sentimientos hacia Lucia. Cuando terminaron de cenar, dieron un largo paseo hasta Príncipe Pío y allí se despidieron. Juan Carlos prometió a Lucia que volverían a verse, que estarían en contacto por el móvil y por el Messenger. Que nunca más volverían a dejar pasar tanto tiempo sin tener noticias el uno del otro, Lucia creyó todas sus palabras, más las palabras se las lleva el viento y ninguna de las promesas se cumplieron.

Lucia no comentó nunca nada de la cena con Juan Carlos, y no se atrevió a dar el paso que la hubiera alejado para siempre de David. Dejó todo en su sitio y decidió que nunca más caería en la tentación de abandonar a David, que pasara lo que pasara ya se había comprometido con el y que el siguiente paso que tenían que dar era buscar una fecha para la boda y encontrar un lugar donde compartir su vida y formar su propia familia.