Sin noticias

Se durmió pensando en que había cerrado una etapa, que a partir de ahora David y ella tan solo serían amigos. Algo difícil de asimilar después de tanto tiempo juntos y tantas experiencias vividas. Ahora tenía un nuevo horizonte en su vida. Leo estaba más cerca de lo que ella había estado buscando todo este tiempo, además su madre ya había declarado que Leo le parecía un buen chico, a lo que Lucia respondió con un “solo somos amigos”.

A la mañana siguiente, Lucia se levantó llorando.

–      ¿Qué te pasa?

–      David y yo lo hemos dejado.

–      Bueno, tranquila. Todo pasa. Sois muy jóvenes y esto es normal.

–      Ya, pero me da mucha pena.

–      No te preocupes. Deja de llorar y arréglate. ¿Hoy tienes que trabajar?

–      Si, es mejor que deje de llorar, porque si no voy a ir al trabajo con unos ojos…

Lucia se metió en la ducha. Hacía mucho calor y dejó que el agua fría cayera por su cuerpo, mientras pensaba como iba a ser su vida a partir de ahora con Leo. Ya no tendría que esconderse y podría quedar con el siempre que los dos pudieran. Por un lado se sentía atormentada y sentía dolor por el daño que pudiera causarle a David, pero por otro lado, al fin podría hacer su vida al lado de Leo y quién sabe, a lo mejor era el amor de su vida.

Al salir de la ducha encendió el móvil por si tenía alguna llamada o algún mensaje de Leo. Revisó los mensajes entrantes, los salientes e incluso el registro de llamadas perdidas. Preguntó si habían llamado preguntando por ella, mientras estaba en la ducha, pero parecía que nadie se había acordado de Lucia. Ni David, ni Leo, ni ninguna amiga…

Antes de terminar de vestirse para ir a trabajar, decidió llamar a Leo a casa, pero su madre le dijo que acababa de salir y que no sabía a qué hora iba a llegar. Le pidió que le diera el recado y se despidió. Dejó el teléfono cargando, se puso el uniforme y se marchó para coger el autobús que la llevaba al centro comercial donde Lucia trabajaba a jornada parcial, pero era sábado y tenía que estar todo el día allí.

Seleccionó la música que quería escuchar y se puso los auriculares. Se pasó todo el camino mirando el móvil, pero el maldito no quería sonar.

 

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Retomando

Había muchas cosas que solucionar, entre las cuales, estaba la venta del piso que tenía en común con David. El reencuentro era inevitable y David aún tenían intactos los sentimientos hacia Lucía, pero no podía hacer nada para que ella cambiara el sentido de su corazón.

Un beep alertó a Lucia de que había recibido un sms. Quería que fuera de Leo, pero no era de David. Quería recuperar las escrituras de su casa que hacía tiempo le había dejado a Lucia para solucionar los papeles de la casa. En realidad era una excusa para quedar y aunque ella no estaba por la labor decidió que ese el mejor momento para aclarar todos los temas comunes.

Quedaron en casa Lucia, pero al final decidieron verse en el parque. Además también había quedado con Leo ya que pensó darle las escrituras y pasar toda la tarde con el chico de su clase. Pero las cosas no siempre pasan como uno planea.

Cuando llegó David, vio a Lucia y a Leo hablando y riendo en el parque. No podía creer lo que estaba viendo. Lucia estaba sentada con aquel chico. Se imaginaba que había otro, pero nunca pensó que fuera él. Habían pasado tantas tardes juntos que no daba crédito a lo que veían sus ojos. Una mano de Leo en el pelo de Lucia le hizo darse cuenta de que el sobraba en esa escena, así que se acercó a ellos y con muy malos modales le exigió a Lucia que le diera las escrituras de su casa y que le devolviera el anillo que hacía tiempo había comprometido su amor.  A lo primero Lucia, accedió sin rechistar, pero lo del anillo le parecía una sinrazón.

–      No te lo voy a devolver

–      No tiene sentido que lo tengas. Que te regale uno tu nuevo novio

–      No es mi novio…

–      No tienes que decir nada. Devuélvemelo

Leo había abandonado la escena hacía tiempo, prometiendo a Lucia que más tarde la llamaría. La pidió que se tranquilizara y se marchó para que Lucia y David zanjaran la discusión.

Lucia le dio el maldito anillo a David y este lo tiró cerca de una rejilla de desagüe, pero afortunadamente no cayó dentro y Lucia pudo recuperarlo.

David se marchó muy triste y decepcionado. Lucia abatida y con el sentimiento de no estar haciendo las cosas del todo bien.

Escribió un mensaje a Leo, el cual no obtuvo respuesta. Lucia pensó que estaría dormido y que a la mañana siguiente tendría alguna palabra de ánimo y tal vez una cita con el chico que había desestabilizado su vida con David, pero que supondría un punto y aparte.

