Viaje a Malta

No puedo decir que fuera un viaje de esos que se tienen en mente. De hecho Malta era una isla casi inexistente para mi. Cuando mi novio me propuso ir  alli, pensé que sería una buena idea. Un nuevo país… Una aventura más que añadir a mi equipaje.
Cuando decia que me iba a Malta de vacaciones, la gente me preguntaba que iba a hacer tanto tiempo en una isla, que 7 días son muchos días.

Internet ofrece muchas posibilidades de planificar el viaje con antelación, aún así solo teníamos unas pequeñas pinceladas de lo que iban a ser nuestras vacaciones.

No es viaje de playa pero si sorprende su paisaje, su arte y los restos de su pasado. Pueden contemplarse templos antiquisimos del neolitico, catacumbas cristianas, increíbles acantilados, aguas cristalinas, iglesias con mucho encanto como la Basilica de Ta’ Pinu con una singular historia que contaré en otro post.

Sin duda Malta es una isla que hay que visitar ya que son muchas las posibilidades que ofrece. Malta, Gozo y Comino son lugares simgulares que lermiten contemplarla belleza de las islas.

Siete días han sido suficiente para cumplir nuestros objetivos.

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Fallas 2012 (parte 1)

“Nos vamos a las fallas. Esta tarde compraré los billetes, te apuntas?”

Cuando lei el mensaje pensé que no podría ir. Aún así esperé llegar a casa para hablar con Alberto y que me contara con más detalle cuales eran sus planes. Me comentó el horario, la fecha y la idea que tenía de pasar un día en las fallas. Como me cuadraba lo que me estaba contando accedí casi sin pensarlo.

A las ocho de la mañana salía el autobús de la estación, así que había que estar allí un poco antes. Quedamos en el hall de la estación y después de comprar algo para el viaje bajamos al anden. El viaje fue bastante agradable ya que el autobús en el que viajabamos era bastante cómodo, aún así no pude dormir todo lo que me hubiera gustado. Tras varias horas de viaje, tenía que estirar las piernas y tomarme un café (la edad no perdona y necesito una dosis de cafeína para empezar a funcionar). Un café rápido fue lo que me dio tiempo a tomar. (No tomeís café en la cafeteria de la estación de autobuses de Valencia).

Unas cuantas paradas de metro y llegamos a la plaza del ayuntamniento.

– Tan solo media horita. Pensé

– Hasta las dos, esto no empieza, así que ya te puedes ir preparando para esperar.

No me lo podía creer, eran las doce y media, ¿qué íbamos a hacer allí una hora y media? Pues contarnos un poco como nos iba la vida.

Por fin las dos de la tarde. Empezó puntual y el ruido de los petardos era ensordecedor. Durante unos segundos al final de la mascletá, el humo inundó toda la plaza, tapando incluso la luz del sol. Fue como una especie de eclipse artificial.

Nada más teremnar, todos los asistentes al espectaculo matutino, nos dirigimos a comer. Podeéis imaginar el colapso que había en los restaurantes cercanos. Llegar a cualquier lado se convirtió en misión imposible. Decidimos coger algo para comer y sentarnos en un parque, pero tampoco fue tarea fácil.

Cuando terminamos de comer, la policía nos invitó (no muy amablemente) a que desalojarmos el jardín donde estabámos descansando, ya que era lugar de paso de la ofrenda floral. Yo era nueva por aquellos lares y me aptecía descubrir de que se trataba eso de la ofrenda. No era más que los falleros paseando por las calle de Valencia portando flores para elaborar el manto de la virgen.  He de decir que los trajes de las falleras son espectaculares.

Recorrimos las calles de Valencia mirando los ninots que más tarde serían consumidos por el fuego. No era la primera vez que visitaba Valencia en fallas, pero el trabajo que realizan los carpinteros con estos ninots es maravilloso y me quedé gratamente sorprendida con algunas esculturas… Estos son unos bonitos ejemplos.

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Febrero 2012

A pesar de que nos hemos levantado tarde y hemos estado remoloneando por la casa toda la mañana, hemos decidido salir a dar una vuelta por los alrededores de Madrid. Tras buscar en internet posibles destinos, nos hemos decantado por buscar lugares abandonados y que tuvieran alguna curiosidad.

No muy lejos de la ciudad hay varios hospitales abandonados. Aunque el primero está muy bien señalizado, hemos tardado un poco en encontrarlo. A veces las descrpiciones de internet no son tan fiables como quisieramos.

Al llegar al sitio en cuestión, hemos comprobado, para nuestra desgracia, que los accesos principales estaban cerrados. Mientras buscabamos una entrada alternativa hemos podido observar varias habitaciones que aún guardaban materiales médicos, lo cual nos generó más interés por explorar la zona.

El perimetro de este hospital, que al principio estaba destinado para tuberculosos, es bastante grande. Teníamos fe. Seguro que encotraríamos una entrada por algún lugar. De repente, he visto que en una de las vallas que protegen este edificio había un gran agujero por el cual podríamos acceder al hospital sin problemas. Además había unas rocas que nos facilitarían la entrada.

– Vamos a seguir investigando. A lo mejor hay otra entrada que esté mejor.

– No creo, pero por mirar…

Continuamos la búsqueda y antes nosotros apareció lo que parecía ser la puerta principal.

– Cerrada

Empujamos, creíamos que conseguiríamos abrir la puerta verde, pero estaba cerrada con llave y la valla era tan alta que no podíamos superarla de ninguna manera.

– ¿Te atreves a saltar por el hueco de abajo?

– Si.

Parecía sencillo, sin embargo las piedras que estaban colocadas junto al muro no eran las apropiadas. aún así conseguimos “colarnos”. Justo al otro lado había una rueda que también nos sirvió de apoyo a la hora de bajar.

