DNI

No pudo evitar revivir ese verano que pasó a su lado. La que estaba castigada era ella, pero Cristina aguantó los tres meses cerca de su amiga. Ella era quien ponía su hombro, mientras Lucía sufría por la indiferencia de Juan Carlos. También vino a su cabeza la noche de Pachá, en su reencuentro con Juan Carlos. Ellos solo querían hablar pero Cristina no estaba dispuesta a que Lucia volviera a sufrir, así que hizo lo que se supone que una buena amiga tendría que hacer; separarlos e intentar evitar que Lucia pensara en el, pero no lo había conseguido del todo, ya que luchaba contra todo para volver a verle, volver a besarle. Quería comprobar que pasaría si empezaran desde cero. Juan Carlos nunca respondía ni a las llamadas de Lucia, ni a los mensajes… pero el destino quiso volver a juntarles.

 –      Vaya rollo, se me caduca el DNI en unos días. Iré a la comisaria que hay en la calle Luna. Es una comisaría muy pequeña y ahí no hay casi gente.

–      ¿Quieres que te acompañe?

–      No, déjalo. Tú vete a clase y luego me das los apuntes. Gracias Leo.

 Se fue pronto, no quería tardar mucho. Cogió el autobús y en media hora estaba en el centro. Tal y como había previsto, no había mucha gente y no tardó mucho en hacer la gestión. Pensó que esa mañana se la tomaría libre, además Leo le iba a dejar los apuntes para que los fotocopiara. Iba pensando en lo que iba a desayunar. Aún le quedaba algo de dinero en el monedero. Le habían dado la paga el viernes, pero no había gastado mucho el fin de semana. Mientras bajaba las escaleras de la comisaría miró el móvil por si tenía algún mensaje o llamada perdida, pero se encontró el móvil descargado, completamente sin batería. Se le había olvidado cargarlo la noche anterior.

 Al salir por la puerta, giró a la izquierda para salir a la calle principal. Su objetivo era ir de tiendas. No quería comprar nada, pero le encantaba fijarse un objetivo por el cual ahorrar.

 –      ¡Lucia! ¡Lucia!

–      No me lo puedo creer, ¿Qué haces por aquí?

–      Eso digo yo. Vivo a la vuelta ¿Ya no te acuerdas?

–      No, solo vine una vez a tu casa y no recordaba que fuera por aquí. Pues nada, que he venido a renovar el DNI.

–      ¿Dónde vas?

–      Pues a desayunar y a dar una vuelta ¿y tú?

–      Pues a trabajar

–      Bueno, pues me alegro un montón de volver a verte. Ya veo que te va bien.

–      No me puedo quejar. Si quieres dame tu teléfono y quedamos algún día.

–      Es el mismo que tenía, pero te lo apunto si quieres.

 Lucia sacó un papel del bolso y apuntó los nueve dígitos de su teléfono móvil. Sabía que Juan Carlos no la llamaría, aún así guardó esa pequeña esperanza. Sentía que podía ser esa oportunidad que no se dieron en su momento. Como muy bien imaginaba Lucia, esa llamada nunca llegó, ni un mensaje, ni nada… Otro carpetazo más a su historia con Juan Carlos. Pensó que él no era el indicado, así que intentó pasar página y volver a su vida.  Leo, David, Juan Carlos incluso Álvaro, seguían dando vueltas en su cabeza, pero Juan Carlos era quien ocupaba su corazón. Los demás servían de parches que camuflaban cualquier recuerdo de esa pasada relación. Pero ahora estaba Leo y ella se sentía muy bien a su lado. Después de la intensa mañana que había vivido, con el que fue su primer amor decidió llamar a Leo. Tenía que contarle tantas cosas. Desde que lo había dejado con David no lo había vuelto a ver. Solo hablaban por teléfono, pero ella quería verle. Además pronto llegarían los exámenes y antes quería concretar como iban a ser las vacaciones de las cuales tantas veces habían hablado. Leo traía malas noticias. No podían irse vacaciones. Sus padres le habían dicho que este  tenía que ponerse a trabajar, que las cosas en casa no andaban muy bien y que tenía que aportar algo.

