sin titulo

Cuando volvieron del viaje no comentaron nada del compromiso que habían adquirido, aunque si dieron detalles de los lugares que habían visitado. No habían parado ni un instante. El puerto de Ciutadella fue uno de los sitios que más impresionó a Lucia. Sus calles rezumaban historia, llenas de palacios y casas señoriales. Podía imaginar como era la vida de aquellas personas; nobles, aristócratas… Al pasear por la muralla pudo transportase por un momento a la edad media. El guía de la excursión les explicó multitud de curiosidades:

 –         No hace mucho tiempo, esta era la capital de Menorca. Aún podemos percibir en sus edificios la presencia de la nobleza y de la iglesia ya que nos han dejado varios ejemplos como la catedral o el obispado.

 Tras la visita cultural, también habían estado varias playas y calas. Les parecía casi imposible que en aquella isla tan pequeña hubiera tantas y tan variadas. El tiempo les acompañó durante toda la estancia en la isla y el transporte, aunque era escaso, les permitió recorrerla y ver todo aquello que Lucía había planeado con la ayuda de una guía que había comprado en una pequeña librería en Madrid. Solo les quedó por visitar Mahón, la espinita clavada de Lucia, pero pensó que habría más ocasiones y que lo que había vivido en ese viaje no lo cambiaba por nada.

 De momento querían guardar el secreto y hasta que no estuvieran más seguros no querían anunciar el gran paso que iban a dar juntos. Pero la madre de Lucia era muy observadora, a la vez que curiosa o tal vez cotilla y no pudo evitar preguntar que significaba la alianza que llevaba puesta en el dedo anular de su mano derecha. Lucia, no tuvo más remedio que contestar:

 –         ¡David me ha pedido que me case con el!

–         Pero si lleváis muy poco tiempo juntos

–         No tan poco mama, además aún no hemos decidido fecha ni nada. Es para dentro de un tiempo.

–         Bueno hija, si es lo que quieres. Yo no estoy convencida de que David sea el hombre de tu vida…

–         Ya, siempre estás con lo mismo…

 Fue corriendo a su habitación para hablar con David de lo que había sucedido, aunque evitó algunas partes de la conversación.

 Unos meses más tarde, Cristina y Lucia decidieron hacer una noche de chicas. Para Cristina no era muy difícil porque aún no tenía pareja y Lucia también lo tenía bastante fácil porque David aceptaba todas y cada una de las decisiones de su novia. Aún hacía calor y Lucia decidió ponerse unos pantalones piratas azules y una camisa a cuadros que se anudaba en el pecho y que dejaba al descubierto el piercing que se había hecho tiempo atrás en el ombligo. Quedaron en Joy Eslava. Pagaron la entrada que les daba derecho a una consumición y dejaron el bolso en el ropero, ya que les gustaba estar libres para poder bailar sin tener que estar vigilando sus pertenencias. Fueron a pedir una copa, cuando se estaban acercando a la barra, Lucia notó como alguien apoyaba la mano en su hombro.

 –         No me lo puedo creer, que pequeño es el mundo. Como me alegro de verte.

–         Siento no decir lo mismo. Respondió Lucia

 Juan Carlos había desaparecido de la vida de Lucia desde la última noche que coincidieron en Pachá

 –         Te he llamado un montón de veces, te he escrito un millar de mensajes y nunca me has respondido ni nada de nada.

–         Cambié el móvil y perdí todos los números

–         No me creo nada.

–         Si me das tu teléfono, te prometo que esta vez va a ser diferente.

–         ¡No seas tonta Lucia! Le recriminó Cristina. Ya te lo hizo hace unos años y ahora va repetirlo

–         Ya… pero…

–         Tía, no hay peros, además estás con David

 Lucia accedió y le dio el teléfono. Tenía curiosidad por saber que hubiera pasado si hubieran continuado la relación, pero por otro lado se sentía un poco culpable. Casi se habían pegado una vez por ella, y eso que aún no eran pareja. ¿Qué pensaría David si se enteraba? ¿Le estaba siendo infiel por el simple hecho de darle el teléfono? ¿Llamaría Juan Carlos esta vez? Y si así fuera, ¿Qué podría pasar?

