Retomando

Había muchas cosas que solucionar, entre las cuales, estaba la venta del piso que tenía en común con David. El reencuentro era inevitable y David aún tenían intactos los sentimientos hacia Lucía, pero no podía hacer nada para que ella cambiara el sentido de su corazón.

Un beep alertó a Lucia de que había recibido un sms. Quería que fuera de Leo, pero no era de David. Quería recuperar las escrituras de su casa que hacía tiempo le había dejado a Lucia para solucionar los papeles de la casa. En realidad era una excusa para quedar y aunque ella no estaba por la labor decidió que ese el mejor momento para aclarar todos los temas comunes.

Quedaron en casa Lucia, pero al final decidieron verse en el parque. Además también había quedado con Leo ya que pensó darle las escrituras y pasar toda la tarde con el chico de su clase. Pero las cosas no siempre pasan como uno planea.

Cuando llegó David, vio a Lucia y a Leo hablando y riendo en el parque. No podía creer lo que estaba viendo. Lucia estaba sentada con aquel chico. Se imaginaba que había otro, pero nunca pensó que fuera él. Habían pasado tantas tardes juntos que no daba crédito a lo que veían sus ojos. Una mano de Leo en el pelo de Lucia le hizo darse cuenta de que el sobraba en esa escena, así que se acercó a ellos y con muy malos modales le exigió a Lucia que le diera las escrituras de su casa y que le devolviera el anillo que hacía tiempo había comprometido su amor.  A lo primero Lucia, accedió sin rechistar, pero lo del anillo le parecía una sinrazón.

–      No te lo voy a devolver

–      No tiene sentido que lo tengas. Que te regale uno tu nuevo novio

–      No es mi novio…

–      No tienes que decir nada. Devuélvemelo

Leo había abandonado la escena hacía tiempo, prometiendo a Lucia que más tarde la llamaría. La pidió que se tranquilizara y se marchó para que Lucia y David zanjaran la discusión.

Lucia le dio el maldito anillo a David y este lo tiró cerca de una rejilla de desagüe, pero afortunadamente no cayó dentro y Lucia pudo recuperarlo.

David se marchó muy triste y decepcionado. Lucia abatida y con el sentimiento de no estar haciendo las cosas del todo bien.

Escribió un mensaje a Leo, el cual no obtuvo respuesta. Lucia pensó que estaría dormido y que a la mañana siguiente tendría alguna palabra de ánimo y tal vez una cita con el chico que había desestabilizado su vida con David, pero que supondría un punto y aparte.

 

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DNI

No pudo evitar revivir ese verano que pasó a su lado. La que estaba castigada era ella, pero Cristina aguantó los tres meses cerca de su amiga. Ella era quien ponía su hombro, mientras Lucía sufría por la indiferencia de Juan Carlos. También vino a su cabeza la noche de Pachá, en su reencuentro con Juan Carlos. Ellos solo querían hablar pero Cristina no estaba dispuesta a que Lucia volviera a sufrir, así que hizo lo que se supone que una buena amiga tendría que hacer; separarlos e intentar evitar que Lucia pensara en el, pero no lo había conseguido del todo, ya que luchaba contra todo para volver a verle, volver a besarle. Quería comprobar que pasaría si empezaran desde cero. Juan Carlos nunca respondía ni a las llamadas de Lucia, ni a los mensajes… pero el destino quiso volver a juntarles.

 –      Vaya rollo, se me caduca el DNI en unos días. Iré a la comisaria que hay en la calle Luna. Es una comisaría muy pequeña y ahí no hay casi gente.

–      ¿Quieres que te acompañe?

–      No, déjalo. Tú vete a clase y luego me das los apuntes. Gracias Leo.