 –      Bueno, no te preocupes. Aunque sea cuando tengamos libre nos vamos unos días a Torremolinos. Yo solo trabajo los fines de semana

–      Va a estar complicado, pero gracias por entenderlo.

–      No hay nada que entender. Las cosas son así. Ya tendremos tiempo para irnos de vacaciones en otro momento.

 Lucia y Leo se fundieron en un tierno abrazo. Ahora tenían que cambiar los planes, al menos pasarían el verano juntos. Lucia lo estaba deseando.

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Planes de futuro

No les hacía falta inventar ninguna excusa para verse. Iban juntos a clase y prácticamente a cualquier sitio. Alba no aprobaba que Lucia mantuviera una relación con Leo mientras seguía con David.

 La decisión estaba tomada. Los días que había pasado junto a Leo le parecían súper especiales y no quería perderse eso por nada del mundo. Hacían planes para el verano aprovechando que Lucía tenía unos días de vacaciones. Primero se irían a Benidorm ya que los padres de Leo tenían una casa allí y ese año no irían porque las cosas en casa no iban muy bien. Ninguno de los hermanos de Leo, se pasaría por allí en las fechas que habían elegido, así que tendrían la casa para ellos solos. Luego se irían a la casa de Torremolinos de Lucía. Leo se había comprado un coche de segunda mano y eso les permitiría hacer el viaje que habían planeado. Celebrarían sus cumpleaños juntos ya que solo había seis días de diferencia. Sería el momento ideal para conocer a los amigos del otro. Todo estaba bien calculado, pero todo esto no podía llevarse a cabo si Lucía seguía con David.

 –      ¿Podemos quedar esta tarde? Tenemos que hablar.

 A pesar de la ingenuidad de David, él sabía, que cuando dicen esa frase en una película es porque la relación no va bien. Además notaba a Lucía muy distante. Las pocas veces que quedaban, Lucía siempre tenía alguna excusa para despedirse pronto de él. O bien tenía que estudiar o hacer algún trabajo, o bien tenía que ir al gimnasio.

 –      David, necesito que nos demos un tiempo. Me estoy empezando a agobiar con el tema de la boda, el piso, tu familia…

–      Lucía, ya hemos comprado la casa y ya tenemos la fecha reservada para la boda.

–      Haz lo que quieras con el piso, si quieres lo vendemos y lo que saquemos te lo quedas, al fin y al cabo yo no puesto nada de dinero para el piso. Ya arreglaremos lo de las escrituras.

–      ¿Pero qué ha pasado? No entiendo nada.

–      No me preguntes más solo quiero que nos demos un tiempo.

–      ¿Quieres que lo dejemos? Dilo claro.

–      Sí, yo creo que es lo mejor.

–      Muy bien, pues devuélveme las escrituras de la casa y el anillo.

–      Las escrituras si te las doy, pero el anillo no.

–      El anillo también. Si quieres que lo dejemos, lo dejamos, pero no quiero que tengas nada mío.

 Tras varios minutos y con lágrimas en los ojos Lucía se quitó el anillo y se lo dio a David. Lo tiró contra el suelo y se marchó. Lucía que se había quedado atónita con la reacción de David, recogió el anillo y se lo guardó en el bolsillo, no se lo quería volver a poner, pero no estaba dispuesta a perderlo. Salió corriendo detrás de David, pero ya era muy tarde. Se había marchado y no sabía si volvería a verle.

 Aprovechando que estaba en el parque, decidió acercarse a casa de Leo. Estaba muy emocionada, a la vez que entristecida por todo lo que había pasado. Tocó el telefonillo.

 –      Hola, ¿está Leo?

–      No se ha ido, si quieres llámale al móvil

–      Muchas gracias. Adiós.

 Eso fue lo primero que hizo. Sacó el móvil del bolso y marcó el teléfono de Leo, quería contarle todo lo que había pasado. Por fin ya podían empezar una relación sin complicaciones.

 –      Hola Leo, ¿Dónde estás?

–      En el paseo de Extremadura. He quedado con Ángela, una buena amiga. Estoy dando una vuelta con ella

–      ¿Podemos quedar luego?