 

DNI

No pudo evitar revivir ese verano que pasó a su lado. La que estaba castigada era ella, pero Cristina aguantó los tres meses cerca de su amiga. Ella era quien ponía su hombro, mientras Lucía sufría por la indiferencia de Juan Carlos. También vino a su cabeza la noche de Pachá, en su reencuentro con Juan Carlos. Ellos solo querían hablar pero Cristina no estaba dispuesta a que Lucia volviera a sufrir, así que hizo lo que se supone que una buena amiga tendría que hacer; separarlos e intentar evitar que Lucia pensara en el, pero no lo había conseguido del todo, ya que luchaba contra todo para volver a verle, volver a besarle. Quería comprobar que pasaría si empezaran desde cero. Juan Carlos nunca respondía ni a las llamadas de Lucia, ni a los mensajes… pero el destino quiso volver a juntarles.

 –      Vaya rollo, se me caduca el DNI en unos días. Iré a la comisaria que hay en la calle Luna. Es una comisaría muy pequeña y ahí no hay casi gente.

–      ¿Quieres que te acompañe?

–      No, déjalo. Tú vete a clase y luego me das los apuntes. Gracias Leo.

 Se fue pronto, no quería tardar mucho. Cogió el autobús y en media hora estaba en el centro. Tal y como había previsto, no había mucha gente y no tardó mucho en hacer la gestión. Pensó que esa mañana se la tomaría libre, además Leo le iba a dejar los apuntes para que los fotocopiara. Iba pensando en lo que iba a desayunar. Aún le quedaba algo de dinero en el monedero. Le habían dado la paga el viernes, pero no había gastado mucho el fin de semana. Mientras bajaba las escaleras de la comisaría miró el móvil por si tenía algún mensaje o llamada perdida, pero se encontró el móvil descargado, completamente sin batería. Se le había olvidado cargarlo la noche anterior.

 Al salir por la puerta, giró a la izquierda para salir a la calle principal. Su objetivo era ir de tiendas. No quería comprar nada, pero le encantaba fijarse un objetivo por el cual ahorrar.

 –      ¡Lucia! ¡Lucia!

–      No me lo puedo creer, ¿Qué haces por aquí?

–      Eso digo yo. Vivo a la vuelta ¿Ya no te acuerdas?

–      No, solo vine una vez a tu casa y no recordaba que fuera por aquí. Pues nada, que he venido a renovar el DNI.

–      ¿Dónde vas?

–      Pues a desayunar y a dar una vuelta ¿y tú?

–      Pues a trabajar

–      Bueno, pues me alegro un montón de volver a verte. Ya veo que te va bien.

–      No me puedo quejar. Si quieres dame tu teléfono y quedamos algún día.

–      Es el mismo que tenía, pero te lo apunto si quieres.

 Lucia sacó un papel del bolso y apuntó los nueve dígitos de su teléfono móvil. Sabía que Juan Carlos no la llamaría, aún así guardó esa pequeña esperanza. Sentía que podía ser esa oportunidad que no se dieron en su momento. Como muy bien imaginaba Lucia, esa llamada nunca llegó, ni un mensaje, ni nada… Otro carpetazo más a su historia con Juan Carlos. Pensó que él no era el indicado, así que intentó pasar página y volver a su vida.  Leo, David, Juan Carlos incluso Álvaro, seguían dando vueltas en su cabeza, pero Juan Carlos era quien ocupaba su corazón. Los demás servían de parches que camuflaban cualquier recuerdo de esa pasada relación. Pero ahora estaba Leo y ella se sentía muy bien a su lado. Después de la intensa mañana que había vivido, con el que fue su primer amor decidió llamar a Leo. Tenía que contarle tantas cosas. Desde que lo había dejado con David no lo había vuelto a ver. Solo hablaban por teléfono, pero ella quería verle. Además pronto llegarían los exámenes y antes quería concretar como iban a ser las vacaciones de las cuales tantas veces habían hablado. Leo traía malas noticias. No podían irse vacaciones. Sus padres le habían dicho que este  tenía que ponerse a trabajar, que las cosas en casa no andaban muy bien y que tenía que aportar algo.

 –      Bueno, no te preocupes. Aunque sea cuando tengamos libre nos vamos unos días a Torremolinos. Yo solo trabajo los fines de semana

–      Va a estar complicado, pero gracias por entenderlo.

–      No hay nada que entender. Las cosas son así. Ya tendremos tiempo para irnos de vacaciones en otro momento.

 Lucia y Leo se fundieron en un tierno abrazo. Ahora tenían que cambiar los planes, al menos pasarían el verano juntos. Lucia lo estaba deseando.

