Planes de futuro

No les hacía falta inventar ninguna excusa para verse. Iban juntos a clase y prácticamente a cualquier sitio. Alba no aprobaba que Lucia mantuviera una relación con Leo mientras seguía con David.

 La decisión estaba tomada. Los días que había pasado junto a Leo le parecían súper especiales y no quería perderse eso por nada del mundo. Hacían planes para el verano aprovechando que Lucía tenía unos días de vacaciones. Primero se irían a Benidorm ya que los padres de Leo tenían una casa allí y ese año no irían porque las cosas en casa no iban muy bien. Ninguno de los hermanos de Leo, se pasaría por allí en las fechas que habían elegido, así que tendrían la casa para ellos solos. Luego se irían a la casa de Torremolinos de Lucía. Leo se había comprado un coche de segunda mano y eso les permitiría hacer el viaje que habían planeado. Celebrarían sus cumpleaños juntos ya que solo había seis días de diferencia. Sería el momento ideal para conocer a los amigos del otro. Todo estaba bien calculado, pero todo esto no podía llevarse a cabo si Lucía seguía con David.

 –      ¿Podemos quedar esta tarde? Tenemos que hablar.

 A pesar de la ingenuidad de David, él sabía, que cuando dicen esa frase en una película es porque la relación no va bien. Además notaba a Lucía muy distante. Las pocas veces que quedaban, Lucía siempre tenía alguna excusa para despedirse pronto de él. O bien tenía que estudiar o hacer algún trabajo, o bien tenía que ir al gimnasio.

 –      David, necesito que nos demos un tiempo. Me estoy empezando a agobiar con el tema de la boda, el piso, tu familia…

–      Lucía, ya hemos comprado la casa y ya tenemos la fecha reservada para la boda.

–      Haz lo que quieras con el piso, si quieres lo vendemos y lo que saquemos te lo quedas, al fin y al cabo yo no puesto nada de dinero para el piso. Ya arreglaremos lo de las escrituras.

–      ¿Pero qué ha pasado? No entiendo nada.

–      No me preguntes más solo quiero que nos demos un tiempo.

–      ¿Quieres que lo dejemos? Dilo claro.

–      Sí, yo creo que es lo mejor.

–      Muy bien, pues devuélveme las escrituras de la casa y el anillo.

–      Las escrituras si te las doy, pero el anillo no.

–      El anillo también. Si quieres que lo dejemos, lo dejamos, pero no quiero que tengas nada mío.

 Tras varios minutos y con lágrimas en los ojos Lucía se quitó el anillo y se lo dio a David. Lo tiró contra el suelo y se marchó. Lucía que se había quedado atónita con la reacción de David, recogió el anillo y se lo guardó en el bolsillo, no se lo quería volver a poner, pero no estaba dispuesta a perderlo. Salió corriendo detrás de David, pero ya era muy tarde. Se había marchado y no sabía si volvería a verle.

 Aprovechando que estaba en el parque, decidió acercarse a casa de Leo. Estaba muy emocionada, a la vez que entristecida por todo lo que había pasado. Tocó el telefonillo.

 –      Hola, ¿está Leo?

–      No se ha ido, si quieres llámale al móvil

–      Muchas gracias. Adiós.

 Eso fue lo primero que hizo. Sacó el móvil del bolso y marcó el teléfono de Leo, quería contarle todo lo que había pasado. Por fin ya podían empezar una relación sin complicaciones.

 –      Hola Leo, ¿Dónde estás?

–      En el paseo de Extremadura. He quedado con Ángela, una buena amiga. Estoy dando una vuelta con ella

–      ¿Podemos quedar luego?

–      Llegaré tarde. Si quieres mañana te paso a buscar en el coche y nos vamos los dos juntos a la uni.

–      Genial, pero tengo que contarte un montón de cosas.

–      Vale, pues si quieres quedamos un poco antes y me cuentas.

–      Ok, pues hasta mañana.