–      Llegaré tarde. Si quieres mañana te paso a buscar en el coche y nos vamos los dos juntos a la uni.

–      Genial, pero tengo que contarte un montón de cosas.

–      Vale, pues si quieres quedamos un poco antes y me cuentas.

–      Ok, pues hasta mañana.

–      Hasta mañana

 Lucía colgó el teléfono y se quedó pensando en todas las cosas que podría hacer con Leo. También quiso llamar a David. Su intención era mantenerle como amigo. Habían pasado muchas cosas juntos y no quería todo acabara así. Además tenían amigos en común y Lucía se preguntaba que iban a hacer ellos.

 En ese momento, Lucía echó de menos a Cristina. Hacía ya unos cuantos años que no se hablaban. No sabían nada la una de la otra. Habían discutido por una tontería y ninguna de las dos estaba dispuesta a bajarse del burro. Imaginaba que Cristina estaba en la universidad y que había hecho nuevos amigos, que ya habría encontrado una nueva mejor amiga que la sustituyera a ella. Sabía por Álvaro, que tenía novio y que este era muy majo. Que ya lo conocían en casa y que parecía que iban en serio. Lucía se alegró por Cristina y pensó en una reconciliación, pero después de tanto tiempo ya no iban a ser las mismas. ¿De qué iban a hablar? Ya pocas cosas tenían en común, aunque Lucía guardaba aquella amistad y la recordaba con especial cariño. Habían sido casi hermanas. Pero todo eso ya había pasado y cada una había elegido su camino. Cada una por su lado.

Locura Transitoria

LOCURA TRANSITORIA

Una mañana más suena el despertador. Miro el reloj y pienso que aún me quedan diez minutos más que puedo aprovechar. Solo tengo que bajar tres pisos andando y subir la calle para coger el autobús. La lluvia se hace más intensa por momento y se me hace más difícil salir de la cama, aún así, intento desperezarme y meter los pies en las zapatillas que tengo preparadas junto a la cama.

Hace mucho frio, así que me pongo todas las capas que puedo para que no se meta en mi cuerpo. Pienso que si el frio llega hasta mis huesos ya no podré sacarlo nunca más.

Me distraigo con el pelo, con los zapatos, elijo el bolso y meto en el todo lo que creo que es importante para la jornada que me espera. Además también llevo conmigo la cámara de fotos. Creo que cuando salga de la oficina me pasaré por el parque. El color ocre de las hojas en el suelo se parece a aquellos tapices viejos que había en casa de mi abuela.

Miro el reloj. ¡Mierda! Solo me quedan tres minutos para llegar a la parada y aún estoy descalza. Estos mismos. Meto los pies en los zapatos negros que me puse ayer. Total, nadie se va a fijar en lo que llevo puesto y son bastante cómodos.

Al llegar a la parada del autobús observo que en la marquesina no hay nadie. He perdido el autobús por los diez minutos de más que me he concedido para estar en la cama. Pues ya no llego… a ver como se lo digo a mi jefe. Le diré que me he puesto mala. Así aprovecho el día para mis cosas.

Parece que no se lo ha tomado muy mal. Estos días no hay mucho movimiento, así que no creo que le importe demasiado, aunque le he notado un poco preocupado. No le he entendido muy bien cuando me ha preguntado por una carta. Sea lo que sea, podrá esperar a mañana.

¿Otro café? Si, no me vendría mal, pero esta vez me tomaré tranquila en la cafetería, creo que también pediré una tostada.

Mientras tomaba café observaba por la cristalera las gotas de lluvia que se quedaban en el cristal, la gente que pasaba, y los edificios que rodeaban la plaza de los autobuses. Nunca los había contemplado de aquella manera.

La Tabacalera Phoencia, abandonada hace años, llamó mi atención de una manera irracional. Pagué mi consumición y sin pensármelo dos veces  me dirigí hacía la entrada.

Como podía esperar la puerta estaba cerrada y por mucho que intentaba empujar no había forma de abrirla. Rodeé el edificio para buscar una posible entrada y tan solo encontré una ventana rota.