Planes de futuro

No les hacía falta inventar ninguna excusa para verse. Iban juntos a clase y prácticamente a cualquier sitio. Alba no aprobaba que Lucia mantuviera una relación con Leo mientras seguía con David.

 La decisión estaba tomada. Los días que había pasado junto a Leo le parecían súper especiales y no quería perderse eso por nada del mundo. Hacían planes para el verano aprovechando que Lucía tenía unos días de vacaciones. Primero se irían a Benidorm ya que los padres de Leo tenían una casa allí y ese año no irían porque las cosas en casa no iban muy bien. Ninguno de los hermanos de Leo, se pasaría por allí en las fechas que habían elegido, así que tendrían la casa para ellos solos. Luego se irían a la casa de Torremolinos de Lucía. Leo se había comprado un coche de segunda mano y eso les permitiría hacer el viaje que habían planeado. Celebrarían sus cumpleaños juntos ya que solo había seis días de diferencia. Sería el momento ideal para conocer a los amigos del otro. Todo estaba bien calculado, pero todo esto no podía llevarse a cabo si Lucía seguía con David.

 –      ¿Podemos quedar esta tarde? Tenemos que hablar.

 A pesar de la ingenuidad de David, él sabía, que cuando dicen esa frase en una película es porque la relación no va bien. Además notaba a Lucía muy distante. Las pocas veces que quedaban, Lucía siempre tenía alguna excusa para despedirse pronto de él. O bien tenía que estudiar o hacer algún trabajo, o bien tenía que ir al gimnasio.

 –      David, necesito que nos demos un tiempo. Me estoy empezando a agobiar con el tema de la boda, el piso, tu familia…

–      Lucía, ya hemos comprado la casa y ya tenemos la fecha reservada para la boda.

–      Haz lo que quieras con el piso, si quieres lo vendemos y lo que saquemos te lo quedas, al fin y al cabo yo no puesto nada de dinero para el piso. Ya arreglaremos lo de las escrituras.

–      ¿Pero qué ha pasado? No entiendo nada.

–      No me preguntes más solo quiero que nos demos un tiempo.

–      ¿Quieres que lo dejemos? Dilo claro.

–      Sí, yo creo que es lo mejor.

–      Muy bien, pues devuélveme las escrituras de la casa y el anillo.

–      Las escrituras si te las doy, pero el anillo no.

–      El anillo también. Si quieres que lo dejemos, lo dejamos, pero no quiero que tengas nada mío.

 Tras varios minutos y con lágrimas en los ojos Lucía se quitó el anillo y se lo dio a David. Lo tiró contra el suelo y se marchó. Lucía que se había quedado atónita con la reacción de David, recogió el anillo y se lo guardó en el bolsillo, no se lo quería volver a poner, pero no estaba dispuesta a perderlo. Salió corriendo detrás de David, pero ya era muy tarde. Se había marchado y no sabía si volvería a verle.

 Aprovechando que estaba en el parque, decidió acercarse a casa de Leo. Estaba muy emocionada, a la vez que entristecida por todo lo que había pasado. Tocó el telefonillo.

 –      Hola, ¿está Leo?

–      No se ha ido, si quieres llámale al móvil

–      Muchas gracias. Adiós.

 Eso fue lo primero que hizo. Sacó el móvil del bolso y marcó el teléfono de Leo, quería contarle todo lo que había pasado. Por fin ya podían empezar una relación sin complicaciones.

 –      Hola Leo, ¿Dónde estás?

–      En el paseo de Extremadura. He quedado con Ángela, una buena amiga. Estoy dando una vuelta con ella

–      ¿Podemos quedar luego?

–      Llegaré tarde. Si quieres mañana te paso a buscar en el coche y nos vamos los dos juntos a la uni.

–      Genial, pero tengo que contarte un montón de cosas.

–      Vale, pues si quieres quedamos un poco antes y me cuentas.

–      Ok, pues hasta mañana.

–      Hasta mañana

 Lucía colgó el teléfono y se quedó pensando en todas las cosas que podría hacer con Leo. También quiso llamar a David. Su intención era mantenerle como amigo. Habían pasado muchas cosas juntos y no quería todo acabara así. Además tenían amigos en común y Lucía se preguntaba que iban a hacer ellos.

 En ese momento, Lucía echó de menos a Cristina. Hacía ya unos cuantos años que no se hablaban. No sabían nada la una de la otra. Habían discutido por una tontería y ninguna de las dos estaba dispuesta a bajarse del burro. Imaginaba que Cristina estaba en la universidad y que había hecho nuevos amigos, que ya habría encontrado una nueva mejor amiga que la sustituyera a ella. Sabía por Álvaro, que tenía novio y que este era muy majo. Que ya lo conocían en casa y que parecía que iban en serio. Lucía se alegró por Cristina y pensó en una reconciliación, pero después de tanto tiempo ya no iban a ser las mismas. ¿De qué iban a hablar? Ya pocas cosas tenían en común, aunque Lucía guardaba aquella amistad y la recordaba con especial cariño. Habían sido casi hermanas. Pero todo eso ya había pasado y cada una había elegido su camino. Cada una por su lado.

