La entrevista

Tengo que pensar en lo que me voy a poner mañana. Mentalmente repaso mi armario desde el sofá. Hago varias combinaciones y al final me decido por la camisa blanca con los puños azules.

–          Creo que esa es una buena elección. ¿Con falda o con pantalones? Mejor falda, todo el mundo dice que me quedan mejor las faldas, aunque yo no estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación.

Hoy me encuentro especialmente cansada, pero es mejor que me levante y vaya preparando todas las cosas. No quiero que nada salga mal. Me quito la manta que tenía encima. Un frío casi helador inunda mi cuerpo. Por un momento pienso en volver a tirarme al sofá, pero no. Me pongo las zapatillas que me regalaron por mi cumpleaños. Odio que me regalen cosas útiles, pero  he de reconocer que estas zapatillas de estar por casa son muy cómodas y mantienen muy bien el calor.

Voy hasta la habitación, más bien me llevan mis pies. Abro el armario para sacar la ropa que me pondré para la entrevista de trabajo. Después de seis meses por fin se han dignado en llamarme para hacer una entrevista.  Se han dado cuenta de que aún valgo. Si, aún valgo. Tengo casi cuarenta años, pero para mi edad no estoy nada mal, a pesar de que ya voy viendo alguna arruga que otra en el reflejo que me devuelve el espejo.  Tengo canas ¿y qué?  Un buen tinte lo cubre todo. Estoy estupenda y eso es lo que les voy a decir a lo de recursos humanos.

Muevo las perchas  buscando el modelito que ya tengo en mente. ¡Mierda! Me puse la camisa el domingo, ¿ahora que me pongo?  Está manchada de café. Bueno. Intentaré buscar alguna alternativa. A ver, esta no pega, esta tiene demasiado escote, esta es demasiado llamativa. Saco toda la ropa del armario y realmente no hay nada que termine de convencerme.  La camisa rosa palo, unos pantalones marrones y los zapatos beige. No me siento segura, quizá ese conjunto me quedaba bien hace diez años, pero debo ser realista. Mi cuerpo ha cambiado, he ido engordando y adelgazando durante estos años. Ya es tarde para irme de compras, además no me queda demasiado dinero en la cuenta este mes.

Me quedo enfrente del armario, contemplando toda la ropa que tengo, es imposible que no tenga nada que ponerme para la dichosa entrevista de trabajo. Vuelvo a mirar, a buscar una buena combinación, de zapatos, blusa y falda, pero no encuentro nada.  Me siento encima de la cama, y vuelvo la vista de nuevo al armario y me miro al espejo

No estoy  tan estupenda. Creo que no iré a la entrevista de trabajo.

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Ponerle cara a los zapatos

Cuando viajo en el metro me gusta realizar un sencillo juego para distraerme un rato. Ponerle cara a los zapatos. Es muy sencillo y cualquiera puede jugar. Tan solo hay que tener un poco de imaginación y prestar atención a los pequeños detalles.

 Se puede hacer a cualquier hora, pero es muy importante no saltarse ningún paso. Lo primero es mirar los zapatos de la primera persona que se cruce en tu camino. No vale mirar hacia arriba. Normalmente esto te dará una pequeña pista sobre si es hombre o mujer, aunque también puede despistar un poco, de hecho yo me he llevado algunas sorpresas. Hay gente que piensa que la cara es el reflejo del alma, pues yo opino que los zapatos son el reflejo de la personalidad de cada uno de nosotros. A través de los zapatos podemos averiguar si una persona es perfeccionista, desaliñada…lo que no podemos predecir es que tipo de persona son o  a que se dedican. Pues bien, esta es mi parte favorita del juego. Al mirar los zapatos me hago un esquema mental sobre que pantalones lleva, el jersey o camisa, el color de pelo o la estructura de su cara. Cuando ya tengo dibujado al sujeto en cuestión, voy subiendo la mirada para ver si coincide con lo que yo había imaginado. Algunas veces el resultado es tan similar, que hasta yo misma me sorprendo, pero por lo general no suelo acertar nada. Pero esto me divierte. En más de una ocasión, algún pasajero me ha sorprendido esbozando una leve sonrisa.

 También me gusta inventar sus vidas, intentar averiguar en que trabajan o hacia donde van. Muchas veces me pregunto si habrán quedado con alguien o simplemente se dirigen a sus casas después de un largo día de trabajo. Son infinitas las posibilidades, pero siempre me quedo con las ganas de saber si mis pensamientos son acertados o no. Pero ahí es donde reside la magia de este juego.

 ¿Alguien habrá mirado alguna vez mis zapatos?