No soy muy buena para colarme en sitios prohibidos, pero me cercioré de que no hubiera nadie cerca que pudiera verme entrar y con la ayuda de una rueda abandonada conseguí meterme dentro de la tabacalera.

Al principio estaba un poco asustada. No tenía miedo a fantasmas o apariciones, mi mayor miedo era ser descubierta por la policía y que me pusieran una multa por mi curiosidad. Una vez superado el miedo a ser vista por la gente que pasaba decidí sacar la cámara de fotos y empezar a inmortalizar todos los objetos que allí iba encontrando. Había cosas muy curiosas, incluso pude encontrar nóminas de los trabajadores. Me sorprendió ver que en aquella época las mujeres también participan de forma igualitaria en los trabajos que allí se realizaban.

Encontré una escalera que me llevó a una oficina, imaginé que el jefe habría pasado allí muchas horas para sacar a delante el trabajo de cientos de obrero que allí ganaban un jornal para llevar a casa y poder dar de comer a sus hijos. Muchos papeles y más nominas.

Al fondo de la oficina había un pequeño armario de madera. Pude abrirlo sin mayor esfuerzo y encontré una caja de madera con relieves que llamó poderosamente mi atención. Cogí la caja y me senté en el sillón desvencijado de ese material que parece piel, pero en realidad no lo es. No sé que esperaba encontrar. Quizás cuentas de la tabacalera o documentos prohibidos que nunca vieron la luz. Documentos que podrían poner en peligro la existencia de aquella empresa.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando abrí la caja y encontré un montón de fotografías en blanco y negro. Mucha gente de la que aparecía en las fotos me resultaba familiar, aunque no sabía qué relación podían tener conmigo. Fui pasando una a una las fotografías por mis manos, hasta que en una de ellas pude ver una imagen que me impactó muchísimo. No podía creer lo que estaba viendo. Seguro que era un error o alguien muy parecido. Seguí repasando las fotos y la imagen se repetía una y otra vez, pero no podía ser real.

Busqué dentro de los cajones de la mesa que parecía ser la principal y mis temores se hicieron realidad. En todos los documentos que encontré estaba estampada mi firma. No podía ser yo la responsable del cierre de la tabacalera y mucho menos la que aparecía en las fotografías acompañada de los trabajadores.

Tuve mucho tiempo para pensar, tanto que la percepción de las horas era casi inexistente para mí. Metí las fotos en la caja, la cerré y la volví a guardar dentro del armario. Cogí varios documentos para poder leerlos con detenimiento y me refugié debajo de la mesa. Nunca más volví a salir de la tabacalera.

“La demolición de la tabacalera Phoencia ha sido pospuesta. Han aparecido los restos de una mujer. Creen que lleva muerta algo más de 30 años. Todo apunta a un suicidio. La causa: Locura transitoria”.

 

Viaje a Malta

No puedo decir que fuera un viaje de esos que se tienen en mente. De hecho Malta era una isla casi inexistente para mi. Cuando mi novio me propuso ir  alli, pensé que sería una buena idea. Un nuevo país… Una aventura más que añadir a mi equipaje.
Cuando decia que me iba a Malta de vacaciones, la gente me preguntaba que iba a hacer tanto tiempo en una isla, que 7 días son muchos días.

Internet ofrece muchas posibilidades de planificar el viaje con antelación, aún así solo teníamos unas pequeñas pinceladas de lo que iban a ser nuestras vacaciones.

No es viaje de playa pero si sorprende su paisaje, su arte y los restos de su pasado. Pueden contemplarse templos antiquisimos del neolitico, catacumbas cristianas, increíbles acantilados, aguas cristalinas, iglesias con mucho encanto como la Basilica de Ta’ Pinu con una singular historia que contaré en otro post.

Sin duda Malta es una isla que hay que visitar ya que son muchas las posibilidades que ofrece. Malta, Gozo y Comino son lugares simgulares que lermiten contemplarla belleza de las islas.

Siete días han sido suficiente para cumplir nuestros objetivos.