Noche de abril, noche de cambios

 Tal y como habían acordado, Leo y Lucia que vivían cerca fueron juntos a la parada de autobuses a esperar a que llegara Alba, ya que vivía en la periferia y la única forma de llegar a Madrid a esa hora, era a través del autobús. Mientras iban de camino iban comentando las expectativas que tenían para esa noche y el tipo de música que les gustaba. Ya sabían donde iban a ir, así que cuando llegó Alba, montaron en el metro y tras varios trasbordos llegaron a Moncloa.

 La noche transcurrió según lo previsto. Unos bailes y unas cuantas copas de más para esperar que llegara la hora de que abrieran el Cercanías. Dentro de la discoteca hacía mucho calor, pero era el mes de abril y por la noche refresca un poco. La chaqueta rosa que llevaba Lucia no era suficiente, así que Leo, en un intento de agradar a Lucia se quitó el abrigo y lo puso encima de los hombros de Lucia. Aún no era la hora, así que se sentaron a esperar. Tenían sueño, pero Lucia y Leo estaban encantados de estar juntos esa noche. Ni siquiera se habían dado cuenta de que también estaba Alba con ellos. Si, la habían utilizado para estar juntos. Leo sabía que sin Alba, Lucia se hubiera negado a quedar con él. Hubiera parecido una cita y ella tenía novio. Por su parte Lucia, no podía quedar a solas con Leo, ¿Qué le iba a decir a David? Nunca hubiera aprobado esa relación de amistad que surgió entre ambos.

 Por fin llegó el momento en que el abrieron las puertas de la estación del tren que Alba tenía que coger para llegar a su casa. Leo y Lucia se quedaron solos. Solo tenían que hacer un trayecto de veinte minutos, pero era el momento que ambos habían estado esperando toda la noche. Varias miradas y comentarios indiscretos fueron suficientes para que Leo se atreviera a acompañar a Lucia hasta el portal de su casa. Lo estaban deseando. Un beso. Pero Lucia también tenía en mente a David. Estaba empezando a sentir algo especial por aquel chico y debía reconocer que las cosas con David no iban como le hubiera gustado. Tenían la fecha de la boda, el piso y algo más de tres años de relación, pero aún estaba a tiempo de tomar las riendas de su vida. Ella quería estar con alguien por amor y no por pena o rutina y eso era en lo que se había convertido su relación con David.

 Una vez en el portal estuvieron hablando hasta que se les hizo de día. Lucia había mandado a David un mensaje al móvil diciendo que ya estaba en casa, cosa que no era del todo cierta porque aún estaba en la puerta con Leo.

 Se despidieron con dos besos en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios, pero ahí se detuvieron sus instintos. A Leo le hubiera encantado y Lucia no habría girado la cara, aún así, en sus pensamientos estaba David, y por miedo o por respeto o por otras muchas causas se quedaron con las ganas.

 Leo decidió que su lucha por Lucia no acabaría ahí, tenía claro que la guerra la tenía casi ganada, así que no se rindió y esa misma noche escribió a Lucia. No tardó en contestar y tras varios mensajes Lucia no pudo hacer otra cosa que declarar sus sentimientos a Leo que, fueron correspondidos, aunque dejaron claro que irían con pies de plomo y Lucia pidió tiempo y paciencia. Tenía que hablar con David y solucionar todas las cosas comunes que tenían.

Apuntes

Cuando volvieron a clase, Leo se cambió sus cosas y se sentó cerca de Lucia. Esto molestó mucho a Patricia que no tardó en mostrar su descontento con la situación. Siempre habían pensado que ese chico era un empollón, ¿Por qué tenía que sentarse con ella? El ya tenía su grupo de amigos.

 –      Si queréis, cuando acabe la clase  os podéis pasar por mi casa. Mi ex novia trabaja en una agencia de publicidad y tengo muchos apuntes y cosas que os pueden venir bien para el trabajo.

–      Yo no puedo- Dijo Patricia- Esta tarde tengo que trabajar y no me da tiempo.

–      ¿Dónde vives?- Preguntó mirando a los ojos verdes de Lucia

–      En Carabanchel, ¿por?

–      Yo vivo en Campamento, si quieres antes de ir a tu casa, te pasas por la mía y echamos un vistazo a todo lo que tengo por casa.