 Se fue pronto, no quería tardar mucho. Cogió el autobús y en media hora estaba en el centro. Tal y como había previsto, no había mucha gente y no tardó mucho en hacer la gestión. Pensó que esa mañana se la tomaría libre, además Leo le iba a dejar los apuntes para que los fotocopiara. Iba pensando en lo que iba a desayunar. Aún le quedaba algo de dinero en el monedero. Le habían dado la paga el viernes, pero no había gastado mucho el fin de semana. Mientras bajaba las escaleras de la comisaría miró el móvil por si tenía algún mensaje o llamada perdida, pero se encontró el móvil descargado, completamente sin batería. Se le había olvidado cargarlo la noche anterior.

 Al salir por la puerta, giró a la izquierda para salir a la calle principal. Su objetivo era ir de tiendas. No quería comprar nada, pero le encantaba fijarse un objetivo por el cual ahorrar.

 –      ¡Lucia! ¡Lucia!

–      No me lo puedo creer, ¿Qué haces por aquí?

–      Eso digo yo. Vivo a la vuelta ¿Ya no te acuerdas?

–      No, solo vine una vez a tu casa y no recordaba que fuera por aquí. Pues nada, que he venido a renovar el DNI.

–      ¿Dónde vas?

–      Pues a desayunar y a dar una vuelta ¿y tú?

–      Pues a trabajar

–      Bueno, pues me alegro un montón de volver a verte. Ya veo que te va bien.

–      No me puedo quejar. Si quieres dame tu teléfono y quedamos algún día.

–      Es el mismo que tenía, pero te lo apunto si quieres.

 Lucia sacó un papel del bolso y apuntó los nueve dígitos de su teléfono móvil. Sabía que Juan Carlos no la llamaría, aún así guardó esa pequeña esperanza. Sentía que podía ser esa oportunidad que no se dieron en su momento. Como muy bien imaginaba Lucia, esa llamada nunca llegó, ni un mensaje, ni nada… Otro carpetazo más a su historia con Juan Carlos. Pensó que él no era el indicado, así que intentó pasar página y volver a su vida.  Leo, David, Juan Carlos incluso Álvaro, seguían dando vueltas en su cabeza, pero Juan Carlos era quien ocupaba su corazón. Los demás servían de parches que camuflaban cualquier recuerdo de esa pasada relación. Pero ahora estaba Leo y ella se sentía muy bien a su lado. Después de la intensa mañana que había vivido, con el que fue su primer amor decidió llamar a Leo. Tenía que contarle tantas cosas. Desde que lo había dejado con David no lo había vuelto a ver. Solo hablaban por teléfono, pero ella quería verle. Además pronto llegarían los exámenes y antes quería concretar como iban a ser las vacaciones de las cuales tantas veces habían hablado. Leo traía malas noticias. No podían irse vacaciones. Sus padres le habían dicho que este  tenía que ponerse a trabajar, que las cosas en casa no andaban muy bien y que tenía que aportar algo.

 –      Bueno, no te preocupes. Aunque sea cuando tengamos libre nos vamos unos días a Torremolinos. Yo solo trabajo los fines de semana

–      Va a estar complicado, pero gracias por entenderlo.

–      No hay nada que entender. Las cosas son así. Ya tendremos tiempo para irnos de vacaciones en otro momento.

 Lucia y Leo se fundieron en un tierno abrazo. Ahora tenían que cambiar los planes, al menos pasarían el verano juntos. Lucia lo estaba deseando.

Viaje a Malta

No puedo decir que fuera un viaje de esos que se tienen en mente. De hecho Malta era una isla casi inexistente para mi. Cuando mi novio me propuso ir  alli, pensé que sería una buena idea. Un nuevo país… Una aventura más que añadir a mi equipaje.
Cuando decia que me iba a Malta de vacaciones, la gente me preguntaba que iba a hacer tanto tiempo en una isla, que 7 días son muchos días.

Internet ofrece muchas posibilidades de planificar el viaje con antelación, aún así solo teníamos unas pequeñas pinceladas de lo que iban a ser nuestras vacaciones.