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Noche de abril, noche de cambios

 Tal y como habían acordado, Leo y Lucia que vivían cerca fueron juntos a la parada de autobuses a esperar a que llegara Alba, ya que vivía en la periferia y la única forma de llegar a Madrid a esa hora, era a través del autobús. Mientras iban de camino iban comentando las expectativas que tenían para esa noche y el tipo de música que les gustaba. Ya sabían donde iban a ir, así que cuando llegó Alba, montaron en el metro y tras varios trasbordos llegaron a Moncloa.

 La noche transcurrió según lo previsto. Unos bailes y unas cuantas copas de más para esperar que llegara la hora de que abrieran el Cercanías. Dentro de la discoteca hacía mucho calor, pero era el mes de abril y por la noche refresca un poco. La chaqueta rosa que llevaba Lucia no era suficiente, así que Leo, en un intento de agradar a Lucia se quitó el abrigo y lo puso encima de los hombros de Lucia. Aún no era la hora, así que se sentaron a esperar. Tenían sueño, pero Lucia y Leo estaban encantados de estar juntos esa noche. Ni siquiera se habían dado cuenta de que también estaba Alba con ellos. Si, la habían utilizado para estar juntos. Leo sabía que sin Alba, Lucia se hubiera negado a quedar con él. Hubiera parecido una cita y ella tenía novio. Por su parte Lucia, no podía quedar a solas con Leo, ¿Qué le iba a decir a David? Nunca hubiera aprobado esa relación de amistad que surgió entre ambos.

 Por fin llegó el momento en que el abrieron las puertas de la estación del tren que Alba tenía que coger para llegar a su casa. Leo y Lucia se quedaron solos. Solo tenían que hacer un trayecto de veinte minutos, pero era el momento que ambos habían estado esperando toda la noche. Varias miradas y comentarios indiscretos fueron suficientes para que Leo se atreviera a acompañar a Lucia hasta el portal de su casa. Lo estaban deseando. Un beso. Pero Lucia también tenía en mente a David. Estaba empezando a sentir algo especial por aquel chico y debía reconocer que las cosas con David no iban como le hubiera gustado. Tenían la fecha de la boda, el piso y algo más de tres años de relación, pero aún estaba a tiempo de tomar las riendas de su vida. Ella quería estar con alguien por amor y no por pena o rutina y eso era en lo que se había convertido su relación con David.

 Una vez en el portal estuvieron hablando hasta que se les hizo de día. Lucia había mandado a David un mensaje al móvil diciendo que ya estaba en casa, cosa que no era del todo cierta porque aún estaba en la puerta con Leo.

 Se despidieron con dos besos en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios, pero ahí se detuvieron sus instintos. A Leo le hubiera encantado y Lucia no habría girado la cara, aún así, en sus pensamientos estaba David, y por miedo o por respeto o por otras muchas causas se quedaron con las ganas.

 Leo decidió que su lucha por Lucia no acabaría ahí, tenía claro que la guerra la tenía casi ganada, así que no se rindió y esa misma noche escribió a Lucia. No tardó en contestar y tras varios mensajes Lucia no pudo hacer otra cosa que declarar sus sentimientos a Leo que, fueron correspondidos, aunque dejaron claro que irían con pies de plomo y Lucia pidió tiempo y paciencia. Tenía que hablar con David y solucionar todas las cosas comunes que tenían.

Apuntes

Cuando volvieron a clase, Leo se cambió sus cosas y se sentó cerca de Lucia. Esto molestó mucho a Patricia que no tardó en mostrar su descontento con la situación. Siempre habían pensado que ese chico era un empollón, ¿Por qué tenía que sentarse con ella? El ya tenía su grupo de amigos.

 –      Si queréis, cuando acabe la clase  os podéis pasar por mi casa. Mi ex novia trabaja en una agencia de publicidad y tengo muchos apuntes y cosas que os pueden venir bien para el trabajo.

–      Yo no puedo- Dijo Patricia- Esta tarde tengo que trabajar y no me da tiempo.

–      ¿Dónde vives?- Preguntó mirando a los ojos verdes de Lucia

–      En Carabanchel, ¿por?

–      Yo vivo en Campamento, si quieres antes de ir a tu casa, te pasas por la mía y echamos un vistazo a todo lo que tengo por casa.

