Pequeño susto

Pasaron las navidades, nuevamente separados. Pero Lucia tenía unos regalos preparados para David el día de reyes. Un juego de coches para la Play2 y una camisa de pana verde muy actual. Los días anteriores habían sido muy duro para David, ya que trabajaba en una pastelería muy conocida  y esos días tenía que hacer turnos muy largos y con muy poco descanso. Casi ni dormía, ni comía, pero sabía que al final iba a tener su recompensa, un dinero extra que le venía muy bien para hacer un regalo a Lucia. Quería que fuera algo especial y ese dinero le permitiría comprarlo. Cuando llegó a casa de Lucia todos estaban esperándole para comer, pero estaba tan cansado que apenas pudo comer algo. Decidió acostarse un poco, ya que por la tarde irían a casa todos los tíos y primos de Lucia para intercambiar los regalos. El dolor de cabeza que sentía era tan fuerte que no pudo descansar lo suficiente. Se levantó de la cama y se tomó una pastilla que pudiera aliviar ese malestar. Aguantó la tarde de risas y gritos, pero antes de que se fueran todos volvió a la cama porque el dolor de cabeza reapareció, pero esta vez mucho más fuerte. Todo lo achacaba al cansancio y a las horas extras que había tenido que hacer en el trabajo, hasta que de pronto a mitad de la noche y cuando Lucia también se había acostado, se levantó inquieto hacia el baño. No paraba de vomitar y eso le extrañaba, porque no había probado bocado. No quería estropear la primera noche que le habían concedido, para que pudiera dormir con Lucia, pero los extraños síntomas no le permitían conciliar el sueño. Lucia estaba nerviosa, no sabía como actuar y por fin a las siete de la mañana, David le pidió al padre de Lucia que le llevara al hospital de Getafe. Le dolía la cabeza intensamente, mucho más que otras veces, sus vómitos tenían un color extraño, sentía mucho sueño y cansancio, como si le faltaran las fuerzas. Notaba como poco a poco se iba apagando y eso era lo que más le asustaba. Aunque no era el hospital más cercano, le llevaron a Getafe, que es donde le habían tratado la hidrocefalia desde pequeño. La semana que estuvo en coma, la pasó allí y tenían todo su historial. Además esperaba encontrarse con el doctor Seoane, que le había salvado la vida en una de las crisis anteriores.

Antes de llegar al hospital, Lucia decidió llamar a Maribel para que estuvieran al tanto de lo que había pasado. También llamó a Elvira, pero no pudo contactar con ella.

Le trataron de urgencia y le hicieron un TAC en el cual observaron que uno de los ventrículos se había dilatado y que se le estaba acumulando de nuevo líquido cefalorraquídeo. Debía pasar la noche en observación, así que todos los que habían acudido al hospital tenían que volver a casa con la preocupación de dejar allí a David, sin saber nada. Los médicos intentaron tranquilizar a Lucia, pero no lo consiguieron, así que la recetaron un relajante muy suave para que pudiera descansar esa noche.

 A la mañana siguiente, sonó el teléfono muy temprano.

– ¿Lucia?

– Hola David, ¿a que hora tenemos que ir a buscarte?

– No te asustes

– ¿Qué pasa?

– Nada, estoy mejor. Pero me han dicho que me van a operar para quitarme el acero de la cabeza. Que me han hacer una cirugía experimental que me permitirá llevar una vida más cómoda, eso si con un tratamiento.

– ¿Cuándo te operan?

– Creo que dentro de unas horas.

– OK, pues llamo a tu familia y voy para allá.

– No hace falta que vengas.

– Ya, pero es que quiero ir

 Lucia se puso unos pantalones cómodos y se abrigó bien. No sabía cuanto tiempo iba a estar en el hospital. Mientras iba de camino fue llamando para dar la noticia y de nuevo solo apareció Maribel, ya que todos tenían cosas mejores que hacer. Lucia pudo entrar en la UCI para desearle a David que todo fuera bien. La sala de espera era muy incomoda y los médicos calcularon que la operación tardaría unas dos horas y media aproximadamente, así que se fueron a la cafetería a comer algo y reponer fuerzas. Parecía como si el reloj se hubiera detenido y cada vez que sonaba el altavoz, esperaban que los nombraran. Algo más de tres horas duró la intervención y aunque Lucia quería ver a su novio, entendía que era la familia quien debía pasar primero.

