El cuadro

Ernesto había pasado muchas vacaciones estivales en aquella casa de pueblo. Ahora solo acudía allí en fechas muy señaladas, pero ese fin de semana era especial. Quería visitar a su abuela, ya que en varias ocasiones le había dicho a través del frío teléfono que se encontraba muy sola.

 Nada más llegar, soltó su bolsa de viaje donde había metido muda para un par de días y le dio a su abuela un fuerte abrazo y dos efusivos besos. La anciana mujer no pudo contener las lágrimas.

 Ernesto, paseó su mirada por toda la casa, pero no pudo evitar detenerse en aquel cuadro que siempre le había llamado la atención. Estuvo delante del cuadro unos instantes, observando a aquella joven, la cual tan solo llevaba un ligero vestido azul, y que contemplaba el mar. De la muchacha tan solo podía verse la espalda, aún así sacó la conclusión de que se trataba de una chica joven.

 Inconscientemente, Ernesto regresó a su infancia por un momento, aquel cuadro evocó imágenes que creía olvidados. Sin saber muy porque, se dirigió hacia el desván, allí se guardaban todos los tratos viejos, los que ya no servían para nada, pero que daban pena tirar.

 Al subir al desván, encontró muchos juguetes de su infancia, aunque tan solo se conservaban los que estaban en mejor estado. Abrió una caja de zapatos para descubrir el calidoscopio que le había regalado su tío Luis. Había olvidado la importancia de aquel regalo, más volvió a meterlo en la caja, la cerró minuciosamente y la dejó en el mismo lugar donde lo había encontrado.

 
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Día de verano

 

David no quería dejar pasar la ocasión. Pretendía que el viaje fuera especial, así que se informó en los hoteles cercanos de cuanto costaría pasar una noche, con desayuno incluido. Hubo que le gustó mucho y que no se salía demasiado de su presupuesto. Además pretendía adornar la habitación con flores. Pensó que sería el lugar ideal para demostrar su amor hacia ella, pero quería contar con el beneplácito de la que en un futuro podría ser su suegra.

 

 – Me gustaría preparar una sorpresa para Lucia, pero quería preguntarte antes que te parece.

 

– Dime.

 

– He estado mirando hoteles y me gustaría pasar una noche a solas con Lucia.

 

– ¿Para que te vas a gastar el dinero?

 

– Es que no tenemos intimidad, además solo sería una noche

 

– No me parece buena idea.

 

 A David, no le gustó mucho la respuesta, pero tuvo que admitirla sin más. No estaba contento y su cara reflejaba su estado de ánimo. Fernando, el tío de Lucia, intentó animarle y le dio una alternativa que parecía factible y que no podía rechazar.

 

 Todos los días visitaban playas nuevas, siempre fuera de la localidad en donde estaban alojados. La idea era muy sencilla, pero a la vez podía resultar efectiva. No asistirían a una de las jornadas playeras, para disfrutar de la casa a solas. Se quedarían con la excusa de visitar el pueblo. David recuperó la ilusión y empezó a darle vueltas a ese día tan maravilloso que les esperaba.

 

 Nadie comentó nada, David y Lucia no irían a Conil, porque se iban a quedar visitando San Lucar de Barrameda. Por la mañana, antes de que se levantara nadie, David se levantó para traer el desayuno de Lucia, un batido de helado de chocolate en vaso de plástico, con una pajita y un croissant. También hizo una parada en la farmacia, ya que quería evitar un disgusto. La despertó con un tierno beso en la mejilla y suaves caricias en la espalda.

 

 – Hoy es nuestro día, podemos hacer lo que queramos.

 

– Que bien, ¿me has traído el desayuno?

 

– Si, quiero que hoy sea un día muy especial

 

– Muchas gracias, me siento como una princesa.

 

 Insistieron unas cuantas veces e intentaron convencerles para que se fueran a la playa con ellos, pero ya tenían en mente lo que querían y ese no era su plan. Por fin la casa se quedó vacía y se quedaron en la cama un ratito más. Los besos y caricias se repartían por todo el cuerpo. David no quería dejar ni un centímetro de la suave piel de Lucia sin recorrer con sus labios. Era la situación ideal, no habían compartido otro momento igual en los meses que llevaban juntos, ya que nunca era el apropiado o no encontraban ese lugar para transformar su amor y convertirse en un solo ser durante unos instantes.

 

 Todo marchaba bien, pero David estaba demasiado nervioso, parecía que fuera su primera vez, y quizá algo de eso si había. Era su primera vez con amor y se sentía tan especial que no pudo hacer nada, nada más que lamentarlo y pedir disculpas una y otra vez a Lucia por lo que había sucedido. Lucia comprendió la situación e intentó quitar hierro al asunto. Compartieron una ducha, se vistieron y salieron a dar una vuelta y comer. Por fin comían a una hora normal y no tardaron mucho en servirle la comida que habían pedido. Hacía mucho calor, y decidieron que lo mejor sería volver a la casa para evitar las peores horas de sol. Volvieron a la cama, pero esta vez para dormir la siesta y olvidar lo que había pasado por la mañana. Cuando se despertaron, dieron un largo paseo por la playa, dialogando sobre lo que harían cuando volvieran a Madrid. David tendría que regresar unos días antes para incorporarse al trabajo y Lucia pensó en regresar con el.