–      Me parece buena idea, pero tengo que llamar a mi novio para decirle que hoy no me da tiempo a comer con él.

–      Si quieres podemos pedir unas pizzas y comemos en mi casa. Mis padres no vienen hoy a comer.

–      Genial. Pues a la una cogemos el bus y vamos a tu casa.

 Leo no sabía que Lucía tenía novio, pero no por eso quiso dejar de intentar conquistarla. La llamaba muy a menudo a pesar de haberse visto en clase. Todos los días la mandaba mensajes ambiguos, que a Lucia le parecían simplemente geniales. Muchas veces se quedaban a comer en la cafetería de la universidad y deshacía los planes que había hecho con David para estar con Leo.

 La presencia de Leo en la vida de Lucia, cada vez era mayor y David había pasado a un segundo plano. En muchas ocasiones, tenía que mentirle para que no sospechara que estaba viéndose con otro chico. El gimnasio era una buena excusa, siempre y cuando David no quisiera pasarse por allí para recoger a la que aún era su novia.

 Por su parte, Leo se encontraba muy a gusto con Lucia. Había mucha complicidad entre ellos. Se contaban cosas muy personales y que tan solo se hubieran contado si hubieran sido pareja.

 Alba se fue acercando poco a poco a ellos. Ya no eran tres en el grupo de la universidad, sino cuatro. Iban a desayunar juntos y hacían planes para hacer cosas después de las clases, aunque la mayoría de las veces Patricia no accedía a las salidas comunes.

 –      Podíamos quedar este finde para salir por ahí ¿no?

–      Yo es que vivo un poco lejos- contestó Alba

–      No pasa nada, nos quedamos hasta que tengas tren para volver a casa.

–      Entonces sí.

–      ¿Dónde vamos? ¿A qué hora quedamos? ¿Dónde?

–      Podíamos ir a Moncloa- Propuso Lucia.

–      Me parece bien

–      ¿Qué os parece el Inn? Ponen música de todo tipo y hasta la una no hay que pagar.

–      Vale, entonces quedamos a las once en Aluche, que es un punto intermedio para los tres.

 Lucia le comentó a David que el sábado saldría con Alba. David se quedó conforme. Conocía a Alba y sabía que no podía pasar nada malo con ella. Lo que no comentó Lucia, es que también había quedado con Leo.

Si pasa o no

Algo pasará, de eso no cabe duda
Y se sentó a mirar la cara de la luna.
Pisa fuerte y se va haciendo un hueco
No sé definirlo, ni si llega a tiempo.
Solo sé que no se toca y que yo no lo busqué.

Yo no sé qué va a pasar entre nosotros,
Si daremos vuelo libre hasta que de tan alto,
se nos pierda de vista.
Pierdo el pulso y ya no soy más que una parte
Que resiste aunque tarde porque sé,
que si pasa o no, nada, nada, nada cambiará.

Se paró a pensar, cuidado una sonrisa
Ya no hay marcha atrás, aunque tampoco prisa.
Hay quien es capaz, no lo llames magia
Yo no sé qué es, yo no lo busqué.

Yo no sé qué va a pasar entre nosotros,
Si daremos vuelo libre hasta que de tan alto,
se nos pierda de vista.
Pierdo el pulso y ya no soy más que una parte
Que resiste aunque tarde porque sé,
que si pasa o no, y aunque pase o no uh…

Yo no sé qué va a pasar entre nosotros,
Si daremos vuelo libre hasta que de tan alto,
se nos pierda de vista.
Pierdo el pulso y ya no soy más que una parte
Que resiste aunque tarde porque sé,
que si pasa o no, que aunque pase o no,
nada, nada, nada cambiará…

Leo

–      No sé, me gustaría que fuera algo más nuevo. Es verdad que está muy bien de precio…

–      A mí me parece perfecto. Tenemos que hacer reforma, pero podemos decírselo a mi tío Fernando y seguro que nos sale mejor de precio

–      Yo quiero seguir mirando.

–      Venga Lucia, que este piso es el mejor

–      No se David, además este lado da justo a la carretera y no vamos a poder dormir.