 Al llegar a casa puso el móvil a cargar, ya que se había quedado sin batería. Varias llamadas aparecieron en la pantalla y dos mensajes. Abrió la carpeta y vio que uno de ellos era de David que la pedía que cuando llegara a casa  le hiciera una llamada perdida y el otro mensaje era de Juan Carlos: “Te he prometido que esta vez iba a ser diferente, y así será. Que descanses wapa”

 No podía creer lo que estaban leyendo sus ojos. Lucia se desmaquilló y se fue a la cama con una sensación extraña. Antes de dormir, pensó en terminar la relación con David, pero ¿Cómo iba a hacer eso? Estaban comprometidos. El encuentro con Juan Carlos la había hecho reflexionar. Tal vez esta era la ocasión que estaba esperando, ella siempre decía que las casualidades no existen y que si las cosas pasan es por algo. Ni ella misma creía sus propias palabras, pero quería autoconvencerse de que no estaba haciendo nada malo.

Sorpresa!!!

La infancia de David fue bastante dura, además tenía el agravante de su enfermedad. Nació con una enfermedad congénita que marcaría su vida. Debido a su hidrocefalia, pasó mucho tiempo en el hospital. Con tan solo nueve meses tuvieron que operarle porque el líquido cefalorraquídeo le estaba presionando el cerebro. Lucia estaba al tanto de que sufría esa enfermedad, pero realmente no sabía de que se trataba.

 -La hidrocefalia, no es más que la acumulación del líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro, lo que hace que estas se dilaten.

– ¿Y que es lo que sientes?

– Pues principalmente dolor de cabeza, pero el estomago también se me resiente.

– ¿Pero nadie de tu familia tiene esa enfermedad no?

– Es que creo que no es hereditaria, mi madre siempre me ha dicho que es por culpa de mi tía Maribel. Cuando mi madre estaba embarazada de siete meses, le dio una patada en la tripa. Mi tía Isabel y mi madre creen que es por la patada.

– Pues vaya, pero me parece muy fuerte lo de tu tía.

– Ya, pero ya está olvidado. Me han operado unas cuantas veces, y una vez estuve en coma tres días, pero afortunadamente pude salir, aunque tengo que estar con un tratamiento.

– ¿No tiene cura?

– No, pero se puede controlar. Tengo que ir a revisión pero nada más. Ahora mismo estoy bien. Cuando nací los médicos le dijeron a mi madre que no iba a pasar de los catorce años, y mira…

– Bueno, pues ahora toca cuidarse.

 Parecía que todo había vuelto a la normalidad, aunque David quiso volver a pedir disculpas a Lucia por haberle ocultado lo de su padre. Le hizo la promesa de que nunca más volvería a ocultarla nada, aunque aún quedaban cosas que contar, pero que poco a poco lo iría haciendo.

 Pasaba el tiempo y David seguía sin aparecer. Lucia pensaba que era el día ideal para visitar Mahón, ya que no hacía demasiado calor y encima se había nublado un poquito. Pero si David se retrasaba más no podían hacer nada.

 De repente, Lucia escuchó unos suaves golpes en la puerta. Bastante enfadada, se levantó de la cama para abrir. Si, era David.

 –         ¿Dónde estabas?

–         Dando una vuelta

–         Y yo aquí en la habitación, sin poder hacer nada, esperando a que llegaras. Y el móvil apagado

–         Me habré quedado sin batería. Sacó el móvil del bolsillo y descubrió que lo tenía apagado y no podía encenderlo, así que lo puso a cargar.