No es viaje de playa pero si sorprende su paisaje, su arte y los restos de su pasado. Pueden contemplarse templos antiquisimos del neolitico, catacumbas cristianas, increíbles acantilados, aguas cristalinas, iglesias con mucho encanto como la Basilica de Ta’ Pinu con una singular historia que contaré en otro post.

Sin duda Malta es una isla que hay que visitar ya que son muchas las posibilidades que ofrece. Malta, Gozo y Comino son lugares simgulares que lermiten contemplarla belleza de las islas.

Siete días han sido suficiente para cumplir nuestros objetivos.

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Cascadas de Ouzud

4 de octubre de 2011

Queríamos dormir para descansar bien, así que pusimos el despertador a las ocho de la mañana. Ya habíamos pactado que nos sirvieran el mismo desayuno a la nueve, así que subimos a la terraza. Nos encontramos con una pareja de franceses que también esperaban su desayuno. La chica estaba ojeando una guía de Marruecos, imagino que estaría buscando lugares que visitar y cosas que hacer. El chico estaba leyendo un libro de tapas amarillas, del cual no conseguí ver el título. Nos sirvieron lo que habíamos pedido y cuando estuvimos preparados y nos trajeron el coche que habíamos alquilado el día anterior, nos fuimos de camino a las cascadas de Ouzud.

La salida de Marrakesh fue infernal, de hecho tuvimos que parar en una de las gasolineras cercanas porque me encontraba indispuesta, debido al estrés que ocasiona la conducción en una ciudad como esta. Respostamos el coche y tras dos horas de viaje llegamos a nuestro destino. Encontramos varios parkings, aunque ninguno de ellos ofrecían la seguridad que estábamos buscando. Después de pasar un mercadillo, un puente algo dudoso y encontrarnos con posibles guías, decidimos regresar y dejar el coche en uno de los primeros que habíamos visto. Diez dirhams fue la tarifa que nos cobraron por la custodia del coche. Nada más aparcar, un guía oficial no enseñó sus credenciales e intentó cobrarnos 150 dirhams por sus servicios, pero no estábamos dispuestos a pagar esa cantidad y al final otro guía nos acompañó por tan solo 80 dirhams. Pudimos contemplar las cascadas desde arriba, para luego comenzar a bajar cerca del curso del río. Las vistas fueron muy hermosas y el guía fue muy atento contándonos curiosidades sobre el origen de los nombres o contándonos formas de vida en Marruecos. Nos sorprendió que la época de cortejo suele ser en diciembre y que los chicos pagan a la familia de la chica una dote que va en función de la belleza de la novia ¿Cuanto pagarían por mi? Tras bajar por un sendero, llegamos una especie de cala en la cual pudimos darnos un baño. Aunque el agua estaba bastante fría, nuestras piernas lo agradecieron, ya que el camino no había resultado tan fácil como imaginamos. Continuamos el viaje, esta vez hacia arriba. Cuando íbamos más o menos por la mitad paramos en un mirador donde pudimos contemplar de cerca una bellas vistas de las cascadas, adornadas con medio arco iris, que potenciaba la belleza de la caída del agua.  Nos sirvieron la comida, tipicamente marroquí: brochetas de pollo, pollo braseado, acompañado de patatas fritas y ensalada marroquí que varía según la zona. Para terminar unas rodajas de melón y como no, té a la menta. Completamos el recorrido y tomamos el camino que nos llevaría de nuevo a Marrakesh.

