sin titulo

Cuando volvieron del viaje no comentaron nada del compromiso que habían adquirido, aunque si dieron detalles de los lugares que habían visitado. No habían parado ni un instante. El puerto de Ciutadella fue uno de los sitios que más impresionó a Lucia. Sus calles rezumaban historia, llenas de palacios y casas señoriales. Podía imaginar como era la vida de aquellas personas; nobles, aristócratas… Al pasear por la muralla pudo transportase por un momento a la edad media. El guía de la excursión les explicó multitud de curiosidades:

 –         No hace mucho tiempo, esta era la capital de Menorca. Aún podemos percibir en sus edificios la presencia de la nobleza y de la iglesia ya que nos han dejado varios ejemplos como la catedral o el obispado.

 Tras la visita cultural, también habían estado varias playas y calas. Les parecía casi imposible que en aquella isla tan pequeña hubiera tantas y tan variadas. El tiempo les acompañó durante toda la estancia en la isla y el transporte, aunque era escaso, les permitió recorrerla y ver todo aquello que Lucía había planeado con la ayuda de una guía que había comprado en una pequeña librería en Madrid. Solo les quedó por visitar Mahón, la espinita clavada de Lucia, pero pensó que habría más ocasiones y que lo que había vivido en ese viaje no lo cambiaba por nada.

 De momento querían guardar el secreto y hasta que no estuvieran más seguros no querían anunciar el gran paso que iban a dar juntos. Pero la madre de Lucia era muy observadora, a la vez que curiosa o tal vez cotilla y no pudo evitar preguntar que significaba la alianza que llevaba puesta en el dedo anular de su mano derecha. Lucia, no tuvo más remedio que contestar:

 –         ¡David me ha pedido que me case con el!

–         Pero si lleváis muy poco tiempo juntos

–         No tan poco mama, además aún no hemos decidido fecha ni nada. Es para dentro de un tiempo.

–         Bueno hija, si es lo que quieres. Yo no estoy convencida de que David sea el hombre de tu vida…

–         Ya, siempre estás con lo mismo…

 Fue corriendo a su habitación para hablar con David de lo que había sucedido, aunque evitó algunas partes de la conversación.

 Unos meses más tarde, Cristina y Lucia decidieron hacer una noche de chicas. Para Cristina no era muy difícil porque aún no tenía pareja y Lucia también lo tenía bastante fácil porque David aceptaba todas y cada una de las decisiones de su novia. Aún hacía calor y Lucia decidió ponerse unos pantalones piratas azules y una camisa a cuadros que se anudaba en el pecho y que dejaba al descubierto el piercing que se había hecho tiempo atrás en el ombligo. Quedaron en Joy Eslava. Pagaron la entrada que les daba derecho a una consumición y dejaron el bolso en el ropero, ya que les gustaba estar libres para poder bailar sin tener que estar vigilando sus pertenencias. Fueron a pedir una copa, cuando se estaban acercando a la barra, Lucia notó como alguien apoyaba la mano en su hombro.

 –         No me lo puedo creer, que pequeño es el mundo. Como me alegro de verte.

–         Siento no decir lo mismo. Respondió Lucia

 Juan Carlos había desaparecido de la vida de Lucia desde la última noche que coincidieron en Pachá

 –         Te he llamado un montón de veces, te he escrito un millar de mensajes y nunca me has respondido ni nada de nada.

–         Cambié el móvil y perdí todos los números

–         No me creo nada.

–         Si me das tu teléfono, te prometo que esta vez va a ser diferente.

–         ¡No seas tonta Lucia! Le recriminó Cristina. Ya te lo hizo hace unos años y ahora va repetirlo

–         Ya… pero…

–         Tía, no hay peros, además estás con David

 Lucia accedió y le dio el teléfono. Tenía curiosidad por saber que hubiera pasado si hubieran continuado la relación, pero por otro lado se sentía un poco culpable. Casi se habían pegado una vez por ella, y eso que aún no eran pareja. ¿Qué pensaría David si se enteraba? ¿Le estaba siendo infiel por el simple hecho de darle el teléfono? ¿Llamaría Juan Carlos esta vez? Y si así fuera, ¿Qué podría pasar?

