Amancer

Han pasado varios meses desde que hice este viaje. Empecé a escribir una pequeña crónica de las aventuras y desventuras que allí nos fueron ocurriendo. Se que no es excusa, pero he estado liada con otros temas y la verdad es que dejé aparcado esta experiencia y al igual que el relato de Lucia y David. Espero que disfruteís de este nuevo post y ahora que estoy de vacaciones ponerme un poco al día con el blog que lo tengo muy abandonado. ¿Me perdonaís? Seguro que si.

Eran las 6:00 de la mañana, pero aún no había salido el sol. La temperatura era agradable, aunque decidí ponerme una sudadera. Fuimos los primeros en despertarnos y pudimos observar como el bereber más joven del grupo preparaba los dromedarios para la excursión que íbamos a realizar a través de las dunas que a pie eran imposible de recorrer. El sol iba asomandose mientras subiamos en lo lomos de aquellos animales. La postal fue hermosa y las sombras que dibujaban nuestras siluetas nos permitieron tomar unas magnificas fotografías.

Tras la pequeña incursión en la dunas con los dromedarios y antes de tomar el desayuno quisimos volver a la GRAN DUNA, pero esta vez tomamos un camino diferente. Este nuevo itinerario nos regaló momentos únicos que se quedaran para siempre en nuestra memoria.

Al regresar a la jayma, nos preguntaron que si queríamos desayunar a lo que respondimos afirmativamente. Para mi decepción el desayuno no era tan apetecible como prometía, pero en aquel momento pude recordar que llevaba en el maletero del coche una galletas” María”, esas que todos hemos tomado al menos en nuestra infancia. Gracias a este desayuno, pude trasladarme a otro lugar durante unos instantes… Terminamos de desayunar y recogimos nuestras cosas para emprender el camino de vuelta, no sin antes apurar la bateria de la cámara. He de reconocer que estaba algo inquieta porque pensaba que el trayecto hasta Zagora iba a encontrarse igual que el día anterior. Intentaron tranquilizarme, diciendome que durante la noche, el ejercito se habría encargado de despejar la carretera y arreglar los desperfectos causados por la lluvia del día anterior y algun efecto en mi tuvieron porque me sentí más fuerte para luchar contra los obstáculos que pudieran quedar.

Paramos en Zagora para echar gasolina y comprar agua. Echamos un ojo al mapa y estudiamos que posibilidades teníamos. Ya habíamos cumplido nuestro objetivo: llegar al desierto. Ahora teníamos unos cuantos días por delante para visitar el sur de Marruecos. Nuestra siguiente parada obligada era nuevamente Ouazarzate.

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4 comentarios en “Amancer

  1. Ignacio dijo:

    Yo quiero que sigas, con este relato, jooo. Bueno, si quieres no cuentes lo de tu rollito con ese bereber, por si lo lee Cano.

    Jjejejeje Cano, que es broma, hombre!

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