La piscina de Pablo

Trabajo de cara al público, y como tal estoy expuesta a un sinfín de anécdotas. Algunas son divertidas, otras tristes, aburridas…pero siempre me hacen ver cosas que antes no veía.

 Una tarde de verano, concretamente en el mes de agosto, cuando la mayoría de las personas normales, con un trabajo normal están de vacaciones. Se preveía que sería una tarde normal, con pocas ventas y no mucho que hacer. Ya habíamos limpiado todas las estanterías y la gente prefería estar en la piscina.

 De repente entró Pablo por la puerta, que no era más que un niño que no debía superar los cuatro años. Ya habíamos hablado en un par de ocasiones. Era un niño muy sociable, cariñoso y simpático. Cuando pasó por mi lado, me dedicó una bonita sonrisa y me dijo:

 –          Hola

–          Hola Pablo, ¿Qué tal? ¿Hace mucho calor a que si?

–          Si, vamos a comprar

–          Muy bien.

 Iba acompañado de su madre y le hizo gracia nuestra conversación. Cuando hicieron las compras, la madre decidió pasar por otra caja, pero Pablo se empeñó en que quería pasar por la mía, y como no había mucha gente la madre accedió.

 –          ¿Sabes que? Nos vamos a ir a la piscina. – Parecía como si Pablo hubiera estado esperando toda su vida ese momento. Le encantaba ir a la piscina, pude notarlo en la entonación de sus palabras.

–          ¡Ala! Que suerte, yo también quiero ir.

 Durante unos instantes se quedó pensativo y levantó la cabeza hacia donde estaba su madre. Algo se le estaba pasando por su cabecita. Antes de irse, quiso dejar echa la invitación:

–          Puedes venirte con nosotros.

 No le di más importancia y acepté la invitación, sin percatarme de que Pablo lo estaba diciendo muy en serio.

–          Pero hay un problema- dijo con rotundidad-

–          ¿Cuál?- Pregunté sorprendida

–          Pues que está llena de algas y tenemos que limpiarla.

 Cual técnico de piscinas, empezó a explicarme lo que tenían que hacer. Estaba dispuesto a dejar la piscina impecable, eso si, contaría con la ayuda de papá. Afortunadamente, no había nadie detrás de ellos, así que pude escuchar con atención sus comentarios.

–          Estoy pensando que tenemos otro problema

–          ¿Otro?

 Su madre seguía atenta la conversación de Pablo.

–          La piscina está en el pueblo y hay que ir en coche. Así que el día que vayamos a ir, te llamo y te recogemos.

–          Vale Pablo. Cuando termines de limpiar la piscina me recoges y nos vamos

 Volví a aceptar la invitación. Pablo lo decía muy en serio, pero pensaba que era una cosa de niños y que en cuanto saliera por la puerta se le olvidaría el ofrecimiento. Me despedí de ellos y deseé volver a verlos otro día.

 Pasaron varios días, y no volví a ver a Pablo. Pero sus padres vinieron al supermercado donde trabajo y me comentaron que Pablo estaba muy ilusionado, pero que tenía una preocupación:

 –          Tenemos que ir a pedirla el número de teléfono. Si no ¿Cómo voy a saber donde vive para ir a buscarla?

 Sus padres trataron de que olvidara esa idea, pero el estaba empeñado.

–          Bueno, pues nos pasamos por donde trabaja y la recogemos ¿no?

 Según me comentaron los padres, cuando iban al supermercado Pablo miraba por todos los lados por si me veía para decirme que la piscina estaba limpia y que ya podíamos ir.

Pasó el verano y Pablo volvió al colegio. Un día de otoño, me reconoció:

–          Estuve esperándote para ir a la piscina, pero cuando veníamos a buscarte no estabas.

–          Que mala suerte, con lo que me gusta la piscina…

–          No te preocupes, que cuando haga calor nos vamos, pero dame tu teléfono.

 No supe que decir, ni como reaccionar. Tan solo me salió una estúpida sonrisa que no se me quitó hasta que no pasaron varios minutos.

Ahora, cada vez que van al supermercado, Pablo mira hacia mi caja, ya que siempre estoy en el mismo lugar. Y cuando allí no me encuentra suele decir:

– ¡Vaya! No está mi amiga. Que mala suerte.

Anuncios

4 comentarios en “La piscina de Pablo

  1. Elena94:) dijo:

    ¡Qué cosas tienen los niños!
    Me hace gracia el comportamiento que tienen en ocasiones, y yo lo sé por experiencia, tengo dos primos de 4 y 3 años y me vuelven loca:)
    P.D.: ¿Se nota que me encantan los niños?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s