–      Me parece buena idea, pero tengo que llamar a mi novio para decirle que hoy no me da tiempo a comer con él.

–      Si quieres podemos pedir unas pizzas y comemos en mi casa. Mis padres no vienen hoy a comer.

–      Genial. Pues a la una cogemos el bus y vamos a tu casa.

 Leo no sabía que Lucía tenía novio, pero no por eso quiso dejar de intentar conquistarla. La llamaba muy a menudo a pesar de haberse visto en clase. Todos los días la mandaba mensajes ambiguos, que a Lucia le parecían simplemente geniales. Muchas veces se quedaban a comer en la cafetería de la universidad y deshacía los planes que había hecho con David para estar con Leo.

 La presencia de Leo en la vida de Lucia, cada vez era mayor y David había pasado a un segundo plano. En muchas ocasiones, tenía que mentirle para que no sospechara que estaba viéndose con otro chico. El gimnasio era una buena excusa, siempre y cuando David no quisiera pasarse por allí para recoger a la que aún era su novia.

 Por su parte, Leo se encontraba muy a gusto con Lucia. Había mucha complicidad entre ellos. Se contaban cosas muy personales y que tan solo se hubieran contado si hubieran sido pareja.

 Alba se fue acercando poco a poco a ellos. Ya no eran tres en el grupo de la universidad, sino cuatro. Iban a desayunar juntos y hacían planes para hacer cosas después de las clases, aunque la mayoría de las veces Patricia no accedía a las salidas comunes.

 –      Podíamos quedar este finde para salir por ahí ¿no?

–      Yo es que vivo un poco lejos- contestó Alba

–      No pasa nada, nos quedamos hasta que tengas tren para volver a casa.

–      Entonces sí.

–      ¿Dónde vamos? ¿A qué hora quedamos? ¿Dónde?

–      Podíamos ir a Moncloa- Propuso Lucia.

–      Me parece bien

–      ¿Qué os parece el Inn? Ponen música de todo tipo y hasta la una no hay que pagar.

–      Vale, entonces quedamos a las once en Aluche, que es un punto intermedio para los tres.

 Lucia le comentó a David que el sábado saldría con Alba. David se quedó conforme. Conocía a Alba y sabía que no podía pasar nada malo con ella. Lo que no comentó Lucia, es que también había quedado con Leo.

Leo

–      No sé, me gustaría que fuera algo más nuevo. Es verdad que está muy bien de precio…

–      A mí me parece perfecto. Tenemos que hacer reforma, pero podemos decírselo a mi tío Fernando y seguro que nos sale mejor de precio

–      Yo quiero seguir mirando.

–      Venga Lucia, que este piso es el mejor

–      No se David, además este lado da justo a la carretera y no vamos a poder dormir.

–      Si en una semana no encontramos nada que te guste nos quedamos con este.

–      Vale, me parece un buen trato.

 Estuvieron mirando muchas casas. Las que les gustaban se salían del presupuesto que tenían y que las que entraban dentro del presupuesto necesitaba una gran reforma. Pasó la semana que se habían dado de plazo y no habían encontrado nada que encajara, así que se decantaron por la que David había elegido.

 Llevaron todos los papeles necesarios para iniciar los trámites de la compra. Unas cuantas firmas y la contratación de un seguro de vida obligatorio fueron suficientes para convertirse en propietarios.

 Por fin tenían las llaves de su casa. Ahora ya podían centrarse en preparar la boda, no sin antes hacer la temida mudanza.

 Hasta que no estuvieran casados, Lucia no viviría en aquella casa. Tan solo estarían juntos los fines de semana. Mientras tanto David se iría encargando de trasladar las cosas necesarias de una casa a otra. Lucia tenía que seguir estudiando y acabar la carrera. Ya lo habían hablado muchas veces. David se encargaría de pagar todo y Lucía solo tendría que estudiar. Todo parecía sencillo aunque el orgullo de Lucia era más fuerte y decidió que al terminar el curso buscaría un trabajo a media jornada que la permitiera continuar con sus estudios y participar en los gastos de casa.

 Lucia estaba preparando un trabajo para la universidad con su compañera Patricia. Se trataba de un estudio cualitativo de las profesiones. Tenían que elegir una profesión y hacer entrevistas, encuestas, grupos de discusión… una ardua tarea para una sola persona, incluso para dos. Pero fueron valientes y tras mucho deliberar se decidieron, aunque Lucia no estaba muy convencida.

 –      Yo prefiero la profesión de los policías, me parece más interesante y además tengo varios conocidos que pueden ayudarnos.

–      Lucia, creo que es más fácil que lo hagamos sobre los publicistas. Es más sencillo y accesible.

–      Está bien. Veremos a ver qué podemos hacer. Hay que trabajar mucho sobre esto.