–      Hasta mañana

 Lucía colgó el teléfono y se quedó pensando en todas las cosas que podría hacer con Leo. También quiso llamar a David. Su intención era mantenerle como amigo. Habían pasado muchas cosas juntos y no quería todo acabara así. Además tenían amigos en común y Lucía se preguntaba que iban a hacer ellos.

 En ese momento, Lucía echó de menos a Cristina. Hacía ya unos cuantos años que no se hablaban. No sabían nada la una de la otra. Habían discutido por una tontería y ninguna de las dos estaba dispuesta a bajarse del burro. Imaginaba que Cristina estaba en la universidad y que había hecho nuevos amigos, que ya habría encontrado una nueva mejor amiga que la sustituyera a ella. Sabía por Álvaro, que tenía novio y que este era muy majo. Que ya lo conocían en casa y que parecía que iban en serio. Lucía se alegró por Cristina y pensó en una reconciliación, pero después de tanto tiempo ya no iban a ser las mismas. ¿De qué iban a hablar? Ya pocas cosas tenían en común, aunque Lucía guardaba aquella amistad y la recordaba con especial cariño. Habían sido casi hermanas. Pero todo eso ya había pasado y cada una había elegido su camino. Cada una por su lado.

La piscina de Pablo

Trabajo de cara al público, y como tal estoy expuesta a un sinfín de anécdotas. Algunas son divertidas, otras tristes, aburridas…pero siempre me hacen ver cosas que antes no veía.

 Una tarde de verano, concretamente en el mes de agosto, cuando la mayoría de las personas normales, con un trabajo normal están de vacaciones. Se preveía que sería una tarde normal, con pocas ventas y no mucho que hacer. Ya habíamos limpiado todas las estanterías y la gente prefería estar en la piscina.

 De repente entró Pablo por la puerta, que no era más que un niño que no debía superar los cuatro años. Ya habíamos hablado en un par de ocasiones. Era un niño muy sociable, cariñoso y simpático. Cuando pasó por mi lado, me dedicó una bonita sonrisa y me dijo:

 –          Hola

–          Hola Pablo, ¿Qué tal? ¿Hace mucho calor a que si?

–          Si, vamos a comprar

–          Muy bien.

 Iba acompañado de su madre y le hizo gracia nuestra conversación. Cuando hicieron las compras, la madre decidió pasar por otra caja, pero Pablo se empeñó en que quería pasar por la mía, y como no había mucha gente la madre accedió.

 –          ¿Sabes que? Nos vamos a ir a la piscina. – Parecía como si Pablo hubiera estado esperando toda su vida ese momento. Le encantaba ir a la piscina, pude notarlo en la entonación de sus palabras.

–          ¡Ala! Que suerte, yo también quiero ir.

 Durante unos instantes se quedó pensativo y levantó la cabeza hacia donde estaba su madre. Algo se le estaba pasando por su cabecita. Antes de irse, quiso dejar echa la invitación:

–          Puedes venirte con nosotros.

 No le di más importancia y acepté la invitación, sin percatarme de que Pablo lo estaba diciendo muy en serio.

–          Pero hay un problema- dijo con rotundidad-

–          ¿Cuál?- Pregunté sorprendida

–          Pues que está llena de algas y tenemos que limpiarla.

 Cual técnico de piscinas, empezó a explicarme lo que tenían que hacer. Estaba dispuesto a dejar la piscina impecable, eso si, contaría con la ayuda de papá. Afortunadamente, no había nadie detrás de ellos, así que pude escuchar con atención sus comentarios.

–          Estoy pensando que tenemos otro problema

–          ¿Otro?

 Su madre seguía atenta la conversación de Pablo.

–          La piscina está en el pueblo y hay que ir en coche. Así que el día que vayamos a ir, te llamo y te recogemos.

–          Vale Pablo. Cuando termines de limpiar la piscina me recoges y nos vamos

 Volví a aceptar la invitación. Pablo lo decía muy en serio, pero pensaba que era una cosa de niños y que en cuanto saliera por la puerta se le olvidaría el ofrecimiento. Me despedí de ellos y deseé volver a verlos otro día.