 Al llegar a casa puso el móvil a cargar, ya que se había quedado sin batería. Varias llamadas aparecieron en la pantalla y dos mensajes. Abrió la carpeta y vio que uno de ellos era de David que la pedía que cuando llegara a casa  le hiciera una llamada perdida y el otro mensaje era de Juan Carlos: “Te he prometido que esta vez iba a ser diferente, y así será. Que descanses wapa”

 No podía creer lo que estaban leyendo sus ojos. Lucia se desmaquilló y se fue a la cama con una sensación extraña. Antes de dormir, pensó en terminar la relación con David, pero ¿Cómo iba a hacer eso? Estaban comprometidos. El encuentro con Juan Carlos la había hecho reflexionar. Tal vez esta era la ocasión que estaba esperando, ella siempre decía que las casualidades no existen y que si las cosas pasan es por algo. Ni ella misma creía sus propias palabras, pero quería autoconvencerse de que no estaba haciendo nada malo.

Sorpresa!!!

La infancia de David fue bastante dura, además tenía el agravante de su enfermedad. Nació con una enfermedad congénita que marcaría su vida. Debido a su hidrocefalia, pasó mucho tiempo en el hospital. Con tan solo nueve meses tuvieron que operarle porque el líquido cefalorraquídeo le estaba presionando el cerebro. Lucia estaba al tanto de que sufría esa enfermedad, pero realmente no sabía de que se trataba.

 -La hidrocefalia, no es más que la acumulación del líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro, lo que hace que estas se dilaten.

– ¿Y que es lo que sientes?

– Pues principalmente dolor de cabeza, pero el estomago también se me resiente.

– ¿Pero nadie de tu familia tiene esa enfermedad no?

– Es que creo que no es hereditaria, mi madre siempre me ha dicho que es por culpa de mi tía Maribel. Cuando mi madre estaba embarazada de siete meses, le dio una patada en la tripa. Mi tía Isabel y mi madre creen que es por la patada.

– Pues vaya, pero me parece muy fuerte lo de tu tía.

– Ya, pero ya está olvidado. Me han operado unas cuantas veces, y una vez estuve en coma tres días, pero afortunadamente pude salir, aunque tengo que estar con un tratamiento.

– ¿No tiene cura?

– No, pero se puede controlar. Tengo que ir a revisión pero nada más. Ahora mismo estoy bien. Cuando nací los médicos le dijeron a mi madre que no iba a pasar de los catorce años, y mira…

– Bueno, pues ahora toca cuidarse.

 Parecía que todo había vuelto a la normalidad, aunque David quiso volver a pedir disculpas a Lucia por haberle ocultado lo de su padre. Le hizo la promesa de que nunca más volvería a ocultarla nada, aunque aún quedaban cosas que contar, pero que poco a poco lo iría haciendo.

 Pasaba el tiempo y David seguía sin aparecer. Lucia pensaba que era el día ideal para visitar Mahón, ya que no hacía demasiado calor y encima se había nublado un poquito. Pero si David se retrasaba más no podían hacer nada.

 De repente, Lucia escuchó unos suaves golpes en la puerta. Bastante enfadada, se levantó de la cama para abrir. Si, era David.

 –         ¿Dónde estabas?

–         Dando una vuelta

–         Y yo aquí en la habitación, sin poder hacer nada, esperando a que llegaras. Y el móvil apagado

–         Me habré quedado sin batería. Sacó el móvil del bolsillo y descubrió que lo tenía apagado y no podía encenderlo, así que lo puso a cargar.

–         Me hubiera apetecido ir a Mahón, hace un día muy bueno para conocer la ciudad.

–         Si quieres cuando vuelva, nos vamos.

–         ¿Dónde vas ahora?

–         Es que tengo que terminar de solucionar unas cosas

–         Pues me voy contigo

–         No puedes

 Lucía no podía aguantar más la situación. Una mañana perdida y encima tenía que estar más tiempo encerrada en la habitación.

 –         He dicho que me voy contigo

–         Eres una cabezota, haz lo que quieras

–         Pues eso, que me voy

 Al final, Lucia se salió con la suya, aunque no sabía muy bien donde iban. David entró en una joyería, pero le pidió a Lucia que se quedara fuera, que no iba a tardar nada. No entendía nada, ¿Qué necesitaba de una joyería?

