Mi primer relato

Cuando empecé a escribir en el blog no esperaba tener tantas visitas. Hace ya algún tiempo que pasé de largo las 1000 visitas y prometí algo especial. No se si los que leís lo que escribo lo considerareis así, pero para mi tiene un valor especial ya que es mi primer relato, creo que no tenía más de 10 años aunque no puedo decir la edad exacta. Me hizo mucha ilusión saber que mi madre lo consevaba. Me encantaría poder enseñaros las ilustraciones que puse, pero aún no tengo el scáner configurado. Bueno, espero que os guste:

Eran las diez menos cuarto. Cuando tocó el timbre la señorita dijo: Niños, hoy estamos a día 1, el día 10 me teneís que traer hecho un crisma en una cartulina blanca, con tema religioso.

Todos estabamos muy contentos, si ganabas te daban un libro. Todos empezamos a gritar de alegria. Salimos al recreo y de lo único que se hablaba era del crisma.

Todos estaban muy bonitos. El de Lorena estaba muy bien, pero el que más me gustaba era del Natalia, mi compañera. Bueno, el mio tampoco estaba mal del todo. Todos teníamos uno que nos gustaba más que los otros. A Natalia le gustaba el mio. La señorita dijo: este año os habeis esforzad más que otros años. Puso en el corcho todos los crismas. Al día siguiente faltaban cuatro. Los demás los devolvieron a sus respectivos dueños. A mi me lo devolvieron, por eso se lo mandé a mis abuelos.

Era 24 de diciembre, por la tarde nos arregalmos para ir a casa de mis abuelos por la noche para celebrar el nacimiento de Jesús. Cuando llegamos ya estaba todos. Nos estaban esperando para cenar. Yo me senté al lado de mis primas Ana y Alicia. Antes de empezar a cenar bendecimos la mesa con estas palabras: Señor, te damos las gracias por darnos esta comida y esta mesa para poder cenar agusto mientras otros niños y otras familias lo pasan mal.

Mis abuelos pusieron todos los crimas recibidos en un mueble y entre otros estaba el mio. Durante la cena oímos el llanto de un niño, parecía tener frio. Miramos en la calle, intentabamos preguntar a los vecinos pero ninguno de ellos se hallaba en su casa. Era una cosa muy extraña. Bueno, parece que se calmó la cosa, así que después de cenar, nos fuimos al portal.

Nos avisaron de que ya podíamos entrar y de que había venido Papa Noel. Fuimos pasando de uno en uno. Todos teníamos un montón de regalos. Nos hacía más ilusión el recibir regalos ese día que el nacimiento del niño Jesús. Por cierto, el ruido de antes era del hijo de la señora del bloque 7 que lloraba porque tenía hambre.

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Ciudad Diamante

Floren vivía en una pequeña aldea. Como cada tarde salió a pasear por el magnifico bosque que había cerca de su casa.

Era una tarde normal, no hacía ni frío ni calor. El cielo estaba azul y el sonido de los pájaros era reconfortante.

Floren era muy observador e iba fijándose en cada uno de los pequeños detalles que asaltaban en su camino. Más fijó su mirada en algo que brillaba, detuvo su camino y se agachó a recoger el pequeño objeto que había llamado su atención. Era un diamante, pero no era un diamante cualquiera, ya que este tenía una puerta. Era la primera vez que veía algo así. No se lo pensó dos veces y abrió la diminuta puerta de la minúscula gema.

No sabía como, pero estaba dentro del diamante. Al principio solo podía ver una luz cegadora, pero continuó caminando y su sorpresa fue inmensa al descubrir que dentro del diamante había una pequeña ciudad. Todos sus habitantes iban vestidos de blanco y los edificios eran de un cristal brillante. El comportamiento era muy similar al que ya conocía. Se miró a si mismo y descubrió que el también llevaba ropas blancas, miró sus manos y vio que llevaba un gran anillo con un diamante. El primer pensamiento que le vino a la cabeza fue que se había convertido en un ciudadano más de aquella ciudad y que se quedaría allí para siempre. Esa idea no le disgustaba, ya que el sentimiento que tenía era bastante placentero.

La respuesta a sus preguntas no tardó en aparecer. Un pequeño grupo de gente de aquella ciudad diamante, empezó a rodearle y a murmurar. Señalaban el anillo, pero Floren no entendía nada de lo que allí estaba aconteciendo. Por fin una mujer le dijo:

 –          Te estábamos esperando. Pero has tardado mucho tiempo

–          No se de que me habla buena mujer

–          El anillo que llevas en la mano derecha.

 Floren se miró nuevamente la mano, seguía sin comprender nada.

 –          Eres nuestro rey.

–          Pero… yo no se ser rey

–          El anillo te dará todo el conocimiento que precises

 Floren no sabía que decir, pero decidió ser el rey de la ciudad diamante.

Nochevieja

 

Llegaron más tarde de lo previsto porque había demasiado tráfico y no habían contado con ello. Intentaron localizar a los que ya estaban dentro, pero como era de suponer no oían los móviles por la música que recorría las siete plantas que componían la discoteca. La primera, música dance, para los más bakalas; en la segunda los roperos y el karaoke, en el que no solí haber mucha gente. En la tercera y en la cuarta música funky; la quinta era para los más bailones, con música pachanguera y latina. Estaba separada por unos puertas de cristal, aunque no podía distinguirse nada del interior por la gran nube de humo que se formaba en el interior. En la sexta estaba el cine, las películas que se visionaban en el no del interés de ninguno de los que estaban en la sala y los cómodos sofás, tenían otra utilidad. La séptima era una terraza, donde a veces se hacían bocatas, perritos calientes o hamburguesas y se podía jugar al futbolín, además de entablar una conversación sin la necesidad de dar gritos o elevar la voz.

 

 Lucia, pensó que la mejor opción sería ir entrando y mandar en mensaje de texto por el móvil, indicando a los que estaban dentro que ellos esperarían en la segunda planta a que llegaran a buscarlos.

 

 No tardaron mucho, enseguida aparecieron todos con la media etiqueta que requería la ocasión. Lo primero que hicieron fue dejar las cosas en el guardarropa, querían estar lo más libre posible para beber y bailar lo que quedara de noche.

 

 – Tenemos que hablar

 

– Dime Cris, me estás preocupando.

 

– Me ha dicho David que se ha liado con una de su trabajo.

 

– Bueno, a mi me da igual, el sabrá. Me parece un poco falso, pero ya hablaré con el.

 

– Me ha dicho que no te diga nada.

 

– Si te lo ha dicho a ti, es por que quiere que me lo cuentes, pero que a mi me da igual, ya le dije lo que le había.

 

 Continuaron la fiesta, bebieron, rieron, bailaron y lo pasaron fenomenal hasta que a las seis de la mañana, los organizadores de la fiesta, la dieron por concluida y despejaron a todos lo que estaban allí, así que cogieron sus cosas y se fueron a buscar una churrería para desayunar el clásico de la mañana de nochevieja: chocolate con churros, ideal para calentarse y para bajar un poco el alcohol consumido hasta ese momento.