–         Me hubiera apetecido ir a Mahón, hace un día muy bueno para conocer la ciudad.

–         Si quieres cuando vuelva, nos vamos.

–         ¿Dónde vas ahora?

–         Es que tengo que terminar de solucionar unas cosas

–         Pues me voy contigo

–         No puedes

 Lucía no podía aguantar más la situación. Una mañana perdida y encima tenía que estar más tiempo encerrada en la habitación.

 –         He dicho que me voy contigo

–         Eres una cabezota, haz lo que quieras

–         Pues eso, que me voy

 Al final, Lucia se salió con la suya, aunque no sabía muy bien donde iban. David entró en una joyería, pero le pidió a Lucia que se quedara fuera, que no iba a tardar nada. No entendía nada, ¿Qué necesitaba de una joyería?

David salió con una gran sonrisa dibujada en la cara. Se sentía bien, pero Lucia no dejaba de preguntar.

 –         Que conste que quería hacerlo de otra manera, pero te has puesto tan pesada.

–         Es que no sabes lo que es estar una mañana entera en la habitación

–         He estado buscando un restaurante y una floristería pero no he encontrado nada. Solo esto.

David sacó una pequeña caja de una bolsita de papel duro que le habían dado.

–         ¿Quieres casarte conmigo?

–         Si

 David, le puso el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Lucia rompió a llorar de la emoción y se fundieron en un bonito beso. David había conseguido que el enfado de Lucia desapareciera y que el viaje a Menorca fuera inolvidable para ambos.

Día de verano

 

David no quería dejar pasar la ocasión. Pretendía que el viaje fuera especial, así que se informó en los hoteles cercanos de cuanto costaría pasar una noche, con desayuno incluido. Hubo que le gustó mucho y que no se salía demasiado de su presupuesto. Además pretendía adornar la habitación con flores. Pensó que sería el lugar ideal para demostrar su amor hacia ella, pero quería contar con el beneplácito de la que en un futuro podría ser su suegra.

 

 – Me gustaría preparar una sorpresa para Lucia, pero quería preguntarte antes que te parece.

 

– Dime.

 

– He estado mirando hoteles y me gustaría pasar una noche a solas con Lucia.

 

– ¿Para que te vas a gastar el dinero?

 

– Es que no tenemos intimidad, además solo sería una noche

 

– No me parece buena idea.

 

 A David, no le gustó mucho la respuesta, pero tuvo que admitirla sin más. No estaba contento y su cara reflejaba su estado de ánimo. Fernando, el tío de Lucia, intentó animarle y le dio una alternativa que parecía factible y que no podía rechazar.

 

 Todos los días visitaban playas nuevas, siempre fuera de la localidad en donde estaban alojados. La idea era muy sencilla, pero a la vez podía resultar efectiva. No asistirían a una de las jornadas playeras, para disfrutar de la casa a solas. Se quedarían con la excusa de visitar el pueblo. David recuperó la ilusión y empezó a darle vueltas a ese día tan maravilloso que les esperaba.

 

 Nadie comentó nada, David y Lucia no irían a Conil, porque se iban a quedar visitando San Lucar de Barrameda. Por la mañana, antes de que se levantara nadie, David se levantó para traer el desayuno de Lucia, un batido de helado de chocolate en vaso de plástico, con una pajita y un croissant. También hizo una parada en la farmacia, ya que quería evitar un disgusto. La despertó con un tierno beso en la mejilla y suaves caricias en la espalda.

 

 – Hoy es nuestro día, podemos hacer lo que queramos.

 

– Que bien, ¿me has traído el desayuno?

 

– Si, quiero que hoy sea un día muy especial

 

– Muchas gracias, me siento como una princesa.

