Retomando la rutina

Además la doctora De Julia, les indicó que las próximas horas serían cruciales y les recomendó que alguien tendría que pasar la noche cuidando de la salud de David. Nadie podía quedarse, así que Lucia fue la única voluntaria. La noche resultó más dura de lo que esperaba, ya que el efecto de la anestesia había terminado y todas las molestias empezaron a aparecer, pero David se encontraba seguro, Lucia estaba allí para cuidarle, cada vez estaba más seguro de que era la mujer de su vida. Tenía por compañero a un chico que había tenido un accidente muy grave y que estaba en coma inducido porque la operación se había complicado.

David estuvo diez días en el hospital. Lucia había retomado las clases de en la universidad, pero en cuanto salía de clase se tomaba un tentempié y se iba directamente al hospital, sin pasar por casa. Tuvo una rápida recuperación, pero los médicos aconsejaron que, al menos durante una temporada no podría vivir solo y que tendría que ir a revisión con más frecuencia. Le pusieron un tratamiento y le prohibieron el alcohol y las drogas. La madre de Lucia accedió a que David viviera con ellos una temporada, eso si, durmiendo en habitaciones separadas.

 La convivencia no fue sencilla. David no trabajaba, la doctora De Julia le había dado la baja, pero no le había dicho que no pudiera hacer nada de la casa. Solo se encargaba de ir a comprar y no siempre cumplía bien con ellos.  Cuando se cumplieron los cuatro meses de la operación, David acudió a la revisión pertinente y afortunadamente la doctora le dio el visto bueno para que continuara con su vida normal. Podía volver a su casa y al trabajo, pero lo primero que tenían que hacer era reanudar lo que habían dejado a medias a causa de la operación, buscar un hogar y preparar la boda que ambos habían soñado. La zona para la casa la tenían clara, pero ahora tenían que encontrar una que se ajustara a su presupuesto y que no tuviera muchos años para hacer la menor reforma posible. Buscaron en Internet, miraron en muchas agencias e incluso patearon barrios enteros en busca del hogar soñado. Por fin, un día sonó el teléfono. Eran los de la agencia, tenían un piso de tres dormitorios y a muy buen precio. La única pega era que tenían que decidirse pronto porque los dueños de la casa querían irse cuanto antes de allí. Era un matrimonio de ancianos. No tenían hijos y a Ignacio le habían diagnotiscado una enfermedad en los pulmones, por lo que el aire de Madrid era bastante perjudicial para su salud. La señora María, provenía de un pueblecito de León, y tenían allí una casita baja con una parcela bastante amplia, con un montón de árboles. Este entorno era el ideal para el señor Ignacio. Los médicos no supieron decirle, cuantos años de vida le quedarían, pero esa la mejor solución. Sacarían algo de dinero con la venta del piso y podrían marcharse tranquilos a respirar aire limpio.

Quedaron esa misma tarde para ver el piso. No estaba mal, aunque algo de reforma si habría que hacer.

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