David salió con una gran sonrisa dibujada en la cara. Se sentía bien, pero Lucia no dejaba de preguntar.

 –         Que conste que quería hacerlo de otra manera, pero te has puesto tan pesada.

–         Es que no sabes lo que es estar una mañana entera en la habitación

–         He estado buscando un restaurante y una floristería pero no he encontrado nada. Solo esto.

David sacó una pequeña caja de una bolsita de papel duro que le habían dado.

–         ¿Quieres casarte conmigo?

–         Si

 David, le puso el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Lucia rompió a llorar de la emoción y se fundieron en un bonito beso. David había conseguido que el enfado de Lucia desapareciera y que el viaje a Menorca fuera inolvidable para ambos.

Pequeños cambios

No tardó mucho en formalizar la matricula. A continuación fue al banco más cercano para pagar las tasas. Ahora solo tenía que esperar a que empezara el nuevo curso. Casi todas las asignaturas que tenía eran anuales y parecía que este curso iba a resultar algo más duro. Las presentaciones de los profesores y la programación de las materias, asustaron un poco a Lucia, pero este año empezaría con más fuerza.

 Tenía las tardes libres, a veces pasaba apuntes a limpio, pero por lo general no tenía muchas cosas que hacer. Empezó a buscar un trabajo que pudiera compaginar con los estudios y que a la vez le diera algo de autonomía. Firmó un contrato para los meses de navidad en un gran centro comercial en el centro de la ciudad. Era poco tiempo, pero al menos ya podía decir que tenía algo de experiencia.

Al finalizar la jornada, David la esperaba para que no volviera a casa sola. Pero una noche fue diferente, había preparado una sorpresa, pero tenían que darse prisa y correr hasta Príncipe Pío para no perder el autobús. David no quiso decirla nada, pero había preparado, con ayuda de la madre de Lucía, una bonita escapada romántica a Segovia. Llegaron al destino y lo primero que hicieron fue buscar un hotel para pasar la noche. Cerca de la estación había uno que tenía muy buena pinta, así que dejaron el pequeño equipaje y bajaron a un mesón para tomar algo. No había mucho donde elegir ya que casi todas las cocinas estaban cerradas y no tuvieron más remedio que comer un bocadillo. Era diciembre, y el tiempo no acompañaba mucho, una visita al Alcázar y una buena comida en un bar céntrico fue lo único que pudieron visitar. Aún así pudieron captar varios momentos con su cámara analógica, que inmortalizaría este viaje.

 Llegó de nuevo el verano, la primavera había sido un periodo de reflexión. Lucía necesitaba algo de espacio para ella, quería pensar si seguir con David o no. Las cosas estaban cambiando muy rápidamente y aún seguía sintiendo algo por Álvaro, esta vez en silencio. Le costaba mucho reconocer que había empezado la relación con David, para olvidarse de el, pero no era tan sencillo, ya que seguían siendo amigos, pero compartían más que una amistad. Un cariño fraternal les unía y eso no lo podía cambiar nadie.

 Tras dos meses de separación, Lucia y David reanudaron la relación, pero esta vez iba a ser muy distinto. Para empezar con buen pie, decidieron hacer un viaje a Menorca. No podían moverse mucho por allí ya que ninguno de los dos tenía carné de conducir, así que lo de alquilar un coche era misión imposible, así que las opciones eran bastante limitadas. Pasaban las horas en la piscina del hotel haciendo actividades con los animadores o se iban a la playa, buscando calitas donde el turismo no estuviera tan masificado. Una mañana, David se levantó antes que Lucia, dejándola sola en la habitación. Al despertarse se dio cuenta de la situación e intentó llamarle al móvil, pero lo tenía apagado, así que decidió esperar en la habitación, aunque se sentía un poco angustiada a la vez que notaba que su enfado iba en aumento. 

Primera Navidad

Quedaron, como siempre en la parada de metro de Ópera, ya que el autobús de Lucia terminaba allí y David tardaba como unos 10 minutos andando desde su casa. Ya habían quedado más veces y David se sentía muy a gusto cuando estaba con ella. Podía olvidarse por un momento de todas las cargas familiares que tenía y de los problemas que su madre le causaba. Decidió que ese sería el día para revelarle que estaba por ella y que le gustaría que fueran novios, con la esperanza de que ella dijera que si, porque en esos momentos no tenía novio, ni rollo, ni nada parecido, pero lo que el no sabía, es que Lucía estaba enamorada en secreto de Álvaro, el hermano de Cristina y que soñaba todos los días con rozar sus labios y poder cogerle de la mano, pero no como hermanos, que es como se habían comportado siempre, desde que se conocieron en el parque cuando tenían diez años.