 Les costó mucho hacer una buena introducción al tema que habían elegido, aún así se te atrevieron a exponerlo en clase. No tenían alternativa. Todos los grupos tenían que ir explicando a sus compañeros los avances que iban consiguiendo. Lucia preparó una exposición sencilla en la que podrían participar las dos, aunque fue ella la que más protagonismo tuvo.

 Al finalizar la presentación, el profesor hizo varios apuntes sobre el trabajo y dio paso a los compañeros. ¿Tenían alguna pregunta sobre el tema? Lucia esperaba que nadie levantara la mano, pero no fue así. El chico moreno de la tercera fila, con gafas y pinta de empollón levantó la mano para poner en un aprieto a aquellas chicas. Lucia no podía creerlo. Había preparado el tema con pinzas, así que no sabía muy bien cómo iba a contestar a aquel chico.

 Lucia contestó lo mejor que pudo, aún así el chico seguía sintiendo curiosidad. Lucia zanjó el tema al decir que estaban empezando a profundizar en el tema, pero que necesitaban más tiempo para llegar al punto que les estaba exigiendo. El profesor, también salió en defensa de Lucia y Patricia y las pidió que regresaran a sus asientos.

 Cuando terminó la clase, salieron al pasillo para descansar un poco y pensar si entrarían a la siguiente clase o tal vez se fueran a la cafetería.

 –      Hola me llamo Leo. Me interesa mucho vuestro trabajo y creo que os podría echar una mano

–      Hola, soy Lucia. La verdad es que no esperaba que nadie fuera a preguntar. De hecho pensé que nadie nos estaría escuchando.

 Leo sonrió y volvió a ofrecer su ayuda, a lo que Lucia respondió con unas gracias.

 La profesora de estructura social de España, ya estaba cerca de la puerta y decidieron entrar.

 Leo no podía apartar la mirada de Lucia durante la hora y media que duró la clase. Volvieron a coincidir en el pasillo y Leo no quería dejar pasar la ocasión para hablar con Lucia.

 

Retomando la rutina

Además la doctora De Julia, les indicó que las próximas horas serían cruciales y les recomendó que alguien tendría que pasar la noche cuidando de la salud de David. Nadie podía quedarse, así que Lucia fue la única voluntaria. La noche resultó más dura de lo que esperaba, ya que el efecto de la anestesia había terminado y todas las molestias empezaron a aparecer, pero David se encontraba seguro, Lucia estaba allí para cuidarle, cada vez estaba más seguro de que era la mujer de su vida. Tenía por compañero a un chico que había tenido un accidente muy grave y que estaba en coma inducido porque la operación se había complicado.

David estuvo diez días en el hospital. Lucia había retomado las clases de en la universidad, pero en cuanto salía de clase se tomaba un tentempié y se iba directamente al hospital, sin pasar por casa. Tuvo una rápida recuperación, pero los médicos aconsejaron que, al menos durante una temporada no podría vivir solo y que tendría que ir a revisión con más frecuencia. Le pusieron un tratamiento y le prohibieron el alcohol y las drogas. La madre de Lucia accedió a que David viviera con ellos una temporada, eso si, durmiendo en habitaciones separadas.

 La convivencia no fue sencilla. David no trabajaba, la doctora De Julia le había dado la baja, pero no le había dicho que no pudiera hacer nada de la casa. Solo se encargaba de ir a comprar y no siempre cumplía bien con ellos.  Cuando se cumplieron los cuatro meses de la operación, David acudió a la revisión pertinente y afortunadamente la doctora le dio el visto bueno para que continuara con su vida normal. Podía volver a su casa y al trabajo, pero lo primero que tenían que hacer era reanudar lo que habían dejado a medias a causa de la operación, buscar un hogar y preparar la boda que ambos habían soñado. La zona para la casa la tenían clara, pero ahora tenían que encontrar una que se ajustara a su presupuesto y que no tuviera muchos años para hacer la menor reforma posible. Buscaron en Internet, miraron en muchas agencias e incluso patearon barrios enteros en busca del hogar soñado. Por fin, un día sonó el teléfono. Eran los de la agencia, tenían un piso de tres dormitorios y a muy buen precio. La única pega era que tenían que decidirse pronto porque los dueños de la casa querían irse cuanto antes de allí. Era un matrimonio de ancianos. No tenían hijos y a Ignacio le habían diagnotiscado una enfermedad en los pulmones, por lo que el aire de Madrid era bastante perjudicial para su salud. La señora María, provenía de un pueblecito de León, y tenían allí una casita baja con una parcela bastante amplia, con un montón de árboles. Este entorno era el ideal para el señor Ignacio. Los médicos no supieron decirle, cuantos años de vida le quedarían, pero esa la mejor solución. Sacarían algo de dinero con la venta del piso y podrían marcharse tranquilos a respirar aire limpio.

