Leo

–      No sé, me gustaría que fuera algo más nuevo. Es verdad que está muy bien de precio…

–      A mí me parece perfecto. Tenemos que hacer reforma, pero podemos decírselo a mi tío Fernando y seguro que nos sale mejor de precio

–      Yo quiero seguir mirando.

–      Venga Lucia, que este piso es el mejor

–      No se David, además este lado da justo a la carretera y no vamos a poder dormir.

–      Si en una semana no encontramos nada que te guste nos quedamos con este.

–      Vale, me parece un buen trato.

 Estuvieron mirando muchas casas. Las que les gustaban se salían del presupuesto que tenían y que las que entraban dentro del presupuesto necesitaba una gran reforma. Pasó la semana que se habían dado de plazo y no habían encontrado nada que encajara, así que se decantaron por la que David había elegido.

 Llevaron todos los papeles necesarios para iniciar los trámites de la compra. Unas cuantas firmas y la contratación de un seguro de vida obligatorio fueron suficientes para convertirse en propietarios.

 Por fin tenían las llaves de su casa. Ahora ya podían centrarse en preparar la boda, no sin antes hacer la temida mudanza.

 Hasta que no estuvieran casados, Lucia no viviría en aquella casa. Tan solo estarían juntos los fines de semana. Mientras tanto David se iría encargando de trasladar las cosas necesarias de una casa a otra. Lucia tenía que seguir estudiando y acabar la carrera. Ya lo habían hablado muchas veces. David se encargaría de pagar todo y Lucía solo tendría que estudiar. Todo parecía sencillo aunque el orgullo de Lucia era más fuerte y decidió que al terminar el curso buscaría un trabajo a media jornada que la permitiera continuar con sus estudios y participar en los gastos de casa.

 Lucia estaba preparando un trabajo para la universidad con su compañera Patricia. Se trataba de un estudio cualitativo de las profesiones. Tenían que elegir una profesión y hacer entrevistas, encuestas, grupos de discusión… una ardua tarea para una sola persona, incluso para dos. Pero fueron valientes y tras mucho deliberar se decidieron, aunque Lucia no estaba muy convencida.

 –      Yo prefiero la profesión de los policías, me parece más interesante y además tengo varios conocidos que pueden ayudarnos.

–      Lucia, creo que es más fácil que lo hagamos sobre los publicistas. Es más sencillo y accesible.

–      Está bien. Veremos a ver qué podemos hacer. Hay que trabajar mucho sobre esto.

 Les costó mucho hacer una buena introducción al tema que habían elegido, aún así se te atrevieron a exponerlo en clase. No tenían alternativa. Todos los grupos tenían que ir explicando a sus compañeros los avances que iban consiguiendo. Lucia preparó una exposición sencilla en la que podrían participar las dos, aunque fue ella la que más protagonismo tuvo.

 Al finalizar la presentación, el profesor hizo varios apuntes sobre el trabajo y dio paso a los compañeros. ¿Tenían alguna pregunta sobre el tema? Lucia esperaba que nadie levantara la mano, pero no fue así. El chico moreno de la tercera fila, con gafas y pinta de empollón levantó la mano para poner en un aprieto a aquellas chicas. Lucia no podía creerlo. Había preparado el tema con pinzas, así que no sabía muy bien cómo iba a contestar a aquel chico.

 Lucia contestó lo mejor que pudo, aún así el chico seguía sintiendo curiosidad. Lucia zanjó el tema al decir que estaban empezando a profundizar en el tema, pero que necesitaban más tiempo para llegar al punto que les estaba exigiendo. El profesor, también salió en defensa de Lucia y Patricia y las pidió que regresaran a sus asientos.

 Cuando terminó la clase, salieron al pasillo para descansar un poco y pensar si entrarían a la siguiente clase o tal vez se fueran a la cafetería.

 –      Hola me llamo Leo. Me interesa mucho vuestro trabajo y creo que os podría echar una mano

–      Hola, soy Lucia. La verdad es que no esperaba que nadie fuera a preguntar. De hecho pensé que nadie nos estaría escuchando.

 Leo sonrió y volvió a ofrecer su ayuda, a lo que Lucia respondió con unas gracias.

 La profesora de estructura social de España, ya estaba cerca de la puerta y decidieron entrar.

 Leo no podía apartar la mirada de Lucia durante la hora y media que duró la clase. Volvieron a coincidir en el pasillo y Leo no quería dejar pasar la ocasión para hablar con Lucia.

 

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