sin titulo

Cuando volvieron del viaje no comentaron nada del compromiso que habían adquirido, aunque si dieron detalles de los lugares que habían visitado. No habían parado ni un instante. El puerto de Ciutadella fue uno de los sitios que más impresionó a Lucia. Sus calles rezumaban historia, llenas de palacios y casas señoriales. Podía imaginar como era la vida de aquellas personas; nobles, aristócratas… Al pasear por la muralla pudo transportase por un momento a la edad media. El guía de la excursión les explicó multitud de curiosidades:

 –         No hace mucho tiempo, esta era la capital de Menorca. Aún podemos percibir en sus edificios la presencia de la nobleza y de la iglesia ya que nos han dejado varios ejemplos como la catedral o el obispado.

 Tras la visita cultural, también habían estado varias playas y calas. Les parecía casi imposible que en aquella isla tan pequeña hubiera tantas y tan variadas. El tiempo les acompañó durante toda la estancia en la isla y el transporte, aunque era escaso, les permitió recorrerla y ver todo aquello que Lucía había planeado con la ayuda de una guía que había comprado en una pequeña librería en Madrid. Solo les quedó por visitar Mahón, la espinita clavada de Lucia, pero pensó que habría más ocasiones y que lo que había vivido en ese viaje no lo cambiaba por nada.

 De momento querían guardar el secreto y hasta que no estuvieran más seguros no querían anunciar el gran paso que iban a dar juntos. Pero la madre de Lucia era muy observadora, a la vez que curiosa o tal vez cotilla y no pudo evitar preguntar que significaba la alianza que llevaba puesta en el dedo anular de su mano derecha. Lucia, no tuvo más remedio que contestar:

 –         ¡David me ha pedido que me case con el!

–         Pero si lleváis muy poco tiempo juntos

–         No tan poco mama, además aún no hemos decidido fecha ni nada. Es para dentro de un tiempo.

–         Bueno hija, si es lo que quieres. Yo no estoy convencida de que David sea el hombre de tu vida…

–         Ya, siempre estás con lo mismo…

 Fue corriendo a su habitación para hablar con David de lo que había sucedido, aunque evitó algunas partes de la conversación.

 Unos meses más tarde, Cristina y Lucia decidieron hacer una noche de chicas. Para Cristina no era muy difícil porque aún no tenía pareja y Lucia también lo tenía bastante fácil porque David aceptaba todas y cada una de las decisiones de su novia. Aún hacía calor y Lucia decidió ponerse unos pantalones piratas azules y una camisa a cuadros que se anudaba en el pecho y que dejaba al descubierto el piercing que se había hecho tiempo atrás en el ombligo. Quedaron en Joy Eslava. Pagaron la entrada que les daba derecho a una consumición y dejaron el bolso en el ropero, ya que les gustaba estar libres para poder bailar sin tener que estar vigilando sus pertenencias. Fueron a pedir una copa, cuando se estaban acercando a la barra, Lucia notó como alguien apoyaba la mano en su hombro.

 –         No me lo puedo creer, que pequeño es el mundo. Como me alegro de verte.

–         Siento no decir lo mismo. Respondió Lucia

 Juan Carlos había desaparecido de la vida de Lucia desde la última noche que coincidieron en Pachá

 –         Te he llamado un montón de veces, te he escrito un millar de mensajes y nunca me has respondido ni nada de nada.

–         Cambié el móvil y perdí todos los números

–         No me creo nada.

–         Si me das tu teléfono, te prometo que esta vez va a ser diferente.

–         ¡No seas tonta Lucia! Le recriminó Cristina. Ya te lo hizo hace unos años y ahora va repetirlo

–         Ya… pero…

–         Tía, no hay peros, además estás con David

 Lucia accedió y le dio el teléfono. Tenía curiosidad por saber que hubiera pasado si hubieran continuado la relación, pero por otro lado se sentía un poco culpable. Casi se habían pegado una vez por ella, y eso que aún no eran pareja. ¿Qué pensaría David si se enteraba? ¿Le estaba siendo infiel por el simple hecho de darle el teléfono? ¿Llamaría Juan Carlos esta vez? Y si así fuera, ¿Qué podría pasar?

 Al llegar a casa puso el móvil a cargar, ya que se había quedado sin batería. Varias llamadas aparecieron en la pantalla y dos mensajes. Abrió la carpeta y vio que uno de ellos era de David que la pedía que cuando llegara a casa  le hiciera una llamada perdida y el otro mensaje era de Juan Carlos: “Te he prometido que esta vez iba a ser diferente, y así será. Que descanses wapa”

 No podía creer lo que estaban leyendo sus ojos. Lucia se desmaquilló y se fue a la cama con una sensación extraña. Antes de dormir, pensó en terminar la relación con David, pero ¿Cómo iba a hacer eso? Estaban comprometidos. El encuentro con Juan Carlos la había hecho reflexionar. Tal vez esta era la ocasión que estaba esperando, ella siempre decía que las casualidades no existen y que si las cosas pasan es por algo. Ni ella misma creía sus propias palabras, pero quería autoconvencerse de que no estaba haciendo nada malo.