 – Ahora mismo no puedo, me gusta otra persona. Me caes muy bien y me gustaría que siguiéramos siendo amigos como hasta ahora.

– Esta bien, seremos amigos. Pero si algún día cambias de opinión, dímelo, que yo te estaré esperando.

– No quiero que me esperes, no se que puede pasar en el futuro. Tú haz tu vida.

– Pero es que no puedo. Yo te voy a esperar siempre, ya eres una parte de mi vida.

 Lucia se quedó sin palabras y agachó la cabeza, no quería mirarle a los ojos, no quería hacerle sufrir más. Mientras David, en el banco de piedra que había sido testigo de aquella conversación, acariciaba con suavidad la mano de Lucia.

 Eran amigos, y como tal quedaban muy a menudo para salir, tomar algo y casi siempre lo hacían a solas, excepto los fines de semana, que quedaban en Arguelles para salir con los amigos.

 Lucia y Cristina, lo pasaban muy allí. Bailaban, se reían, compartían amores imposibles, coqueteaban con algunos chicos, también discutían, pero siempre terminaban perdonándose.

 Álvaro, el amor platónico de Lucia y hermano de Cristina, trabajaba de camarero en uno de los pubs de la zona y era donde mayor tiempo pasaban. Cuando David llegaba, siempre la buscaba allí y sabía muy bien cual era el motivo de que siempre las encontrara allí. Lucia bailaba buscando algo de atención de parte de Álvaro, pero nunca conseguía lo que se proponía.

 Pasaron los meses, por fin llegó la navidad. Como todos los años, Madrid se llenaba de luces, de gente, de gorros de papa Noel y el aire de la ciudad del centro de la ciudad se impregnaba del característico olor de castañas asadas. Al entrar en los centros comerciales, el hilo musical marcaba la época de año que les tocaba compartir.

 – ¿Qué vas hacer en navidades?

– Pues más o menos lo que hago siempre

– Cenas y comidas con la familia ¿y tú?

– Pues aún no lo se… la verdad es que no tengo ganas de estar con mi familia, pero por no estar solo.

– ¿Y en Nochevieja? Me parece que nosotros este año vamos a ir a Kapital, que tenemos muchas ganas. Nos gusta mucho la discoteca. ¿Te apetece venirte? Díselo a José y a estos por si quieren venir.

– Yo voy seguro, los demás me imagino que también.

– Díselo pronto, que tenemos que pillar las entradas, creo que vamos a ir esta semana.

David quería empezar el año al lado de Lucia, y le importaba muy poco si tenía que cenar solo, ya que toda su familia pasaría esa noche fuera de Madrid y no le daría tiempo a llegar al cotillón.

 Todos los que habían decidido pasar la nochevieja en Kapital, quedaron en Atocha para comprar las entradas. Pensaron que el precio que pagaron por ellas les haría disfrutar de una velada inolvidable, ya que tenían barra libre, y eso era una de las cosas que más valoraban en ese momento.

 Lucia preparó cada detalle, además también iba Álvaro y quería que esa noche fuera especial, no podía dejar pasar ni un segundo para intentar conquistarle. Un sencillo vestido negro, que dejaba sus hombros al descubierto, sería ideal para la ocasión, era un vestido elegante que junto a los zapatos negros de medio tacón que se ataban con una hebilla al tobillo, sería perfecto.

 Como cada mañana del 31 de diciembre, Lucia se iba a la peluquería. Esta vez no había mucho que pensar, porque hacía poco que se había cortado el pelo, así que lo mejor era un pelo liso, igual de sencillo que el vestido que luciría esa noche. Al llegar de la peluquería, sacó el vestido del armario y lo puso encima de la cama, pensó que estaría más impecable si lo planchaba, pero no tuvo en cuenta el tejido y le hizo un gran agujero. Muy preocupada porque no tenía plan B para esa noche, llamó a su tía que tenía máquina de coser, para ver si ella podía hacer algo. Afortunadamente su tía hizo un pliegue y disimuló el roto. Cuando se tranquilizó llamó a Álvaro y a Cristina, que determinaron que en cuanto terminaran de cenar y vieran los fuegos artificiales se irían los tres a la discoteca. Así fue, cada cual cenó en su casa con sus familias, tomaron las doce uvas de rigor y se felicitaron el año con efusivos besos y abrazos. Antes de que Lucia terminara la ronda de felicitaciones, llamaron a la puerta, era Álvaro, vestido elegantemente con un traje de chaqueta negro y corbata.