 

 Insistieron unas cuantas veces e intentaron convencerles para que se fueran a la playa con ellos, pero ya tenían en mente lo que querían y ese no era su plan. Por fin la casa se quedó vacía y se quedaron en la cama un ratito más. Los besos y caricias se repartían por todo el cuerpo. David no quería dejar ni un centímetro de la suave piel de Lucia sin recorrer con sus labios. Era la situación ideal, no habían compartido otro momento igual en los meses que llevaban juntos, ya que nunca era el apropiado o no encontraban ese lugar para transformar su amor y convertirse en un solo ser durante unos instantes.

 

 Todo marchaba bien, pero David estaba demasiado nervioso, parecía que fuera su primera vez, y quizá algo de eso si había. Era su primera vez con amor y se sentía tan especial que no pudo hacer nada, nada más que lamentarlo y pedir disculpas una y otra vez a Lucia por lo que había sucedido. Lucia comprendió la situación e intentó quitar hierro al asunto. Compartieron una ducha, se vistieron y salieron a dar una vuelta y comer. Por fin comían a una hora normal y no tardaron mucho en servirle la comida que habían pedido. Hacía mucho calor, y decidieron que lo mejor sería volver a la casa para evitar las peores horas de sol. Volvieron a la cama, pero esta vez para dormir la siesta y olvidar lo que había pasado por la mañana. Cuando se despertaron, dieron un largo paseo por la playa, dialogando sobre lo que harían cuando volvieran a Madrid. David tendría que regresar unos días antes para incorporarse al trabajo y Lucia pensó en regresar con el.

 

 – Creo que es mejor que te quedes aquí los tres días que quedan. Yo voy a estar bien. En el AVE solo tardo dos horas en llegar a Madrid

 

– Pero es que me apetece irme contigo, además me hace mucha ilusión montar en el AVE.

 

– Como quieras, pero antes de nada pregúntaselo a tus padres. 

Comienzo del verano

– Ya nos hemos enterado de que tienes novio.

– Bueno, estoy empezando con un chico, llevo muy poco tiempo con el.

– Se vendrá a Cádiz ¿no?

– Pues no le he dicho nada, pero la verdad es que me gustaría.

 Tras esta conversación con su primo Alejandro, Lucia muy entusiasmada buscó en su bolso vaquero su móvil verde. Comenzó a pulsar las teclas del teléfono, estaba escribiendo a David, para comentarle la noticia. Pasaron dos minutos y sonó el teléfono.

 – David, ¿Cuándo tienes vacaciones?

– Desde el 18 de julio hasta el 31 de agosto ¿por?

– Es que estoy con mis primos en un bar, organizando el viaje a Cádiz y me han preguntado si te quieres venir

– Claro, me apetece un montón, pero no conozco a casi nadie.

– Por eso no te preocupes… yo te los presento antes de que nos vayamos. Eso si, tienes que pagar tu parte de la casa.

-Vale, no hay problema ¿Mañana nos vemos?

– Si, ya he terminado los exámenes.

– ¿Qué tal te han salido?

– Pues me he dejado alguna para septiembre, pero bueno, ya veremos

 Lucia se marchó a Valencia con un grupo de amigos. Echaba de menos a David e incluso pensaba que podía serle infiel, pero se repuso y dejó de tener esos pensamientos. No conocía a casi nadie del grupo, pero aún así se integró rápidamente. Lucia era una chica muy sociable y risueña. Una chica muy normal, quizá algo irresponsable, pero con casi veinte años no se le exigía mucho más.