 Pasaron varios días, y no volví a ver a Pablo. Pero sus padres vinieron al supermercado donde trabajo y me comentaron que Pablo estaba muy ilusionado, pero que tenía una preocupación:

 –          Tenemos que ir a pedirla el número de teléfono. Si no ¿Cómo voy a saber donde vive para ir a buscarla?

 Sus padres trataron de que olvidara esa idea, pero el estaba empeñado.

–          Bueno, pues nos pasamos por donde trabaja y la recogemos ¿no?

 Según me comentaron los padres, cuando iban al supermercado Pablo miraba por todos los lados por si me veía para decirme que la piscina estaba limpia y que ya podíamos ir.

Pasó el verano y Pablo volvió al colegio. Un día de otoño, me reconoció:

–          Estuve esperándote para ir a la piscina, pero cuando veníamos a buscarte no estabas.

–          Que mala suerte, con lo que me gusta la piscina…

–          No te preocupes, que cuando haga calor nos vamos, pero dame tu teléfono.

 No supe que decir, ni como reaccionar. Tan solo me salió una estúpida sonrisa que no se me quitó hasta que no pasaron varios minutos.

Ahora, cada vez que van al supermercado, Pablo mira hacia mi caja, ya que siempre estoy en el mismo lugar. Y cuando allí no me encuentra suele decir:

– ¡Vaya! No está mi amiga. Que mala suerte.

sin titulo

Cuando volvieron del viaje no comentaron nada del compromiso que habían adquirido, aunque si dieron detalles de los lugares que habían visitado. No habían parado ni un instante. El puerto de Ciutadella fue uno de los sitios que más impresionó a Lucia. Sus calles rezumaban historia, llenas de palacios y casas señoriales. Podía imaginar como era la vida de aquellas personas; nobles, aristócratas… Al pasear por la muralla pudo transportase por un momento a la edad media. El guía de la excursión les explicó multitud de curiosidades:

 –         No hace mucho tiempo, esta era la capital de Menorca. Aún podemos percibir en sus edificios la presencia de la nobleza y de la iglesia ya que nos han dejado varios ejemplos como la catedral o el obispado.

 Tras la visita cultural, también habían estado varias playas y calas. Les parecía casi imposible que en aquella isla tan pequeña hubiera tantas y tan variadas. El tiempo les acompañó durante toda la estancia en la isla y el transporte, aunque era escaso, les permitió recorrerla y ver todo aquello que Lucía había planeado con la ayuda de una guía que había comprado en una pequeña librería en Madrid. Solo les quedó por visitar Mahón, la espinita clavada de Lucia, pero pensó que habría más ocasiones y que lo que había vivido en ese viaje no lo cambiaba por nada.

 De momento querían guardar el secreto y hasta que no estuvieran más seguros no querían anunciar el gran paso que iban a dar juntos. Pero la madre de Lucia era muy observadora, a la vez que curiosa o tal vez cotilla y no pudo evitar preguntar que significaba la alianza que llevaba puesta en el dedo anular de su mano derecha. Lucia, no tuvo más remedio que contestar:

 –         ¡David me ha pedido que me case con el!

–         Pero si lleváis muy poco tiempo juntos

–         No tan poco mama, además aún no hemos decidido fecha ni nada. Es para dentro de un tiempo.

–         Bueno hija, si es lo que quieres. Yo no estoy convencida de que David sea el hombre de tu vida…

–         Ya, siempre estás con lo mismo…

 Fue corriendo a su habitación para hablar con David de lo que había sucedido, aunque evitó algunas partes de la conversación.

 Unos meses más tarde, Cristina y Lucia decidieron hacer una noche de chicas. Para Cristina no era muy difícil porque aún no tenía pareja y Lucia también lo tenía bastante fácil porque David aceptaba todas y cada una de las decisiones de su novia. Aún hacía calor y Lucia decidió ponerse unos pantalones piratas azules y una camisa a cuadros que se anudaba en el pecho y que dejaba al descubierto el piercing que se había hecho tiempo atrás en el ombligo. Quedaron en Joy Eslava. Pagaron la entrada que les daba derecho a una consumición y dejaron el bolso en el ropero, ya que les gustaba estar libres para poder bailar sin tener que estar vigilando sus pertenencias. Fueron a pedir una copa, cuando se estaban acercando a la barra, Lucia notó como alguien apoyaba la mano en su hombro.