Durante el trayecto, la noche se nos echó encima y el camino se volvía contra nosotros. Un millar de peatones, ciclistas y motos se cruzaban por la carretera, la cual no estaba alumbrada. Por 40 dirhams aparcamos el coche en un lugar que parecía algo más seguro y anduvimos hacia el hotel. Para ello teníamos que atravesar la plaza Djemaa el Fna. Nos dimos cuenta de que dos hombres nos seguían ya que si nosotros parabamos ellos también, y si continuabamos la marcha, ellos hacían lo propio, así que en un momento que ellos se hacían los despistados, nos metimos en el barullo de la plaza, entre puestos de comida y corrillos de gente que contemplaban los diversos espectáculos que se ofrecen durante la noche. Mientras observábamos uno de estos shows, un chico marroquí comenzó a hablar con nosotros. Nos sorprendió su facilidad para hablar español e incluso utilizar palabras poco comunes en un contexto correcto. Nos comentó que estudiaba economía y que anteriormente había estudiado en el Instituto Cervantes, donde se le daba gran importancia al aprendizaje del español. Tras un rato de tertulia decidimos tomar un té, en uno de los muchos puestos de la plaza para continuar la conversación que giró principalmente en torno a las diferencias culturales y económicas entre España y Marruecos. El estudiante también quiso saber sobre nuestra historia y nos preguntó sobre el periodo franquista.

Llegada a Marrakesh

3 de octubre de 2011

A las cuatro de la mañana sonó el despertador, esta vez no era para ir trabajar, sino para empezar las vacaciones. Había preparado la maleta el día anterior, tarea que no resultó nada fácil ya que solo podía llevar una y tenía que meter en ella ropa para casi quince días. Los vuelos baratos tienen muchas restricciones y el equipaje es una de ellas.

Dejamos el coche aparcado en Barajas pueblo. Era tan temprano que el metro no funcionaba, por lo que tuvimos que coger un taxi que nos llevó hasta la T1, lugar en el que debíamos montarnos en el avión que nos llevaría hasta Marrakesh. Tras pasar los debidos controles y esperar a que todo el mundo embarcase, el avión despegó, no si antes mostrarnos todas las maniobras de seguridad. El viaje duró unas dos horas, pero nos resultó corto.

La llegada fue un poco caótica, ya que la burocracia marroquí exige muchos trámites, que en mi opinión, son innecesarios. No teníamos un destino, fuimos a la aventura y a ver que encontrábamos, aún así tuvimos que sacar de la guía, el nombre de un hotel. Anotamos la dirección y lo entregamos en una ventanilla, por supuesto, no pisamos el hotel de referencia, ni siquiera pasamos cerca.

A la salida de la terminal, teníamos dos objetivos claros: cambiar euros por dirhams y coger un taxi que nos llevara al centro de la ciudad para buscar un hotel donde pasar dos noches. Tras esperar algo más de diez minutos a que abrieran la oficina de cambio, preguntamos si fuera había más sitios donde poder el cambio. Nos indicaron que habías dos oficinas más y nos dirigimos al mostrador para realizar el trueque.

Salimos del aeropuerto con el primer objetivo cumplido. Una hilera de coches, de color ocre con la palabra Taxi encima de la capota, estaban esperando, con sus respectivos conductores a que alguien montara en ellos. Aceptamos, aunque no muy convencidos la tarifa “oficial” de 150 diharms (En Marruecos, ninguna tarifa es oficial). A pocos metro del aeropuerto, estaban con obras en la calzada, por lo que el tráfico era bastante denso, a la vez que peligroso, ya que motoristas y ciclistas se mezclan con coches y camiones sin ningún orden ni concierto.

Tras la llegada a nuestro destino y con la maleta en la mano, decidimos recorrernos la zona de la medina para buscar un hotel. Nuestra sorpresa fue cuando encontramos las diferencias entre hoteles, ya que en España no concebimos una habitación de hotel sin ducha dentro. Nuestro presupuesto era algo ajustado, pero queríamos darnos un buen baño, por lo que decidimos que lo mejor sería buscar uno con ducha dentro, lo cual resultó más difícil de lo que pensábamos. Conseguimos un buen precio, el chico del hotel nos hizo una pequeña rebaja ya que íbamos a pasar dos noches en su hotel.