 La semana pasó sin muchas novedades. Por la mañana iban a la playa, y luego a la piscina. Comían, reposaban la comida y repetían el ritual de la mañana. Un día decidieron ir caminando hasta el pueblo contiguo por la costa. Tan solo eran tres kilómetros, cerca de una hora es lo que calcularon que tardarían en llegar, pero no contaron con los accidentes geográficos que podían encontrar. Tuvieron que atravesar una especie de laguna y las chicas del grupo se habían arreglado más de la cuenta. Llegaron al pueblo, atravesaron la playa y enseguida estuvieron en el paseo marítimo. Quisieron inmortalizar el momento y posaron sentados en un banco de piedra. La foto quedaría bonita. Todos los que habían ido al viaje, descansando de la caminata, con un bonito fondo; el mar y la puesta de sol. Caminaron hasta el final del paseo, encontraron varios puestos de artesanía y Lucia decidió comprar unas figuras de arena para sus hermanas, dentro de las cuales estaba escrito sus nombres con letras de purpurina de varios colores. Uno tenía forma de pez y el otro un sol. Para ella no quiso nada, no le gustaban mucho los abalorios y la mayoría de los puestos ofrecían pulseras, anillos, colgantes…

 Empezó a anochecer, y decidieron que tenían que volver, así deshicieron sus pasos y regresaron al apartamento. Dos días más tarde, estaban haciendo las maletas para volver a Madrid. Cuando llegaron, David, Cristina y Juanjo, estaban esperando en Atocha. David y Lucia se fundieron en un abrazo y tierno beso que demostraba que estaba ansioso por verla, abrazarla, tocarla, mirarla… Tras el reencuentro fueron a casa de Lucia para que se duchara y se cambiara de ropa. Era sábado y estaban todos los amigos estaba esperando que llegara Lucia para darla la bienvenida. En Arguelles, la conocían casi todos y la saludaron efusivamente. También hubo presentaciones, nuevos amigos se habían incorporado accidentalmente al grupo.

 – Hola, soy Juan.

– Hola encantada. ¿De que os conocéis? Se volvió hacia David esperando una respuesta.

– Pues por una confusión. Sergio pensaba que  se quería liar con Elena. Íbamos a por el y casi nos pegamos. Pero estuvimos hablando y ahora somos amigos

– Vaya historia, ya me contareis más despacio.

El verano transcurrió con mucha normalidad. Antes de que quisieran darse cuenta, llegó el quince de agosto, fecha que tenían prevista para iniciar el viaje a Cádiz. El coche era pequeño y tenían que ir cinco personas, dos perros y las maletas de cada uno. Las disputas por las ventanillas era ya todo un clásico, así que lo sortearon, y aunque a David le tocó la ventanilla y Lucia tenía que hacer el viaje en el sitio de en medio, dejó que fuera ella la que disfrutara de ese privilegio.

 Hicieron varias paradas para estirar las piernas, comer algo y echar gasolina. Llegaron a media mañana, buscaron la casa y se acomodaron lo mejor posible. En realidad eran dos casas que estaban comunicadas por un patio de luces, adornado con macetas de varios tipos que contenían hermosas flores. La fachada de la casa era blanca y tan solo el azul de las ventanas aportaba algo de color al barrio. Cuando comprobaron que todo estaba bien y tras dar una vuelta por el pueblo, se cambiaron de ropa, y se fueron a la playa, para aprovechar lo que quedaba de sol. Los demás fueron llegando poco a poco y se iban instalando conforme a lo que habían quedado. David y Lucia tendrían habitación propia hasta que llegaran Roberto y Patricia, luego tendrían que dormir en un colchón en el suelo del salón de una de las casas. Las casas se dividieron por edades. Los mayores y los más pequeños se quedaron con la exterior y los jóvenes, entre los cuales estaban ellos, se quedaron en la interior. No había grandes diferencias entre las casas y lo único que querían era estar juntos y pasarlo bien. Una noche salieron en busca de una zona de marcha, pero les dijeron que tenían que irse a un pueblo vecino, y como no tenían medio de transporte, decidieron quedarse en la playa del pueblo contemplando las estrellas y escuchando como las olas rompían en la playa. Había luna llena y bajo su luz se tumbaron en la arena, que aún conservaba el calor que el sol le había traspasado durante toda la jornada. David empezó a besarla, ya no era el chico que daba aquellos besos arrebatadores, ahora desprendía más dulzura, pero también transmitían pasión y amor, ese amor incondicional que quería entregar a Lucia durante su estancia en la “tacita de plata”. No lo tenían fácil, ya que Roberto y Patricia llegaron a los dos días de estar allí y no disfrutaban de su intimidad porque su cama estaba en un punto de paso, así que optaron por frenar su pasión y dejarlo para algún otro momento, pero sin renunciar a los besos y caricias que antes de dormir compartían. 