 –         No me lo puedo creer, que pequeño es el mundo. Como me alegro de verte.

–         Siento no decir lo mismo. Respondió Lucia

 Juan Carlos había desaparecido de la vida de Lucia desde la última noche que coincidieron en Pachá

 –         Te he llamado un montón de veces, te he escrito un millar de mensajes y nunca me has respondido ni nada de nada.

–         Cambié el móvil y perdí todos los números

–         No me creo nada.

–         Si me das tu teléfono, te prometo que esta vez va a ser diferente.

–         ¡No seas tonta Lucia! Le recriminó Cristina. Ya te lo hizo hace unos años y ahora va repetirlo

–         Ya… pero…

–         Tía, no hay peros, además estás con David

 Lucia accedió y le dio el teléfono. Tenía curiosidad por saber que hubiera pasado si hubieran continuado la relación, pero por otro lado se sentía un poco culpable. Casi se habían pegado una vez por ella, y eso que aún no eran pareja. ¿Qué pensaría David si se enteraba? ¿Le estaba siendo infiel por el simple hecho de darle el teléfono? ¿Llamaría Juan Carlos esta vez? Y si así fuera, ¿Qué podría pasar?

 Al llegar a casa puso el móvil a cargar, ya que se había quedado sin batería. Varias llamadas aparecieron en la pantalla y dos mensajes. Abrió la carpeta y vio que uno de ellos era de David que la pedía que cuando llegara a casa  le hiciera una llamada perdida y el otro mensaje era de Juan Carlos: “Te he prometido que esta vez iba a ser diferente, y así será. Que descanses wapa”

 No podía creer lo que estaban leyendo sus ojos. Lucia se desmaquilló y se fue a la cama con una sensación extraña. Antes de dormir, pensó en terminar la relación con David, pero ¿Cómo iba a hacer eso? Estaban comprometidos. El encuentro con Juan Carlos la había hecho reflexionar. Tal vez esta era la ocasión que estaba esperando, ella siempre decía que las casualidades no existen y que si las cosas pasan es por algo. Ni ella misma creía sus propias palabras, pero quería autoconvencerse de que no estaba haciendo nada malo.

Pequeños cambios

No tardó mucho en formalizar la matricula. A continuación fue al banco más cercano para pagar las tasas. Ahora solo tenía que esperar a que empezara el nuevo curso. Casi todas las asignaturas que tenía eran anuales y parecía que este curso iba a resultar algo más duro. Las presentaciones de los profesores y la programación de las materias, asustaron un poco a Lucia, pero este año empezaría con más fuerza.

 Tenía las tardes libres, a veces pasaba apuntes a limpio, pero por lo general no tenía muchas cosas que hacer. Empezó a buscar un trabajo que pudiera compaginar con los estudios y que a la vez le diera algo de autonomía. Firmó un contrato para los meses de navidad en un gran centro comercial en el centro de la ciudad. Era poco tiempo, pero al menos ya podía decir que tenía algo de experiencia.

Al finalizar la jornada, David la esperaba para que no volviera a casa sola. Pero una noche fue diferente, había preparado una sorpresa, pero tenían que darse prisa y correr hasta Príncipe Pío para no perder el autobús. David no quiso decirla nada, pero había preparado, con ayuda de la madre de Lucía, una bonita escapada romántica a Segovia. Llegaron al destino y lo primero que hicieron fue buscar un hotel para pasar la noche. Cerca de la estación había uno que tenía muy buena pinta, así que dejaron el pequeño equipaje y bajaron a un mesón para tomar algo. No había mucho donde elegir ya que casi todas las cocinas estaban cerradas y no tuvieron más remedio que comer un bocadillo. Era diciembre, y el tiempo no acompañaba mucho, una visita al Alcázar y una buena comida en un bar céntrico fue lo único que pudieron visitar. Aún así pudieron captar varios momentos con su cámara analógica, que inmortalizaría este viaje.