 

 – Creo que es mejor que te quedes aquí los tres días que quedan. Yo voy a estar bien. En el AVE solo tardo dos horas en llegar a Madrid

 

– Pero es que me apetece irme contigo, además me hace mucha ilusión montar en el AVE.

 

– Como quieras, pero antes de nada pregúntaselo a tus padres. 

Encuentro casual

 

Sacó el monedero azul que le había regalado su abuela cuando hicieron ese viaje tan especial a Sevilla. Puso el dinero encima del mostrador negro y recibió unos ticket que le darían derecho a una consumición. Entraron en la discoteca y recorrieron con la mirada cada rincón para elegir el mejor sitio.

 

 Como si de un fantasma se tratase, Lucia se quedó paralizada al ver frente a ella a Juan Carlos. Pensó que no podía ser posible e intentó esquivar su mirada, pero ya era demasiado tarde.

 Once días antes.

– Hola Juan Carlos, por fin puedo hablar contigo.

– He oido tus mensajes en el buzón de voz

– ¿Por qué no me has contestado? Bueno, da igual. Te llamaba para decirte que es muy probable que no volvamos a vernos más.

– ¿Qué ha pasado?

– Nada, a mi padre le han trasladado a Tenerife y nos vamos un año a vivir allí.

– ¿Y no te puedes quedar?

– Es que no quiero quedarme y ya no quiero que sigamos juntos

– Ok, si es tu decisión, pues nada. Que te vaya muy bien

 Con seco adiós colgaron el teléfono y así se dio por finalizada, nuevamente la relación.

 No había traslado, ni viaje a Tenerife, ni nada de nada. Lo que Lucia quería era sacar de su vida a Juan Carlos, ya que estaba haciéndola daño con tanto desprecio hacia ella. Lo que había empezado como una bonita historia de amor, resultó ser un tormento, un castigo que ni ella ni nadie se merecía.

 Parecía que la mentira había colado y que por fin podría empezar desde cero, pero había algo en ella que la hacía volver a pensar en el, en sus primeros encuentros y en las pocas y pequeñas cosas que habían compartido. Una pelicula en el cine y varias noches de discotecas que siempre compartían con otros amigos. Poco tiempo para el romanticismo, pero demasiado para tantas y tantas peleas por teléfono que no hacían más que minar el principio de la relación. Compartieron pasado, pero nunca hicieron planes de futuro

 – ¿Qué haces aquí? ¿No te ibas a Tenerife?

– Si, pero al final nos vamos la semana que viene

– Pues, nada. Que tengas buen viaje

– Gracias

 Se miraron a los ojos durante unos segundos, para acabar con dos besos frios, aun había algo pendiente entre los dos, pero Cristina la agarró de un brazo y señalando a uno de los sofás se la llevó. No quería ver como su amiga volvía a sufrir. Pero todos sus intentos fueron en vano. Lucia solo tenía ojos para el y estuvo vigilando cada uno de sus pasos toda la noche.

 Con unas copas de más y sin que Cristina se diera cuenta, bajó a la pista. No podía controlar sus movimientos y al ritmo de la música, se acercaba milímetro a milímetro a el, que al principio no quería dar crédito a lo que estaba viendo, aunque no parecía que le disgustara. Dejó a su amigo solo, se aproximó a ella y agarrandola fuertemente de la cintura besó sus finos y delicados labios. Fue un beso corto, que tan solo duró unos segundos y que se mezcló con un segundo beso más apasionado, más intenso, pero que fue interrumpido por las voces de Cristina.

 – Pero, ¿Qué haces? Venga, vamonos.

 Como si hubieran roto un hechizo, tuvieron que despedirse, no si antes confesarle que el viaje a Tenerife era una mentira y que seguiría viviendo en Madrid, con la esperanza de dejar una puerta abierta.

 Mientras tanto, todos los amigos esperaban, excepto David que se impacientaba. Cristina le había contado la historia por encima y lo mal que lo había pasado su amiga todo el verano. Cuando salieron, David y Juan Carlos cruzaron las miradas y sin pronunciar una palabra David lanzó unos puñetazos hacia la cara de Juan Carlos que reaccionó a tiempo para evitar el golpe. No hubo que lamentar nada y al final cada uno se fue por su lado.

 Otra noche más que terminó con un paseo hacia casa de Lucia, acompañada de David, aunque no fue tan agradable ya que lo único que se escuchaba eran los tacones de Lucia al caminar por las calles silenciosas de su barrio.