–      Si en una semana no encontramos nada que te guste nos quedamos con este.

–      Vale, me parece un buen trato.

 Estuvieron mirando muchas casas. Las que les gustaban se salían del presupuesto que tenían y que las que entraban dentro del presupuesto necesitaba una gran reforma. Pasó la semana que se habían dado de plazo y no habían encontrado nada que encajara, así que se decantaron por la que David había elegido.

 Llevaron todos los papeles necesarios para iniciar los trámites de la compra. Unas cuantas firmas y la contratación de un seguro de vida obligatorio fueron suficientes para convertirse en propietarios.

 Por fin tenían las llaves de su casa. Ahora ya podían centrarse en preparar la boda, no sin antes hacer la temida mudanza.

 Hasta que no estuvieran casados, Lucia no viviría en aquella casa. Tan solo estarían juntos los fines de semana. Mientras tanto David se iría encargando de trasladar las cosas necesarias de una casa a otra. Lucia tenía que seguir estudiando y acabar la carrera. Ya lo habían hablado muchas veces. David se encargaría de pagar todo y Lucía solo tendría que estudiar. Todo parecía sencillo aunque el orgullo de Lucia era más fuerte y decidió que al terminar el curso buscaría un trabajo a media jornada que la permitiera continuar con sus estudios y participar en los gastos de casa.

 Lucia estaba preparando un trabajo para la universidad con su compañera Patricia. Se trataba de un estudio cualitativo de las profesiones. Tenían que elegir una profesión y hacer entrevistas, encuestas, grupos de discusión… una ardua tarea para una sola persona, incluso para dos. Pero fueron valientes y tras mucho deliberar se decidieron, aunque Lucia no estaba muy convencida.

 –      Yo prefiero la profesión de los policías, me parece más interesante y además tengo varios conocidos que pueden ayudarnos.

–      Lucia, creo que es más fácil que lo hagamos sobre los publicistas. Es más sencillo y accesible.

–      Está bien. Veremos a ver qué podemos hacer. Hay que trabajar mucho sobre esto.

 Les costó mucho hacer una buena introducción al tema que habían elegido, aún así se te atrevieron a exponerlo en clase. No tenían alternativa. Todos los grupos tenían que ir explicando a sus compañeros los avances que iban consiguiendo. Lucia preparó una exposición sencilla en la que podrían participar las dos, aunque fue ella la que más protagonismo tuvo.

 Al finalizar la presentación, el profesor hizo varios apuntes sobre el trabajo y dio paso a los compañeros. ¿Tenían alguna pregunta sobre el tema? Lucia esperaba que nadie levantara la mano, pero no fue así. El chico moreno de la tercera fila, con gafas y pinta de empollón levantó la mano para poner en un aprieto a aquellas chicas. Lucia no podía creerlo. Había preparado el tema con pinzas, así que no sabía muy bien cómo iba a contestar a aquel chico.

 Lucia contestó lo mejor que pudo, aún así el chico seguía sintiendo curiosidad. Lucia zanjó el tema al decir que estaban empezando a profundizar en el tema, pero que necesitaban más tiempo para llegar al punto que les estaba exigiendo. El profesor, también salió en defensa de Lucia y Patricia y las pidió que regresaran a sus asientos.

 Cuando terminó la clase, salieron al pasillo para descansar un poco y pensar si entrarían a la siguiente clase o tal vez se fueran a la cafetería.

 –      Hola me llamo Leo. Me interesa mucho vuestro trabajo y creo que os podría echar una mano

–      Hola, soy Lucia. La verdad es que no esperaba que nadie fuera a preguntar. De hecho pensé que nadie nos estaría escuchando.

 Leo sonrió y volvió a ofrecer su ayuda, a lo que Lucia respondió con unas gracias.

 La profesora de estructura social de España, ya estaba cerca de la puerta y decidieron entrar.

 Leo no podía apartar la mirada de Lucia durante la hora y media que duró la clase. Volvieron a coincidir en el pasillo y Leo no quería dejar pasar la ocasión para hablar con Lucia.