 – Venga, date prisa que van a empezar los fuegos artificiales.

– Espera que cojo el abrigo y enseguida nos vamos.

 Mientras observaban como los fuegos bailaban al ritmo de la música, Lucia no podía dejar de imaginar como Álvaro la cogía por detrás de la cintura y la besaba el cuello. Prefirió no pensar más en esa utopía y centrarse en los fuegos. Sacó el móvil del bolsillo del abrigo y comprobó que tenía varios mensajes, entro ellos uno de David, en que la deseaba un feliz año y la decía que tenía muchas gansa de verla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Encuentro casual

 

Sacó el monedero azul que le había regalado su abuela cuando hicieron ese viaje tan especial a Sevilla. Puso el dinero encima del mostrador negro y recibió unos ticket que le darían derecho a una consumición. Entraron en la discoteca y recorrieron con la mirada cada rincón para elegir el mejor sitio.

 

 Como si de un fantasma se tratase, Lucia se quedó paralizada al ver frente a ella a Juan Carlos. Pensó que no podía ser posible e intentó esquivar su mirada, pero ya era demasiado tarde.

 Once días antes.

– Hola Juan Carlos, por fin puedo hablar contigo.

– He oido tus mensajes en el buzón de voz

– ¿Por qué no me has contestado? Bueno, da igual. Te llamaba para decirte que es muy probable que no volvamos a vernos más.

– ¿Qué ha pasado?

– Nada, a mi padre le han trasladado a Tenerife y nos vamos un año a vivir allí.

– ¿Y no te puedes quedar?

– Es que no quiero quedarme y ya no quiero que sigamos juntos

– Ok, si es tu decisión, pues nada. Que te vaya muy bien

 Con seco adiós colgaron el teléfono y así se dio por finalizada, nuevamente la relación.

 No había traslado, ni viaje a Tenerife, ni nada de nada. Lo que Lucia quería era sacar de su vida a Juan Carlos, ya que estaba haciéndola daño con tanto desprecio hacia ella. Lo que había empezado como una bonita historia de amor, resultó ser un tormento, un castigo que ni ella ni nadie se merecía.

 Parecía que la mentira había colado y que por fin podría empezar desde cero, pero había algo en ella que la hacía volver a pensar en el, en sus primeros encuentros y en las pocas y pequeñas cosas que habían compartido. Una pelicula en el cine y varias noches de discotecas que siempre compartían con otros amigos. Poco tiempo para el romanticismo, pero demasiado para tantas y tantas peleas por teléfono que no hacían más que minar el principio de la relación. Compartieron pasado, pero nunca hicieron planes de futuro

 – ¿Qué haces aquí? ¿No te ibas a Tenerife?

– Si, pero al final nos vamos la semana que viene

– Pues, nada. Que tengas buen viaje

– Gracias

 Se miraron a los ojos durante unos segundos, para acabar con dos besos frios, aun había algo pendiente entre los dos, pero Cristina la agarró de un brazo y señalando a uno de los sofás se la llevó. No quería ver como su amiga volvía a sufrir. Pero todos sus intentos fueron en vano. Lucia solo tenía ojos para el y estuvo vigilando cada uno de sus pasos toda la noche.

 Con unas copas de más y sin que Cristina se diera cuenta, bajó a la pista. No podía controlar sus movimientos y al ritmo de la música, se acercaba milímetro a milímetro a el, que al principio no quería dar crédito a lo que estaba viendo, aunque no parecía que le disgustara. Dejó a su amigo solo, se aproximó a ella y agarrandola fuertemente de la cintura besó sus finos y delicados labios. Fue un beso corto, que tan solo duró unos segundos y que se mezcló con un segundo beso más apasionado, más intenso, pero que fue interrumpido por las voces de Cristina.