– Estamos dentro. Ahora tenemos que intentar que  no nos vean.

Estabamos dentro de una propiedad privada. Varios carteles nos anunciaban la prohibición de entrar al aquel lugar. Nosotros no quisimos ver esos carteles y nos metimos dentro.

Todo era muy emocinante. La fachada del hospital se conserva bastante bien, no tanto su inetrior. Según ibamos acercandonos a la entrada, descubriamos objetos tipicos de un hospital, tales como jeringuillas o botellitas de suero. La mayor parte de los accesos estaban cegados, pero descubrimos una puerta que nos llevó hasta lo que podría haber sido la admisión del sanatorio. Queríamos seguir viendo lo que albergaba ese hospital abandonado y nos adentramos en cada una de las habitaciones que ibamos viendo. No quedaban muchas cosas de interes, ni mucho menos de valor, aún así nuestra curiosidad era más grande y subimos los cuatro pisos.

Durante la exploración encontramos lo que eran los antiguos quirofanos. También observamos una lámpara redonda con varios focos. Historiales clínicos, jeringuillas, sanitarios rotos, mantas, ropa médica… pero lo que más nos llamó la atención fue descubir la existencia de una capilla dentro del hospital. En el centro pudimos observar el mosaico de un ancla, así como un altar un tanto desmantelado.

Varias aves revoloteaban dentro y nos dieron algún que otro susto, junto con los sonidos que producía el viento al chocar contra las placas metalicas o los portazos.

Subimos hasta el último piso, pudimos contemplar unas magníficas vistas y el mástil para colgar la bandera, aunque hacía tiempo que no ondeaba ninguna en aquel balcón.

Bajamos con sumo cuidado las escaleras que nos habían conducido hasta allí, no sin antes visitar las últimas estancias del lugar. Tan solo una habitación repleta de papeles tirados por el suelo que no eran más que listados de medicamentos que utilizaban, para calmar a los distintos enfermos que allí ingresaban.

Salimos por el mismo sitio por el que habíamos entrado y nos dirigimos hacia el coche. Todo había salido a pedir de boca.

Nuestro segundo destino estaba a unos pocos kilometros, así que como aún quedaban algunas horas de luz, nos dirigimos a el, aunque no resultó tan emocianante como esperábamos, así que recorrimos con desganas los tres pabellones que componían el complejo hospitalario. Solo encontramos una habitación con algo de interés. Se trataba de una mesa grande, llena de polvo y cosas inutiles. En la pared había varios recortes de periodicos, con indicaciones, anotaciones y post-it con comentarios varios. Tras recorrer cada una de las estancias, abandonamos el lugar.

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Otoño

Hace varios días que no escribo nada ni publico nada. Hoy tengo la tarde para mi y me apetece compartir mis experiencias y mis avances tanto literarios como fotográficos.

Aprovechando el día de fiesta que nos dejaron Todos los Santos,  decidí salir al campo y hacer unas fotos. Creo que el otoño, junto con la primavera, es una de las mejores épocas, ya que nos brinda unos colores únicos. Mi primera parada fue el Monte de El Pardo. Llegúe hasta allí buscando otro sitio, pero lo que encontré me gustó bastante. Fresnos de hojas amarillas y zarzamoras de varias tonalidades, adornaba un arroyo que delimitaba la travesía.

Tras pasar un tiempo en este bosque que parecía de cuento, me dispuse a seguir mi camino. Mi siguiente objetivo era el Castillo de Viñuelas, pero me encontré con la sorpresa de que es propiedad privada, así que rehice mis pasos y llegué hasta Colmenar Viejo, allí pude contemplar la Basilica de la Asunción de Nuestra Señora.

No quería que se me hiciera de noche y ya tenía claro cual sería mi siguiente punto: El Retiro. Solo conocía una pequña zona y me sorprendió gratamente encontrar zonas que para mí tenían cierto encanto. Tenía un objetivo, captar el atardecer en el lago de El Retiro, así que me dio tiempo a fotografiar esas zonas hasta entonces desconocidas para mi. El resultado no fue el esperado, así que tendré que volver a intentarlo.

Recreación Histórica

Debo admitir que desde que me decidí a escribir un blog, mi curiosidad y mis ganas de aprender han ido aumentando. Intento mejorar mis relatos, aunque a veces no lo consiga y se ha despertado en mi una faceta que no conocía; la fotografía. Con el fin de hacer fotos e ir cogiendo experiencia, busco lugares y eventos que puedan darme alguna oportunidad. Llegó hasta mi, un  correo con  una reseña en la que me invitaban a la primera reacreación histórica de la Segunda Guerra Mundial en Alcalá de Henares así que  con la cámara en la mano me aventuré.

Lo primero que debía hacer era buscar el lugar exacto, que por lógica tenía que ser una explanada. Como no conozco Alcalá, decidí preguntar en una gasolinera. Estaba justo al lado, había llegado, por casualidad, a la primera. Aparqué el coche y enseguida comencé a escuchar una música que me transportó a aquella época. Muchas cosas eran las que llamaban mi atención, pero quizá lo que más me impresionó fue escuchar en la voz del narrador como niñas de entre 10 y 12 años servían como correo. Una niña, escenificó lo que nos estaban contando con bastante realismo. Los disparos se sucedían unos tras otros y las granadas explotaban en nuestros pies.

Tras las dos reacreaciones de algunas de las batallas que se libraron, un museo vivo nos hacía partícipes del espectaculo, pudiendo preguntar todo aquello que quisieramos saber y hacer fotos. Ese era mi objetivo, así que saqué mi cámara  y este el resultado.

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