De camino al desierto

5 de octubre de 2011

180 Km son los que separan Marrakesh y Ouarzarte que era nuestra siguiente meta, tan solo había un osbtáculo que superar: CRUZAR EL ATLAS.

Nos despertamos a las ocho de la mañana y nuevamente tomamos el desayuno del primer día. Cogimos las maletas y comnezamos el viaje. Esta vez no nos costó salir de Marrakesh ya que habíamos aprendido la lección del día anterior. La carretera no parecía mala y no era mucha la distancia a recorrer, así que como no teníamos prisa hicimos una parada técnica en METRO (Supermercado con características similares a Makro). Queríamos comprar algo de comida ya que íbamos de camino al desierto y no sabíamos lo que nos podíamos encontrar. Algo más de una hora estuvimos decidiendo(aunque no había mucho donde elegir porque casi todo era al por mayor). El botín no fue más que unas bolsas de patatas fritas, unas galletas y algo de queso.

El camino al ATLAS resultó más duro de lo que esperabamos. A pesar de tener un firme bastante bueno, una gran hilera de camiones enormes, que transportaban desde gasolina hasta ganado, dificultaban la subida a este puerto, con tan solo un sentido para cada sentido de la marcha. Camión tras camión, íbamos adelantando, incluso en línea continua, y por fin tras varias horas de viaje (más de las que habíamos calculado), paramos en un pueblo del cual no pude averiguar el nombre, porque en Marruecos es muy normal eso de no señalizar. Brochetas con ensalada marroquí fue el menú que nos dieron casi sin elegir.

Continuamos el viaje a Ouarzarzate, lugar donde pasaríamos la noche antes de ir al desierto de Merzuga. Cuando llegamos, aún quedaba algo de luz, así que buscamos un hotel que entrara dentro de nuestro presupuesto y fuimos a dar una vuelta por los estudios de cine que habíamos visto en la entrada del pueblo. Preguntamos horarios y precios, pero no pudimos visitar ninguno ya que estaban a punto de cerrar. Pese a este contratiempo, nuestro viaje no fue en valde. A la salida de uno de los estudios, Naim, un organizador de viajes al desierto, nos hizo varias ofertas, pero nuestro presupuesto, solo nos permitía la más económica. Incluía comida en Tegunite, paseo de dos horas en camello, cena y desayuno en el desierto y dormir en una jayma. El trasnporte hasta allí corría por nuestra cuenta. Aceptamos su propuesta, aunque eso modifica nuestros planes  y nos dejaba libres más días, que nos permitirían visitar más lugares, que a priori, no estaban marcados en nuestro itineratio. En vez de ir al desierto de Merzuga, iriamos al desierto de Zagora.

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Cascadas de Ouzud

4 de octubre de 2011

Queríamos dormir para descansar bien, así que pusimos el despertador a las ocho de la mañana. Ya habíamos pactado que nos sirvieran el mismo desayuno a la nueve, así que subimos a la terraza. Nos encontramos con una pareja de franceses que también esperaban su desayuno. La chica estaba ojeando una guía de Marruecos, imagino que estaría buscando lugares que visitar y cosas que hacer. El chico estaba leyendo un libro de tapas amarillas, del cual no conseguí ver el título. Nos sirvieron lo que habíamos pedido y cuando estuvimos preparados y nos trajeron el coche que habíamos alquilado el día anterior, nos fuimos de camino a las cascadas de Ouzud.

La salida de Marrakesh fue infernal, de hecho tuvimos que parar en una de las gasolineras cercanas porque me encontraba indispuesta, debido al estrés que ocasiona la conducción en una ciudad como esta. Respostamos el coche y tras dos horas de viaje llegamos a nuestro destino. Encontramos varios parkings, aunque ninguno de ellos ofrecían la seguridad que estábamos buscando. Después de pasar un mercadillo, un puente algo dudoso y encontrarnos con posibles guías, decidimos regresar y dejar el coche en uno de los primeros que habíamos visto. Diez dirhams fue la tarifa que nos cobraron por la custodia del coche. Nada más aparcar, un guía oficial no enseñó sus credenciales e intentó cobrarnos 150 dirhams por sus servicios, pero no estábamos dispuestos a pagar esa cantidad y al final otro guía nos acompañó por tan solo 80 dirhams. Pudimos contemplar las cascadas desde arriba, para luego comenzar a bajar cerca del curso del río. Las vistas fueron muy hermosas y el guía fue muy atento contándonos curiosidades sobre el origen de los nombres o contándonos formas de vida en Marruecos. Nos sorprendió que la época de cortejo suele ser en diciembre y que los chicos pagan a la familia de la chica una dote que va en función de la belleza de la novia ¿Cuanto pagarían por mi? Tras bajar por un sendero, llegamos una especie de cala en la cual pudimos darnos un baño. Aunque el agua estaba bastante fría, nuestras piernas lo agradecieron, ya que el camino no había resultado tan fácil como imaginamos. Continuamos el viaje, esta vez hacia arriba. Cuando íbamos más o menos por la mitad paramos en un mirador donde pudimos contemplar de cerca una bellas vistas de las cascadas, adornadas con medio arco iris, que potenciaba la belleza de la caída del agua.  Nos sirvieron la comida, tipicamente marroquí: brochetas de pollo, pollo braseado, acompañado de patatas fritas y ensalada marroquí que varía según la zona. Para terminar unas rodajas de melón y como no, té a la menta. Completamos el recorrido y tomamos el camino que nos llevaría de nuevo a Marrakesh.

Durante el trayecto, la noche se nos echó encima y el camino se volvía contra nosotros. Un millar de peatones, ciclistas y motos se cruzaban por la carretera, la cual no estaba alumbrada. Por 40 dirhams aparcamos el coche en un lugar que parecía algo más seguro y anduvimos hacia el hotel. Para ello teníamos que atravesar la plaza Djemaa el Fna. Nos dimos cuenta de que dos hombres nos seguían ya que si nosotros parabamos ellos también, y si continuabamos la marcha, ellos hacían lo propio, así que en un momento que ellos se hacían los despistados, nos metimos en el barullo de la plaza, entre puestos de comida y corrillos de gente que contemplaban los diversos espectáculos que se ofrecen durante la noche. Mientras observábamos uno de estos shows, un chico marroquí comenzó a hablar con nosotros. Nos sorprendió su facilidad para hablar español e incluso utilizar palabras poco comunes en un contexto correcto. Nos comentó que estudiaba economía y que anteriormente había estudiado en el Instituto Cervantes, donde se le daba gran importancia al aprendizaje del español. Tras un rato de tertulia decidimos tomar un té, en uno de los muchos puestos de la plaza para continuar la conversación que giró principalmente en torno a las diferencias culturales y económicas entre España y Marruecos. El estudiante también quiso saber sobre nuestra historia y nos preguntó sobre el periodo franquista.