 – Pero, ¿Qué haces? Venga, vamonos.

 Como si hubieran roto un hechizo, tuvieron que despedirse, no si antes confesarle que el viaje a Tenerife era una mentira y que seguiría viviendo en Madrid, con la esperanza de dejar una puerta abierta.

 Mientras tanto, todos los amigos esperaban, excepto David que se impacientaba. Cristina le había contado la historia por encima y lo mal que lo había pasado su amiga todo el verano. Cuando salieron, David y Juan Carlos cruzaron las miradas y sin pronunciar una palabra David lanzó unos puñetazos hacia la cara de Juan Carlos que reaccionó a tiempo para evitar el golpe. No hubo que lamentar nada y al final cada uno se fue por su lado.

 Otra noche más que terminó con un paseo hacia casa de Lucia, acompañada de David, aunque no fue tan agradable ya que lo único que se escuchaba eran los tacones de Lucia al caminar por las calles silenciosas de su barrio.

No está nada mal

He visto las visitas de mi blog y me he quedado gratamente sorprendida. He avanzado algo de la historia y creo puedo publicarlo. Solo tengo un pero… aunque lo dejaré para más adelante. Muchas gracias a todos los que me habeis leido

Llegó el temido y a la vez esperado día de la entrega de notas. A las diez de la mañana tenía que estar en el colegio para saber que sería de su vida a partir de ese día. Subió a la sala de profesores donde estaban reunidos algunos de los que le dieron clase durante el último curso y antes de que pudiera ver el resultado de los exámenes, los profesores la felicitaron amablemente porque había aprobado la selectividad. No podía creerlo e inmediatamente pidió el cartón donde podía leer las notas de cada uno de los ejercicios. La primera que buscó fue la de filosofía. Su sorpresa fue mayúscula cuando vio que era un 8 lo que le habían puesto, y no era porque no se lo mereciera, sino porque la profesora que había tenido siempre le ponía unas notas muy bajas y pensaba que esta vez no sería diferente, pero se equivocó. Fue repasando una a una las notas y estuvo de acuerdo con todas, así que muy contenta se marchó a casa pensando que no podría estudiar periodismo, pero a lo mejor podría comenzar alguna carrera que le permitiera escribir en un periódico o participar en alguna tertulia. Al llegar a casa, su madre esperaba ansiosa el resultado:

 – He aprobado.

 – ¡Que ilusión, hija! Bueno, ahora tendrás que decidir que quieres estudiar ¿no?

 – Si, tendré que mirar, mi primera opción es periodismo y mi segunda turismo. En las dos piden más nota, pero bueno yo lo voy a pedir.

 – ¿Cuántas puedes pedir?

 – Pues hasta seis creo. Mañana mismo iré a por la preinscripción y ya veremos que pasa.

 – Llama a tu padre y a los abuelos

 – Si, ahora mismo. Por cierto, este viernes, ¿ya puedo salir no?

 – Si, pero tampoco te despistes mucho que vas a empezar la universidad y eso es mucha responsabilidad.

 Quería contarle a todo el mundo que había aprobado, pero especialmente a Juancarlos. Le llamó un montón de veces, pero imposible localizarlo, así que desistió y decidió dar por concluida una relación de casi tres meses que apenas había existido. Prácticamente era universitaria y sus ideales debían ser otros.

 A la mañana siguiente, se dirigió al rectorado de la universidad para solicitar los impresos necesarios para cursar los estudios universitarios, por los cuales había estado luchando todo el verano. Rellenó cada casilla y entregó las fotocopias necesarias para que llegara a buen puerto su solicitud de admisión. Ya solo quedaba esperar los veinte días que como máximo la dijeron que tardarían en darla una contestación. Serían sus mini vacaciones, ya que durante todo el verano había estado madrugando y estudiando.

 Mientras llegaba la carta, hacía planes con sus amigos, aunque no todos los que hubiera querido, ya que la mayoría ya habían empezado las clases.

 – Hola, ¿está Cristina?

 – Hola Lucía, si. Ahora mismo se pone.

 – Hola Cris, ¿Qué vamos a hacer esta tarde? ¿Vamos a Kapital?

 – A mi me apetece ir a Arguelles, mi hermano se encontró con uno de su clase y me presentó a un grupo de chicos que parecen majos. Lo malo es que suelen ir tarde.