Quedaron esa misma tarde para ver el piso. No estaba mal, aunque algo de reforma si habría que hacer.

Pequeño susto

Pasaron las navidades, nuevamente separados. Pero Lucia tenía unos regalos preparados para David el día de reyes. Un juego de coches para la Play2 y una camisa de pana verde muy actual. Los días anteriores habían sido muy duro para David, ya que trabajaba en una pastelería muy conocida  y esos días tenía que hacer turnos muy largos y con muy poco descanso. Casi ni dormía, ni comía, pero sabía que al final iba a tener su recompensa, un dinero extra que le venía muy bien para hacer un regalo a Lucia. Quería que fuera algo especial y ese dinero le permitiría comprarlo. Cuando llegó a casa de Lucia todos estaban esperándole para comer, pero estaba tan cansado que apenas pudo comer algo. Decidió acostarse un poco, ya que por la tarde irían a casa todos los tíos y primos de Lucia para intercambiar los regalos. El dolor de cabeza que sentía era tan fuerte que no pudo descansar lo suficiente. Se levantó de la cama y se tomó una pastilla que pudiera aliviar ese malestar. Aguantó la tarde de risas y gritos, pero antes de que se fueran todos volvió a la cama porque el dolor de cabeza reapareció, pero esta vez mucho más fuerte. Todo lo achacaba al cansancio y a las horas extras que había tenido que hacer en el trabajo, hasta que de pronto a mitad de la noche y cuando Lucia también se había acostado, se levantó inquieto hacia el baño. No paraba de vomitar y eso le extrañaba, porque no había probado bocado. No quería estropear la primera noche que le habían concedido, para que pudiera dormir con Lucia, pero los extraños síntomas no le permitían conciliar el sueño. Lucia estaba nerviosa, no sabía como actuar y por fin a las siete de la mañana, David le pidió al padre de Lucia que le llevara al hospital de Getafe. Le dolía la cabeza intensamente, mucho más que otras veces, sus vómitos tenían un color extraño, sentía mucho sueño y cansancio, como si le faltaran las fuerzas. Notaba como poco a poco se iba apagando y eso era lo que más le asustaba. Aunque no era el hospital más cercano, le llevaron a Getafe, que es donde le habían tratado la hidrocefalia desde pequeño. La semana que estuvo en coma, la pasó allí y tenían todo su historial. Además esperaba encontrarse con el doctor Seoane, que le había salvado la vida en una de las crisis anteriores.

Antes de llegar al hospital, Lucia decidió llamar a Maribel para que estuvieran al tanto de lo que había pasado. También llamó a Elvira, pero no pudo contactar con ella.

Le trataron de urgencia y le hicieron un TAC en el cual observaron que uno de los ventrículos se había dilatado y que se le estaba acumulando de nuevo líquido cefalorraquídeo. Debía pasar la noche en observación, así que todos los que habían acudido al hospital tenían que volver a casa con la preocupación de dejar allí a David, sin saber nada. Los médicos intentaron tranquilizar a Lucia, pero no lo consiguieron, así que la recetaron un relajante muy suave para que pudiera descansar esa noche.

 A la mañana siguiente, sonó el teléfono muy temprano.

– ¿Lucia?

– Hola David, ¿a que hora tenemos que ir a buscarte?

– No te asustes

– ¿Qué pasa?

– Nada, estoy mejor. Pero me han dicho que me van a operar para quitarme el acero de la cabeza. Que me han hacer una cirugía experimental que me permitirá llevar una vida más cómoda, eso si con un tratamiento.

– ¿Cuándo te operan?

– Creo que dentro de unas horas.

– OK, pues llamo a tu familia y voy para allá.

– No hace falta que vengas.

– Ya, pero es que quiero ir

 Lucia se puso unos pantalones cómodos y se abrigó bien. No sabía cuanto tiempo iba a estar en el hospital. Mientras iba de camino fue llamando para dar la noticia y de nuevo solo apareció Maribel, ya que todos tenían cosas mejores que hacer. Lucia pudo entrar en la UCI para desearle a David que todo fuera bien. La sala de espera era muy incomoda y los médicos calcularon que la operación tardaría unas dos horas y media aproximadamente, así que se fueron a la cafetería a comer algo y reponer fuerzas. Parecía como si el reloj se hubiera detenido y cada vez que sonaba el altavoz, esperaban que los nombraran. Algo más de tres horas duró la intervención y aunque Lucia quería ver a su novio, entendía que era la familia quien debía pasar primero.

Su tía Irene fue la primera en pasar. Cuando salió explicó como le había visto:

–         Es un chico fuerte. Ha pasado por situaciones peores. Le veo bastante bien. Lo único que pide es ver a su novia y un entrecot o algo para comer, que tiene mucha hambre.