Oportunidad

 

No podía creérselo, todo este tiempo le había estado rechazando por la entupida sensación de que Álvaro, algún día le daría la esperada oportunidad que pedía para poder demostrarle que ella era el amor de su vida, pero nunca llegaba y pensó que tal vez, estaba dejando pasar muchos trenes.

 

 David era uno de esos trenes que pasan por la estación haciendo mucho ruido y que muchas personas querrían coger, pero que justo en esa estación, este tren no tiene parada.

 

 Tras pasar una tarde más, Lucia se auteconvenció de que David podría ser el idónea para comenzar una relación e intentar olvidarse de Álvaro. Se metió en la cama, cogió el móvil y tras pensarlo unas cuantas veces y escribir el mensaje una y otra vez, optó por mandarle uno, que volvía a abrir una puerta e insinuaba que a partir de ese momento dejarían de ser amigos para convertirse el algo más, si el estaba de acuerdo, aunque la primera condición que puso Lucia era que tenía que hablar con Virginia y que hasta entonces no se verían.

 

 Como era de esperar, David aceptó todas y cada una de las propuestas de Lucia. Lo primero que hizo David fue llamar a Virginia para comentarla que las cosas habían cambiado, que ya estaba avisada y que desde ahora solo serían amigos, porque iba empezar una relación con Lucia. Estaba tan entusiasmado con la idea que no pensó en los sentimientos de Virginia, ni el daño que le podía ocasionar. No podía dejar de imaginar como sería el reencuentro con su chica. Ahora si podía afirmarlo, era su novia.

 

 La cita era en Arguelles, allí se verían, donde se conocieron y donde empezarían a caminar por el mismo sendero y a compartir más cosas de las que ellos imaginaban, aunque también tendrían que renunciar a otras muchas.

 

 – Este verano no podremos pasarlos juntos. Antes de que empezaramos a salir, ya me había comprometido con Lidia para irme de vacaciones a un pueblo de Valencia.

 

– Ok, no hay problema, aunque al ser el primer verano, me gustaría estar contigo.

 

– Solo va a ser una semana. Luego me iré a Cadiz con mi familia, vamos a alquilar una casa porque somos un montón

 

– ¿Y cuando te vas a Cadiz?

 

– La segunda quincena de agosto

 

 Tras esta conversación, todo marchaba igual. Lucia y Cristina seguían pululando por todos los bares de Arguelles, cuando se aburrían de escuchar la misma música se iba a otro sitio. Lucia no notaba la diferencia, quizá porque David tardó algo más de dos semanas en darle el primer beso, que sirvió de despedida una noche que la acompañó hasta su casa. La ventana de un local que se alquilaba fue el testigo de ese primer beso. David dudó, pero fue Lucia quien tomó la iniciativa. David era impulsivo y toda su fuerza la puso en el beso. Apasionado, pero carente de personalidad. Lucia por el contrario, intentaba que fuera un beso más lento. Volvieron a despedirse. Esta vez fue un frágil beso en los labios. 

Nochevieja

 

Llegaron más tarde de lo previsto porque había demasiado tráfico y no habían contado con ello. Intentaron localizar a los que ya estaban dentro, pero como era de suponer no oían los móviles por la música que recorría las siete plantas que componían la discoteca. La primera, música dance, para los más bakalas; en la segunda los roperos y el karaoke, en el que no solí haber mucha gente. En la tercera y en la cuarta música funky; la quinta era para los más bailones, con música pachanguera y latina. Estaba separada por unos puertas de cristal, aunque no podía distinguirse nada del interior por la gran nube de humo que se formaba en el interior. En la sexta estaba el cine, las películas que se visionaban en el no del interés de ninguno de los que estaban en la sala y los cómodos sofás, tenían otra utilidad. La séptima era una terraza, donde a veces se hacían bocatas, perritos calientes o hamburguesas y se podía jugar al futbolín, además de entablar una conversación sin la necesidad de dar gritos o elevar la voz.