Su tía Irene fue la primera en pasar. Cuando salió explicó como le había visto:

–         Es un chico fuerte. Ha pasado por situaciones peores. Le veo bastante bien. Lo único que pide es ver a su novia y un entrecot o algo para comer, que tiene mucha hambre.

–         Eso es buena señal- dijo la madre de Lucia

–         Parece que todo ha salido bien.

 Una doctora con el pelo rizado se acercó a ellos y les explicó en que había consistido la operación y que todo se había desarrollado según lo previsto.

 

Sorpresa!!!

La infancia de David fue bastante dura, además tenía el agravante de su enfermedad. Nació con una enfermedad congénita que marcaría su vida. Debido a su hidrocefalia, pasó mucho tiempo en el hospital. Con tan solo nueve meses tuvieron que operarle porque el líquido cefalorraquídeo le estaba presionando el cerebro. Lucia estaba al tanto de que sufría esa enfermedad, pero realmente no sabía de que se trataba.

 -La hidrocefalia, no es más que la acumulación del líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro, lo que hace que estas se dilaten.

– ¿Y que es lo que sientes?

– Pues principalmente dolor de cabeza, pero el estomago también se me resiente.

– ¿Pero nadie de tu familia tiene esa enfermedad no?

– Es que creo que no es hereditaria, mi madre siempre me ha dicho que es por culpa de mi tía Maribel. Cuando mi madre estaba embarazada de siete meses, le dio una patada en la tripa. Mi tía Isabel y mi madre creen que es por la patada.

– Pues vaya, pero me parece muy fuerte lo de tu tía.

– Ya, pero ya está olvidado. Me han operado unas cuantas veces, y una vez estuve en coma tres días, pero afortunadamente pude salir, aunque tengo que estar con un tratamiento.

– ¿No tiene cura?

– No, pero se puede controlar. Tengo que ir a revisión pero nada más. Ahora mismo estoy bien. Cuando nací los médicos le dijeron a mi madre que no iba a pasar de los catorce años, y mira…

– Bueno, pues ahora toca cuidarse.

 Parecía que todo había vuelto a la normalidad, aunque David quiso volver a pedir disculpas a Lucia por haberle ocultado lo de su padre. Le hizo la promesa de que nunca más volvería a ocultarla nada, aunque aún quedaban cosas que contar, pero que poco a poco lo iría haciendo.

 Pasaba el tiempo y David seguía sin aparecer. Lucia pensaba que era el día ideal para visitar Mahón, ya que no hacía demasiado calor y encima se había nublado un poquito. Pero si David se retrasaba más no podían hacer nada.

 De repente, Lucia escuchó unos suaves golpes en la puerta. Bastante enfadada, se levantó de la cama para abrir. Si, era David.

 –         ¿Dónde estabas?

–         Dando una vuelta

–         Y yo aquí en la habitación, sin poder hacer nada, esperando a que llegaras. Y el móvil apagado

–         Me habré quedado sin batería. Sacó el móvil del bolsillo y descubrió que lo tenía apagado y no podía encenderlo, así que lo puso a cargar.

–         Me hubiera apetecido ir a Mahón, hace un día muy bueno para conocer la ciudad.

–         Si quieres cuando vuelva, nos vamos.

–         ¿Dónde vas ahora?

–         Es que tengo que terminar de solucionar unas cosas

–         Pues me voy contigo

–         No puedes

 Lucía no podía aguantar más la situación. Una mañana perdida y encima tenía que estar más tiempo encerrada en la habitación.

 –         He dicho que me voy contigo

–         Eres una cabezota, haz lo que quieras

–         Pues eso, que me voy

 Al final, Lucia se salió con la suya, aunque no sabía muy bien donde iban. David entró en una joyería, pero le pidió a Lucia que se quedara fuera, que no iba a tardar nada. No entendía nada, ¿Qué necesitaba de una joyería?

David salió con una gran sonrisa dibujada en la cara. Se sentía bien, pero Lucia no dejaba de preguntar.

 –         Que conste que quería hacerlo de otra manera, pero te has puesto tan pesada.

–         Es que no sabes lo que es estar una mañana entera en la habitación

–         He estado buscando un restaurante y una floristería pero no he encontrado nada. Solo esto.

David sacó una pequeña caja de una bolsita de papel duro que le habían dado.

–         ¿Quieres casarte conmigo?

–         Si

 David, le puso el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Lucia rompió a llorar de la emoción y se fundieron en un bonito beso. David había conseguido que el enfado de Lucia desapareciera y que el viaje a Menorca fuera inolvidable para ambos.