–         Eso es buena señal- dijo la madre de Lucia

–         Parece que todo ha salido bien.

 Una doctora con el pelo rizado se acercó a ellos y les explicó en que había consistido la operación y que todo se había desarrollado según lo previsto.

 

La fecha

Tenían claro que querían casarse, pero estaba todo en el aire. Las familias de ambos también estaban al tanto, pero pensaban que era pronto para que dieran el paso. David vivía solo, pero Lucia lo tenía algo más complicado. Su madre no la daba permiso, ni siquiera para pasar los fines de semana en casa de David. Estaban cansados de tener que separarse por las noches, pero solo había una opción para que pudiera llevarse a cabo: casarse.

 La casa de David estaba muy bien situada, pero era pequeña y para colmo era un interior. Además había que añadir que en la casa también tendría que vivir Elvira, la madre de David, y la idea de compartir sus primeros días de casada con su suegra no le hacía mucha gracia. Estuvieron varios días pensando cual sería la mejor la solución. El sábado por la tarde, Lucia fue a buscar a David al trabajo. Tenía llaves de su casa y había preparado la comida. Algo sencillo que pudiera calentarse en el microondas. Tras la comida se sentaron en el sofá azul que ambos habían elegido y sacaron del cajón de la mesita de centro un calendario del 2006. Estaban decididos, ese sería su año. Aún quedaba mucho tiempo, pero querían que todo fuera perfecto ese día y así tendrían mucho tiempo para preparar cada detalle. Lucia puso una condición. Tendría que ser en invierno, porque quería que su vestido de novia llevara abrigo.

 –         Pero Lucia, es mejor que nos casemos en primavera o en verano.

–         En primavera se casa todo el mundo y nos será más difícil encontrar un sitio que nos guste. Y en verano, paso. Me imagino que calor se debe de pasar con el vestido.

–         Bueno, si lo piensas así…

 Casi siempre, Lucia se salía con la suya. Le daba los argumentos necesarios para que David se quedara conforme.

 Con el calendario en la mano fueron descartando fechas.

 –         A ver, en octubre aún puede hacer calor y diciembre con las navidades es muy mal mes. Nos quedaría…

–         Febrero, marzo y noviembre.

–         ¿Qué te parece noviembre? A mi me gusta

–         OK, pues en noviembre. Ahora vamos a decidir el día. Mejor sábado ¿no?

–         Si, ¿te parece bien el primer fin de semana?

–         No, la gente estará de puente porque es el día de todos los santos. El siguiente tampoco porque es la Almudena, así que lo mejor es que lo dejemos para el 18

–         Suena bien la verdad, el 18 de noviembre de 2006

–         Pues decidido.

Por fin habían encontrado una fecha y Lucia estaba conforme porque se había cumplido la premisa de que tenía que ser en invierno para que ella pudiera lucir un precioso abrigo blanco. Comunicaron a las familias la fecha que habían elegido y ninguno parecía conforme, pero es lo que ellos habían decidido y tenían que respetarlo.

 –         ¿Con quienes habéis contado para elegir esa fecha?

–         Con nadie, es nuestra boda. Yo quería casarme cuando hiciera frío…

–         Pero eso lo teníais que haber consultado. Nosotros tenemos compromisos y…

–         A ver, la boda es el 18 de noviembre de 2006, aún queda mucho tiempo y podéis avisar a vuestros compromisos. Aún no hay nada decidido. El que quiera venir que venga y el que no, que se quede en su casa.

 Dieron por finalizada la conversación y Lucia se marchó a su cuarto.

 Con la fecha marcada en el calendario tenían que seguir preparando cosas. Lo primero y fundamental sería encontrar una casa que gustara a ambos y que pudieran pagar.

 –         Me encantaría vivir en Pozuelo.

–         ¿Por qué en Pozuelo?

–         Está a las afueras de Madrid, pero no muy lejos. Además están construyendo muchos pisos nuevos por esa zona

–         Pero Lucia, nosotros no podemos permitirnos pagar una casa en Pozuelo. Son muy caras, y menos de nueva construcción. Había pensado que podíamos comprar una casa que estuviera cerca de tu madre y de tu abuela. Ya sabes que son casi como mi familia.

–         Está bien, me pondré a buscar por Internet, a ver que encuentro. También miraré por Carabanchel que está cerquita y los pisos suelen ser económicos.

 Estaban comenzando las navidades y entre las celebraciones y los regalos, quedaba poco tiempo para mirar pisos. Ambos pensaron que lo mejor sería, que en cuanto terminaran las navidades visitarían pisos y agencias y que como muy tarde en abril ya tendrían la casa.