 

 Lucia, pensó que la mejor opción sería ir entrando y mandar en mensaje de texto por el móvil, indicando a los que estaban dentro que ellos esperarían en la segunda planta a que llegaran a buscarlos.

 

 No tardaron mucho, enseguida aparecieron todos con la media etiqueta que requería la ocasión. Lo primero que hicieron fue dejar las cosas en el guardarropa, querían estar lo más libre posible para beber y bailar lo que quedara de noche.

 

 – Tenemos que hablar

 

– Dime Cris, me estás preocupando.

 

– Me ha dicho David que se ha liado con una de su trabajo.

 

– Bueno, a mi me da igual, el sabrá. Me parece un poco falso, pero ya hablaré con el.

 

– Me ha dicho que no te diga nada.

 

– Si te lo ha dicho a ti, es por que quiere que me lo cuentes, pero que a mi me da igual, ya le dije lo que le había.

 

 Continuaron la fiesta, bebieron, rieron, bailaron y lo pasaron fenomenal hasta que a las seis de la mañana, los organizadores de la fiesta, la dieron por concluida y despejaron a todos lo que estaban allí, así que cogieron sus cosas y se fueron a buscar una churrería para desayunar el clásico de la mañana de nochevieja: chocolate con churros, ideal para calentarse y para bajar un poco el alcohol consumido hasta ese momento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera Navidad

Quedaron, como siempre en la parada de metro de Ópera, ya que el autobús de Lucia terminaba allí y David tardaba como unos 10 minutos andando desde su casa. Ya habían quedado más veces y David se sentía muy a gusto cuando estaba con ella. Podía olvidarse por un momento de todas las cargas familiares que tenía y de los problemas que su madre le causaba. Decidió que ese sería el día para revelarle que estaba por ella y que le gustaría que fueran novios, con la esperanza de que ella dijera que si, porque en esos momentos no tenía novio, ni rollo, ni nada parecido, pero lo que el no sabía, es que Lucía estaba enamorada en secreto de Álvaro, el hermano de Cristina y que soñaba todos los días con rozar sus labios y poder cogerle de la mano, pero no como hermanos, que es como se habían comportado siempre, desde que se conocieron en el parque cuando tenían diez años.

 – Ahora mismo no puedo, me gusta otra persona. Me caes muy bien y me gustaría que siguiéramos siendo amigos como hasta ahora.

– Esta bien, seremos amigos. Pero si algún día cambias de opinión, dímelo, que yo te estaré esperando.

– No quiero que me esperes, no se que puede pasar en el futuro. Tú haz tu vida.

– Pero es que no puedo. Yo te voy a esperar siempre, ya eres una parte de mi vida.

 Lucia se quedó sin palabras y agachó la cabeza, no quería mirarle a los ojos, no quería hacerle sufrir más. Mientras David, en el banco de piedra que había sido testigo de aquella conversación, acariciaba con suavidad la mano de Lucia.

 Eran amigos, y como tal quedaban muy a menudo para salir, tomar algo y casi siempre lo hacían a solas, excepto los fines de semana, que quedaban en Arguelles para salir con los amigos.

 Lucia y Cristina, lo pasaban muy allí. Bailaban, se reían, compartían amores imposibles, coqueteaban con algunos chicos, también discutían, pero siempre terminaban perdonándose.

