Sorpresa!!!

La infancia de David fue bastante dura, además tenía el agravante de su enfermedad. Nació con una enfermedad congénita que marcaría su vida. Debido a su hidrocefalia, pasó mucho tiempo en el hospital. Con tan solo nueve meses tuvieron que operarle porque el líquido cefalorraquídeo le estaba presionando el cerebro. Lucia estaba al tanto de que sufría esa enfermedad, pero realmente no sabía de que se trataba.

 -La hidrocefalia, no es más que la acumulación del líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro, lo que hace que estas se dilaten.

– ¿Y que es lo que sientes?

– Pues principalmente dolor de cabeza, pero el estomago también se me resiente.

– ¿Pero nadie de tu familia tiene esa enfermedad no?

– Es que creo que no es hereditaria, mi madre siempre me ha dicho que es por culpa de mi tía Maribel. Cuando mi madre estaba embarazada de siete meses, le dio una patada en la tripa. Mi tía Isabel y mi madre creen que es por la patada.

– Pues vaya, pero me parece muy fuerte lo de tu tía.

– Ya, pero ya está olvidado. Me han operado unas cuantas veces, y una vez estuve en coma tres días, pero afortunadamente pude salir, aunque tengo que estar con un tratamiento.

– ¿No tiene cura?

– No, pero se puede controlar. Tengo que ir a revisión pero nada más. Ahora mismo estoy bien. Cuando nací los médicos le dijeron a mi madre que no iba a pasar de los catorce años, y mira…

– Bueno, pues ahora toca cuidarse.

 Parecía que todo había vuelto a la normalidad, aunque David quiso volver a pedir disculpas a Lucia por haberle ocultado lo de su padre. Le hizo la promesa de que nunca más volvería a ocultarla nada, aunque aún quedaban cosas que contar, pero que poco a poco lo iría haciendo.

 Pasaba el tiempo y David seguía sin aparecer. Lucia pensaba que era el día ideal para visitar Mahón, ya que no hacía demasiado calor y encima se había nublado un poquito. Pero si David se retrasaba más no podían hacer nada.

 De repente, Lucia escuchó unos suaves golpes en la puerta. Bastante enfadada, se levantó de la cama para abrir. Si, era David.

 –         ¿Dónde estabas?

–         Dando una vuelta

–         Y yo aquí en la habitación, sin poder hacer nada, esperando a que llegaras. Y el móvil apagado

–         Me habré quedado sin batería. Sacó el móvil del bolsillo y descubrió que lo tenía apagado y no podía encenderlo, así que lo puso a cargar.

–         Me hubiera apetecido ir a Mahón, hace un día muy bueno para conocer la ciudad.

–         Si quieres cuando vuelva, nos vamos.

–         ¿Dónde vas ahora?

–         Es que tengo que terminar de solucionar unas cosas

–         Pues me voy contigo

–         No puedes

 Lucía no podía aguantar más la situación. Una mañana perdida y encima tenía que estar más tiempo encerrada en la habitación.

 –         He dicho que me voy contigo

–         Eres una cabezota, haz lo que quieras

–         Pues eso, que me voy

 Al final, Lucia se salió con la suya, aunque no sabía muy bien donde iban. David entró en una joyería, pero le pidió a Lucia que se quedara fuera, que no iba a tardar nada. No entendía nada, ¿Qué necesitaba de una joyería?

David salió con una gran sonrisa dibujada en la cara. Se sentía bien, pero Lucia no dejaba de preguntar.

 –         Que conste que quería hacerlo de otra manera, pero te has puesto tan pesada.

–         Es que no sabes lo que es estar una mañana entera en la habitación

–         He estado buscando un restaurante y una floristería pero no he encontrado nada. Solo esto.

David sacó una pequeña caja de una bolsita de papel duro que le habían dado.

–         ¿Quieres casarte conmigo?

–         Si

 David, le puso el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Lucia rompió a llorar de la emoción y se fundieron en un bonito beso. David había conseguido que el enfado de Lucia desapareciera y que el viaje a Menorca fuera inolvidable para ambos.

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Final de verano

 

 Cuando regresaron a casa, su día especial ya había acabado, ya que la familia había vuelto. Hubo varias bromas y varios comentarios de lo que se habían perdido, pero para ellos había merecido la pena pasar a solas todo el día. Salieron todos juntos a cenar, y como siempre era muy difícil ponerse de acuerdo a la hora de elegir el lugar. Se decantaron por una marisquería, pero ni a Lucia, ni a sus hermanas les gustaba el marisco, así que optaron por el restaurante de comida rápida que había cerca. Todos criticaron la elección, pero no querían comer marisco y allí era lo único que había.

 

 Lucia habló con sus padres de la posibilidad de volver a Madrid con David. No hubo opción de réplica. Lucia no esperaba una negación tan rotunda. Prefirió no discutir y acatar la decisión de sus padres, solo eran tres días, pero tenía ganas de volver a Madrid para reencontrarse con sus amigos, especialmente con Álvaro. David era muy atento con ella y realmente estaba enamorado, pero Lucia no había conseguido sacarle de su cabeza y mucho menos de su corazón.

 

 Cuando llegó a Madrid, Lucia puso en orden todos sus apuntes de teoría sociológica clásica, una de las asignaturas que había dejado para septiembre. Demasiados autores para tan poco tiempo, así que hizo una selección y cruzó los dedos para que le saliera en el examen, lo que se había estudiado.

 

 El examen comenzó, todo parecía muy extraño, el profesor parecía despistado, era mayor, pero quizá son las más estrictos ya que se saben todos los trucos que utilizan los alumnos para copiar. Antes de repartir los exámenes, el profesor advirtió que al finalizar el examen, nadie se marchara, ya que había sido un curso muy raro y tenía que comentar ciertas cosas con los alumnos. A mitad del examen, el profesor decidió hacer un descanso e indicó que cada uno era libre de hacer lo que quisiera. Podían hacer el descanso, como el había anunciado o bien podían continuar el examen sin la supervisión de ningún profesor. A Lucia esto le pareció muy raro y optó por continuar el examen. No fue la única y todos lo que se quedaron terminando el examen sacaron apuntes para facilitar el desarrollo del examen. Lucia no llevaba muy preparado el examen, así también sacó los pocos apuntes que había podido conseguir. Se abrió la puerta del aula, y nuevamente el profesor tomó su asiento, haciendo la vista gorda de los libros que había encima de los pupitres.

 

 Lucia terminó el examen, pero no podía quedarse, porque ese día tenía que hacer la matricula para realizar el segundo curso. Así que entregó el examen y le comentó al profesor que no podía esperar a que terminaran sus compañeros. El profesor entendió la circunstancia y le explicó que como el no había dado clases, había pensado en la posibilidad de aprobar a todos, pero con la condición de que todos estuvieran de acuerdo, que si algún alumno se oponía, no habría aprobado general y cada uno tendría su nota. A pesar de haber podido copiar sin problemas, no le había salido muy bien el examen y contestó apresuradamente, casi sin pensarlo que ella estaba de acuerdo con el aprobado general. El profesor le recordó la condición y sin más comentarios Lucia se marchó de la clase.