 – Yo es que tengo muchas ganas de ir a Kapital, he estado todo el verano sin poder ir. Si quieres, vamos a Kapital hasta las diez y media que es cuando termina la sesión light y después nos vamos a Arguelles y me presentas a esos chicos, ¿te parece bien?

 A Cristina no le convencía mucho esa idea, pero después de pensarlo durante unos segundos, comprendió que era la opción más justa para las dos, además los amigos de su hermano no llegarían hasta más tarde, así que al final aceptó la propuesta de Lucia.

 Quedaron a las siete en la puerta del Mc Donalds de Atocha, ya que a 200 metros se encontraba la discoteca de moda en aquel momento. Había mucha gente, no habían contado que era la fiesta de despida del verano y que Dj Nano estaba invitado. La cola para entrar daba la vuelta a la manzana.

 – Creo que deberíamos ir a otro lado ¿no?

 – A mi me apetece mucho entrar, pero vamos, que viendo la cola que hay se me quitan las ganas.

 – Si quieres vamos a dar una vuelta, hacemos algo de tiempo y nos vamos a Arguelles. Mi hermano ya estará allí.

 – Bueno si no hay otra opción …

 – Venga vamos a coger el metro.

 Cristina no quería que Lucia se arrepintiera de su decisión y se marcharon rápidamente al metro. Durante el viaje fueron hablando y Cristina le contó que los chicos que había conocido eran muy simpáticos, y que creía que uno de ellos estaba por ella, porque el fin de semana pasado le había regalado una rosa que aún conservaba.

 – Pero, ¿a ti te gusta?

 – ¡Que va! Es majo, muy simpático, pero creo que no.

 – ¿Cómo que crees? Eso se sabe. Te gusta o no te gusta

 – Que no, que no. También hay una pareja, Sergio y Elena. Son súper graciosos. Están todo el día discutiendo pero luego se reconcilian y como si nada

 – Próxima estación Moncloa. Estación en curva. Al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y anden .

 Se sabían la locución de memoria y entre risas la entonaron a la vez. El viaje había concluido. Salieron del vagón casi empujones de la gente que había y tomaron rumbo a la bocatería que tanto les gustaba para no tener el estomago vacío y a la vez hacer algo de tiempo.

 – Yo quiero unos de bacón con queso, pero solo el bacón y el queso, sin pimientos ni salsas.

 – Ahora nos tocará esperar un poco más. Bueno da igual, no tenemos prisa. Yo quiero uno de pollo con lechuga, tomate y mayonesa.

 Lucia y Cristina siempre pedían lo mismo. Esperaron su bandeja con el pedido y pagaron. Se sentaron en una de las mesas que había libre y siguieron hablando.

 – He llamado a Juancarlos para decirle lo de la selectividad, pero no he podido hablar con el.

 – Ya sabes lo que te dijo Vero, que te estaba poniendo los cuernos y que la última fue su prima.

 – Lo se, pero el me ha jurado que todo eso es mentira, que Vero está despechada y quiere que lo dejemos.

 – Bueno, pues al final lo ha conseguido ¿no?

 – Si, pero gustaría volver a verle. Creo que le voy a llamar para decirle que estoy en los bajos y que se pase un rato

 – Como eres, pero bueno tu sabrás lo que haces.

 Terminaron el bocata, también la conversación y se fueron caminando hasta Arguelles. Sabían perfectamente a que sitios tenían que ir. La primera parada fue La Luna. Al abrir la puerta vieron una barra vacía con la camarera esperando a que alguien se acercara y no muy lejos un Dj con una gran coleta que pinchaba los temas dance del momento. Justo enfrente de la barra había unos escalones donde la gente subía a bailar o se sentaban para descansar. Allí estaba uno de los chicos que Cristina había conocido.

 – Hola Cristina.

 – Hola Juanjo. Mira esta es Lucia

 – Encantado.

 – Igualmente. Lucia no sabía muy bien que decir, así que miró buscando a alguien conocido, pero no había nadie, Alberto el hermano de Cristina tampoco había llegado.

 – ¿Cuándo vienen los demás?

 – Pues tienen que estar a punto de llegar, menos David, que ha llamado para decir que llegará más tarde. Por ahí viene José.