Dejamos las maletas en la habitación y subimos a la terraza a esperar a que nos sirvieran el desayuno: café con leche, zumo de naranja y una especie de crepes que teníamos que untar con mantequilla y mermelada. Un desayuno bastante completo y que calmó el hambre que sentíamos después del viaje. (los crepes, fuera de Marrakesh, no son tan fáciles de encontrar)

Salimos a dar una vuelta por la ciudad, pero no encontramos lo que esperábamos. Tras dar un paseo por la plaza y por los jardines, nos adentramos en el zoco. Varios puestos, con idénticos objetos asaltaban nuestros sentidos. Nuestra primera estafa estaba a punto de comenzar. Un chico se nos acercó para informarnos de que a poco metros, podríamos encontrar una familia bereber trabajando el cuero. Nos indicó el camino para llegar y como no teníamos nada que hacer, nos pareció una buena idea, incluso podía hacer algunas fotos, para captar la técnica. Queríamos ir solos, pero el chico se empeñó en guiarnos por las calles que componen el laberinto del zoco. Cada vez que le preguntábamos cuanto quedaba, el respondía lo mismo: queda poco. Sus palabras nos inquietaban más y estábamos lejos de la zona turística, por lo que decidimos no continuar el itinerario que nos estaba marcando y volvimos a la plaza.  Regresamos al hotel, donde pudimos dormir un rato, antes de salir a comer.

La tarde transcurrió sin ningún problema y cuando quisimos darnos cuenta, se había hecho de noche. Salimos a cenar y pudimos contemplar, como la plaza había cambiado. En el centro había puestos de comida y alrededor varios espectáculos y tatuadoras de henna.

Teníamos claro lo que queríamos hacer el día siguiente, así que nos fuimos a la cama e intentar descansar lo máximo posible.

Vuelta a la normalidad

Casi han pasado los quince días de mis vacaciones y ya estoy de nuevo en Madrid. La llegada ha sido a la hora prevista y esperaba algo más de fresquito. Los últimos días en Marrakesh han sido muy calurosos y estaba deseando volver a España para abandonar el verano, pero me he encontrado un esplendido sol y una temperatura demasiado elevada, que no corresponde a la estación del año en la que nos encontramos.

Nada más llegar a casa, lo primero que he hecho ha sido dejar las maletas y encender el ordenador. Quería ver el estado de mi facebook y sobre todo si tenía alguna novedad en el blog…solo un comentario nuevo y muy pocas visitas (imagino que el hecho de no haber escrito nada influya en este hecho).

Tras las vacaciones me toca ponerme al día con todos los proyectos que había empezado justo antes de irme: continuar el relato, empezar una crónica sobre el viaje, hacer una selección de fotos para incluirlas en el blog, leer las nuevas entradas de algunos blogs, ir al gimnasio, reestructurar el blog… y además volver a trabajar.

Estos días de adaptación van a ser duros, pero prometo que poco a poco se iran viendo los frutos.

Vacaciones

Durante los próximos 15 días no podré subir ninguna entrada, ¿el motivo? Que han llegado mi ansiadas vacaciones. Me voy al desierto de Marruecos y a visitar algunos pueblecitos del sur y creo que no es muy recomendable ir con el portatil debajo del brazon (aún estoy dando vueltas a como llevar el dinero).

Por un lado estoy encantada con este viaje, se que me esperan muchas aventuras y cosas que descubrir, pero a la vez me siento algo inquieta por todos los obstáculos que pueda encontrar y que no se si seremos capaces que solventar. Pero de lo que estoy segura es de que, pase lo pase, será un viaje que no olvidaré y quien sabe si me sirve como inspiración para seguir escribiendo.

Aprovecho la ocasión para volver a dar las gracias a todos lo que leis el blog y de vez en cuando me dejais un comentario que me anima a seguir con mi relato. En cuanto vuelva escribiré mis experiencias y además me llevo un cuadreno y un boli que serán la memoria de este viaje que espero sea emociante.