 

Amancer

Han pasado varios meses desde que hice este viaje. Empecé a escribir una pequeña crónica de las aventuras y desventuras que allí nos fueron ocurriendo. Se que no es excusa, pero he estado liada con otros temas y la verdad es que dejé aparcado esta experiencia y al igual que el relato de Lucia y David. Espero que disfruteís de este nuevo post y ahora que estoy de vacaciones ponerme un poco al día con el blog que lo tengo muy abandonado. ¿Me perdonaís? Seguro que si.

Eran las 6:00 de la mañana, pero aún no había salido el sol. La temperatura era agradable, aunque decidí ponerme una sudadera. Fuimos los primeros en despertarnos y pudimos observar como el bereber más joven del grupo preparaba los dromedarios para la excursión que íbamos a realizar a través de las dunas que a pie eran imposible de recorrer. El sol iba asomandose mientras subiamos en lo lomos de aquellos animales. La postal fue hermosa y las sombras que dibujaban nuestras siluetas nos permitieron tomar unas magnificas fotografías.

Tras la pequeña incursión en la dunas con los dromedarios y antes de tomar el desayuno quisimos volver a la GRAN DUNA, pero esta vez tomamos un camino diferente. Este nuevo itinerario nos regaló momentos únicos que se quedaran para siempre en nuestra memoria.

Al regresar a la jayma, nos preguntaron que si queríamos desayunar a lo que respondimos afirmativamente. Para mi decepción el desayuno no era tan apetecible como prometía, pero en aquel momento pude recordar que llevaba en el maletero del coche una galletas” María”, esas que todos hemos tomado al menos en nuestra infancia. Gracias a este desayuno, pude trasladarme a otro lugar durante unos instantes… Terminamos de desayunar y recogimos nuestras cosas para emprender el camino de vuelta, no sin antes apurar la bateria de la cámara. He de reconocer que estaba algo inquieta porque pensaba que el trayecto hasta Zagora iba a encontrarse igual que el día anterior. Intentaron tranquilizarme, diciendome que durante la noche, el ejercito se habría encargado de despejar la carretera y arreglar los desperfectos causados por la lluvia del día anterior y algun efecto en mi tuvieron porque me sentí más fuerte para luchar contra los obstáculos que pudieran quedar.

Paramos en Zagora para echar gasolina y comprar agua. Echamos un ojo al mapa y estudiamos que posibilidades teníamos. Ya habíamos cumplido nuestro objetivo: llegar al desierto. Ahora teníamos unos cuantos días por delante para visitar el sur de Marruecos. Nuestra siguiente parada obligada era nuevamente Ouazarzate.

Así lo haré

Que me quieres sin medida,  que por mi todo lo harias y aun sabiendo que yo pienso en e,l te arriesgas a perder. Que en tus brazos yo podria renacer sentirme viva y que juntos vamos a escribir su despedida. Sus caricias de papel se han quedado enrte mis manos y mi lado izquierdo se quedó desintagrado. Yo por mi lo intentare y no quiero hacerte daño, pero se que sola no me atreveré… Y solo así lo haré, solo asi me olvidaré de el, cuando me hagas el amor deja tus huellas, llevame hasta las estrellas. Solo asi lo haré, en tus labios me refugiaré. Y tal vez después te quiera mucho más o te ame como hoy lo amo a el. Quitame este sufrimiento que me invade todo el cuerpo y el oceano que me dejo de sus recuerdos solo tienes que entender bajo aviso no hay engaño y mi lado izquierdo se quedo entre sus labios Yo por mi lo intntare y no quiero hacerte daño pero se que sola no me atrevere Y no quiero hacerte daño, pero se que sola no me atrevete… Y solo así lo hare, solo asi me olvidare de el, cuando me hagas el amor deja tus huellas, llevame hasta las estrellas. Solo asi lo hare, en tus labios me refugiare. Y tal vez despues te quiera mucho mas o te ame como hoy lo amo a el salvame de una vez, no me dejes caer quiero estar a tu lado sin miedo a perder Y solo asi lo hare, solo asi me olvidare de el, y tal vez te quiera mucho mas o te ame como hoy lo amo a el.