 Álvaro, el amor platónico de Lucia y hermano de Cristina, trabajaba de camarero en uno de los pubs de la zona y era donde mayor tiempo pasaban. Cuando David llegaba, siempre la buscaba allí y sabía muy bien cual era el motivo de que siempre las encontrara allí. Lucia bailaba buscando algo de atención de parte de Álvaro, pero nunca conseguía lo que se proponía.

 Pasaron los meses, por fin llegó la navidad. Como todos los años, Madrid se llenaba de luces, de gente, de gorros de papa Noel y el aire de la ciudad del centro de la ciudad se impregnaba del característico olor de castañas asadas. Al entrar en los centros comerciales, el hilo musical marcaba la época de año que les tocaba compartir.

 – ¿Qué vas hacer en navidades?

– Pues más o menos lo que hago siempre

– Cenas y comidas con la familia ¿y tú?

– Pues aún no lo se… la verdad es que no tengo ganas de estar con mi familia, pero por no estar solo.

– ¿Y en Nochevieja? Me parece que nosotros este año vamos a ir a Kapital, que tenemos muchas ganas. Nos gusta mucho la discoteca. ¿Te apetece venirte? Díselo a José y a estos por si quieren venir.

– Yo voy seguro, los demás me imagino que también.

– Díselo pronto, que tenemos que pillar las entradas, creo que vamos a ir esta semana.

David quería empezar el año al lado de Lucia, y le importaba muy poco si tenía que cenar solo, ya que toda su familia pasaría esa noche fuera de Madrid y no le daría tiempo a llegar al cotillón.

 Todos los que habían decidido pasar la nochevieja en Kapital, quedaron en Atocha para comprar las entradas. Pensaron que el precio que pagaron por ellas les haría disfrutar de una velada inolvidable, ya que tenían barra libre, y eso era una de las cosas que más valoraban en ese momento.

 Lucia preparó cada detalle, además también iba Álvaro y quería que esa noche fuera especial, no podía dejar pasar ni un segundo para intentar conquistarle. Un sencillo vestido negro, que dejaba sus hombros al descubierto, sería ideal para la ocasión, era un vestido elegante que junto a los zapatos negros de medio tacón que se ataban con una hebilla al tobillo, sería perfecto.

 Como cada mañana del 31 de diciembre, Lucia se iba a la peluquería. Esta vez no había mucho que pensar, porque hacía poco que se había cortado el pelo, así que lo mejor era un pelo liso, igual de sencillo que el vestido que luciría esa noche. Al llegar de la peluquería, sacó el vestido del armario y lo puso encima de la cama, pensó que estaría más impecable si lo planchaba, pero no tuvo en cuenta el tejido y le hizo un gran agujero. Muy preocupada porque no tenía plan B para esa noche, llamó a su tía que tenía máquina de coser, para ver si ella podía hacer algo. Afortunadamente su tía hizo un pliegue y disimuló el roto. Cuando se tranquilizó llamó a Álvaro y a Cristina, que determinaron que en cuanto terminaran de cenar y vieran los fuegos artificiales se irían los tres a la discoteca. Así fue, cada cual cenó en su casa con sus familias, tomaron las doce uvas de rigor y se felicitaron el año con efusivos besos y abrazos. Antes de que Lucia terminara la ronda de felicitaciones, llamaron a la puerta, era Álvaro, vestido elegantemente con un traje de chaqueta negro y corbata.

 – Venga, date prisa que van a empezar los fuegos artificiales.

– Espera que cojo el abrigo y enseguida nos vamos.

 Mientras observaban como los fuegos bailaban al ritmo de la música, Lucia no podía dejar de imaginar como Álvaro la cogía por detrás de la cintura y la besaba el cuello. Prefirió no pensar más en esa utopía y centrarse en los fuegos. Sacó el móvil del bolsillo del abrigo y comprobó que tenía varios mensajes, entro ellos uno de David, en que la deseaba un feliz año y la decía que tenía muchas gansa de verla.