 Llegó de nuevo el verano, la primavera había sido un periodo de reflexión. Lucía necesitaba algo de espacio para ella, quería pensar si seguir con David o no. Las cosas estaban cambiando muy rápidamente y aún seguía sintiendo algo por Álvaro, esta vez en silencio. Le costaba mucho reconocer que había empezado la relación con David, para olvidarse de el, pero no era tan sencillo, ya que seguían siendo amigos, pero compartían más que una amistad. Un cariño fraternal les unía y eso no lo podía cambiar nadie.

 Tras dos meses de separación, Lucia y David reanudaron la relación, pero esta vez iba a ser muy distinto. Para empezar con buen pie, decidieron hacer un viaje a Menorca. No podían moverse mucho por allí ya que ninguno de los dos tenía carné de conducir, así que lo de alquilar un coche era misión imposible, así que las opciones eran bastante limitadas. Pasaban las horas en la piscina del hotel haciendo actividades con los animadores o se iban a la playa, buscando calitas donde el turismo no estuviera tan masificado. Una mañana, David se levantó antes que Lucia, dejándola sola en la habitación. Al despertarse se dio cuenta de la situación e intentó llamarle al móvil, pero lo tenía apagado, así que decidió esperar en la habitación, aunque se sentía un poco angustiada a la vez que notaba que su enfado iba en aumento. 

Final de verano

 

 Cuando regresaron a casa, su día especial ya había acabado, ya que la familia había vuelto. Hubo varias bromas y varios comentarios de lo que se habían perdido, pero para ellos había merecido la pena pasar a solas todo el día. Salieron todos juntos a cenar, y como siempre era muy difícil ponerse de acuerdo a la hora de elegir el lugar. Se decantaron por una marisquería, pero ni a Lucia, ni a sus hermanas les gustaba el marisco, así que optaron por el restaurante de comida rápida que había cerca. Todos criticaron la elección, pero no querían comer marisco y allí era lo único que había.

 

 Lucia habló con sus padres de la posibilidad de volver a Madrid con David. No hubo opción de réplica. Lucia no esperaba una negación tan rotunda. Prefirió no discutir y acatar la decisión de sus padres, solo eran tres días, pero tenía ganas de volver a Madrid para reencontrarse con sus amigos, especialmente con Álvaro. David era muy atento con ella y realmente estaba enamorado, pero Lucia no había conseguido sacarle de su cabeza y mucho menos de su corazón.

 

 Cuando llegó a Madrid, Lucia puso en orden todos sus apuntes de teoría sociológica clásica, una de las asignaturas que había dejado para septiembre. Demasiados autores para tan poco tiempo, así que hizo una selección y cruzó los dedos para que le saliera en el examen, lo que se había estudiado.

 

 El examen comenzó, todo parecía muy extraño, el profesor parecía despistado, era mayor, pero quizá son las más estrictos ya que se saben todos los trucos que utilizan los alumnos para copiar. Antes de repartir los exámenes, el profesor advirtió que al finalizar el examen, nadie se marchara, ya que había sido un curso muy raro y tenía que comentar ciertas cosas con los alumnos. A mitad del examen, el profesor decidió hacer un descanso e indicó que cada uno era libre de hacer lo que quisiera. Podían hacer el descanso, como el había anunciado o bien podían continuar el examen sin la supervisión de ningún profesor. A Lucia esto le pareció muy raro y optó por continuar el examen. No fue la única y todos lo que se quedaron terminando el examen sacaron apuntes para facilitar el desarrollo del examen. Lucia no llevaba muy preparado el examen, así también sacó los pocos apuntes que había podido conseguir. Se abrió la puerta del aula, y nuevamente el profesor tomó su asiento, haciendo la vista gorda de los libros que había encima de los pupitres.