Primera Navidad

Quedaron, como siempre en la parada de metro de Ópera, ya que el autobús de Lucia terminaba allí y David tardaba como unos 10 minutos andando desde su casa. Ya habían quedado más veces y David se sentía muy a gusto cuando estaba con ella. Podía olvidarse por un momento de todas las cargas familiares que tenía y de los problemas que su madre le causaba. Decidió que ese sería el día para revelarle que estaba por ella y que le gustaría que fueran novios, con la esperanza de que ella dijera que si, porque en esos momentos no tenía novio, ni rollo, ni nada parecido, pero lo que el no sabía, es que Lucía estaba enamorada en secreto de Álvaro, el hermano de Cristina y que soñaba todos los días con rozar sus labios y poder cogerle de la mano, pero no como hermanos, que es como se habían comportado siempre, desde que se conocieron en el parque cuando tenían diez años.

 – Ahora mismo no puedo, me gusta otra persona. Me caes muy bien y me gustaría que siguiéramos siendo amigos como hasta ahora.

– Esta bien, seremos amigos. Pero si algún día cambias de opinión, dímelo, que yo te estaré esperando.

– No quiero que me esperes, no se que puede pasar en el futuro. Tú haz tu vida.

– Pero es que no puedo. Yo te voy a esperar siempre, ya eres una parte de mi vida.

 Lucia se quedó sin palabras y agachó la cabeza, no quería mirarle a los ojos, no quería hacerle sufrir más. Mientras David, en el banco de piedra que había sido testigo de aquella conversación, acariciaba con suavidad la mano de Lucia.

 Eran amigos, y como tal quedaban muy a menudo para salir, tomar algo y casi siempre lo hacían a solas, excepto los fines de semana, que quedaban en Arguelles para salir con los amigos.

 Lucia y Cristina, lo pasaban muy allí. Bailaban, se reían, compartían amores imposibles, coqueteaban con algunos chicos, también discutían, pero siempre terminaban perdonándose.

 Álvaro, el amor platónico de Lucia y hermano de Cristina, trabajaba de camarero en uno de los pubs de la zona y era donde mayor tiempo pasaban. Cuando David llegaba, siempre la buscaba allí y sabía muy bien cual era el motivo de que siempre las encontrara allí. Lucia bailaba buscando algo de atención de parte de Álvaro, pero nunca conseguía lo que se proponía.

 Pasaron los meses, por fin llegó la navidad. Como todos los años, Madrid se llenaba de luces, de gente, de gorros de papa Noel y el aire de la ciudad del centro de la ciudad se impregnaba del característico olor de castañas asadas. Al entrar en los centros comerciales, el hilo musical marcaba la época de año que les tocaba compartir.

 – ¿Qué vas hacer en navidades?

– Pues más o menos lo que hago siempre

– Cenas y comidas con la familia ¿y tú?

– Pues aún no lo se… la verdad es que no tengo ganas de estar con mi familia, pero por no estar solo.

– ¿Y en Nochevieja? Me parece que nosotros este año vamos a ir a Kapital, que tenemos muchas ganas. Nos gusta mucho la discoteca. ¿Te apetece venirte? Díselo a José y a estos por si quieren venir.

– Yo voy seguro, los demás me imagino que también.

– Díselo pronto, que tenemos que pillar las entradas, creo que vamos a ir esta semana.

David quería empezar el año al lado de Lucia, y le importaba muy poco si tenía que cenar solo, ya que toda su familia pasaría esa noche fuera de Madrid y no le daría tiempo a llegar al cotillón.

 Todos los que habían decidido pasar la nochevieja en Kapital, quedaron en Atocha para comprar las entradas. Pensaron que el precio que pagaron por ellas les haría disfrutar de una velada inolvidable, ya que tenían barra libre, y eso era una de las cosas que más valoraban en ese momento.

 Lucia preparó cada detalle, además también iba Álvaro y quería que esa noche fuera especial, no podía dejar pasar ni un segundo para intentar conquistarle. Un sencillo vestido negro, que dejaba sus hombros al descubierto, sería ideal para la ocasión, era un vestido elegante que junto a los zapatos negros de medio tacón que se ataban con una hebilla al tobillo, sería perfecto.

 Como cada mañana del 31 de diciembre, Lucia se iba a la peluquería. Esta vez no había mucho que pensar, porque hacía poco que se había cortado el pelo, así que lo mejor era un pelo liso, igual de sencillo que el vestido que luciría esa noche. Al llegar de la peluquería, sacó el vestido del armario y lo puso encima de la cama, pensó que estaría más impecable si lo planchaba, pero no tuvo en cuenta el tejido y le hizo un gran agujero. Muy preocupada porque no tenía plan B para esa noche, llamó a su tía que tenía máquina de coser, para ver si ella podía hacer algo. Afortunadamente su tía hizo un pliegue y disimuló el roto. Cuando se tranquilizó llamó a Álvaro y a Cristina, que determinaron que en cuanto terminaran de cenar y vieran los fuegos artificiales se irían los tres a la discoteca. Así fue, cada cual cenó en su casa con sus familias, tomaron las doce uvas de rigor y se felicitaron el año con efusivos besos y abrazos. Antes de que Lucia terminara la ronda de felicitaciones, llamaron a la puerta, era Álvaro, vestido elegantemente con un traje de chaqueta negro y corbata.

 – Venga, date prisa que van a empezar los fuegos artificiales.

– Espera que cojo el abrigo y enseguida nos vamos.

 Mientras observaban como los fuegos bailaban al ritmo de la música, Lucia no podía dejar de imaginar como Álvaro la cogía por detrás de la cintura y la besaba el cuello. Prefirió no pensar más en esa utopía y centrarse en los fuegos. Sacó el móvil del bolsillo del abrigo y comprobó que tenía varios mensajes, entro ellos uno de David, en que la deseaba un feliz año y la decía que tenía muchas gansa de verla.