 

 Lucia terminó el examen, pero no podía quedarse, porque ese día tenía que hacer la matricula para realizar el segundo curso. Así que entregó el examen y le comentó al profesor que no podía esperar a que terminaran sus compañeros. El profesor entendió la circunstancia y le explicó que como el no había dado clases, había pensado en la posibilidad de aprobar a todos, pero con la condición de que todos estuvieran de acuerdo, que si algún alumno se oponía, no habría aprobado general y cada uno tendría su nota. A pesar de haber podido copiar sin problemas, no le había salido muy bien el examen y contestó apresuradamente, casi sin pensarlo que ella estaba de acuerdo con el aprobado general. El profesor le recordó la condición y sin más comentarios Lucia se marchó de la clase.

 

 

Día de verano

 

David no quería dejar pasar la ocasión. Pretendía que el viaje fuera especial, así que se informó en los hoteles cercanos de cuanto costaría pasar una noche, con desayuno incluido. Hubo que le gustó mucho y que no se salía demasiado de su presupuesto. Además pretendía adornar la habitación con flores. Pensó que sería el lugar ideal para demostrar su amor hacia ella, pero quería contar con el beneplácito de la que en un futuro podría ser su suegra.

 

 – Me gustaría preparar una sorpresa para Lucia, pero quería preguntarte antes que te parece.

 

– Dime.

 

– He estado mirando hoteles y me gustaría pasar una noche a solas con Lucia.

 

– ¿Para que te vas a gastar el dinero?

 

– Es que no tenemos intimidad, además solo sería una noche

 

– No me parece buena idea.

 

 A David, no le gustó mucho la respuesta, pero tuvo que admitirla sin más. No estaba contento y su cara reflejaba su estado de ánimo. Fernando, el tío de Lucia, intentó animarle y le dio una alternativa que parecía factible y que no podía rechazar.

 

 Todos los días visitaban playas nuevas, siempre fuera de la localidad en donde estaban alojados. La idea era muy sencilla, pero a la vez podía resultar efectiva. No asistirían a una de las jornadas playeras, para disfrutar de la casa a solas. Se quedarían con la excusa de visitar el pueblo. David recuperó la ilusión y empezó a darle vueltas a ese día tan maravilloso que les esperaba.

 

 Nadie comentó nada, David y Lucia no irían a Conil, porque se iban a quedar visitando San Lucar de Barrameda. Por la mañana, antes de que se levantara nadie, David se levantó para traer el desayuno de Lucia, un batido de helado de chocolate en vaso de plástico, con una pajita y un croissant. También hizo una parada en la farmacia, ya que quería evitar un disgusto. La despertó con un tierno beso en la mejilla y suaves caricias en la espalda.

 

 – Hoy es nuestro día, podemos hacer lo que queramos.

 

– Que bien, ¿me has traído el desayuno?

 

– Si, quiero que hoy sea un día muy especial

 

– Muchas gracias, me siento como una princesa.

 

 Insistieron unas cuantas veces e intentaron convencerles para que se fueran a la playa con ellos, pero ya tenían en mente lo que querían y ese no era su plan. Por fin la casa se quedó vacía y se quedaron en la cama un ratito más. Los besos y caricias se repartían por todo el cuerpo. David no quería dejar ni un centímetro de la suave piel de Lucia sin recorrer con sus labios. Era la situación ideal, no habían compartido otro momento igual en los meses que llevaban juntos, ya que nunca era el apropiado o no encontraban ese lugar para transformar su amor y convertirse en un solo ser durante unos instantes.

 

 Todo marchaba bien, pero David estaba demasiado nervioso, parecía que fuera su primera vez, y quizá algo de eso si había. Era su primera vez con amor y se sentía tan especial que no pudo hacer nada, nada más que lamentarlo y pedir disculpas una y otra vez a Lucia por lo que había sucedido. Lucia comprendió la situación e intentó quitar hierro al asunto. Compartieron una ducha, se vistieron y salieron a dar una vuelta y comer. Por fin comían a una hora normal y no tardaron mucho en servirle la comida que habían pedido. Hacía mucho calor, y decidieron que lo mejor sería volver a la casa para evitar las peores horas de sol. Volvieron a la cama, pero esta vez para dormir la siesta y olvidar lo que había pasado por la mañana. Cuando se despertaron, dieron un largo paseo por la playa, dialogando sobre lo que harían cuando volvieran a Madrid. David tendría que regresar unos días antes para incorporarse al trabajo y Lucia pensó en regresar con el.

 

 – Creo que es mejor que te quedes aquí los tres días que quedan. Yo voy a estar bien. En el AVE solo tardo dos horas en llegar a Madrid

 

– Pero es que me apetece irme contigo, además me hace mucha ilusión montar en el AVE.

 

– Como quieras, pero antes de nada pregúntaselo a tus padres. 

Comienzo del verano

– Ya nos hemos enterado de que tienes novio.

– Bueno, estoy empezando con un chico, llevo muy poco tiempo con el.

– Se vendrá a Cádiz ¿no?

– Pues no le he dicho nada, pero la verdad es que me gustaría.

 Tras esta conversación con su primo Alejandro, Lucia muy entusiasmada buscó en su bolso vaquero su móvil verde. Comenzó a pulsar las teclas del teléfono, estaba escribiendo a David, para comentarle la noticia. Pasaron dos minutos y sonó el teléfono.

 – David, ¿Cuándo tienes vacaciones?

– Desde el 18 de julio hasta el 31 de agosto ¿por?

– Es que estoy con mis primos en un bar, organizando el viaje a Cádiz y me han preguntado si te quieres venir

– Claro, me apetece un montón, pero no conozco a casi nadie.

– Por eso no te preocupes… yo te los presento antes de que nos vayamos. Eso si, tienes que pagar tu parte de la casa.

-Vale, no hay problema ¿Mañana nos vemos?

– Si, ya he terminado los exámenes.

– ¿Qué tal te han salido?

– Pues me he dejado alguna para septiembre, pero bueno, ya veremos

 Lucia se marchó a Valencia con un grupo de amigos. Echaba de menos a David e incluso pensaba que podía serle infiel, pero se repuso y dejó de tener esos pensamientos. No conocía a casi nadie del grupo, pero aún así se integró rápidamente. Lucia era una chica muy sociable y risueña. Una chica muy normal, quizá algo irresponsable, pero con casi veinte años no se le exigía mucho más.

 La semana pasó sin muchas novedades. Por la mañana iban a la playa, y luego a la piscina. Comían, reposaban la comida y repetían el ritual de la mañana. Un día decidieron ir caminando hasta el pueblo contiguo por la costa. Tan solo eran tres kilómetros, cerca de una hora es lo que calcularon que tardarían en llegar, pero no contaron con los accidentes geográficos que podían encontrar. Tuvieron que atravesar una especie de laguna y las chicas del grupo se habían arreglado más de la cuenta. Llegaron al pueblo, atravesaron la playa y enseguida estuvieron en el paseo marítimo. Quisieron inmortalizar el momento y posaron sentados en un banco de piedra. La foto quedaría bonita. Todos los que habían ido al viaje, descansando de la caminata, con un bonito fondo; el mar y la puesta de sol. Caminaron hasta el final del paseo, encontraron varios puestos de artesanía y Lucia decidió comprar unas figuras de arena para sus hermanas, dentro de las cuales estaba escrito sus nombres con letras de purpurina de varios colores. Uno tenía forma de pez y el otro un sol. Para ella no quiso nada, no le gustaban mucho los abalorios y la mayoría de los puestos ofrecían pulseras, anillos, colgantes…

 Empezó a anochecer, y decidieron que tenían que volver, así deshicieron sus pasos y regresaron al apartamento. Dos días más tarde, estaban haciendo las maletas para volver a Madrid. Cuando llegaron, David, Cristina y Juanjo, estaban esperando en Atocha. David y Lucia se fundieron en un abrazo y tierno beso que demostraba que estaba ansioso por verla, abrazarla, tocarla, mirarla… Tras el reencuentro fueron a casa de Lucia para que se duchara y se cambiara de ropa. Era sábado y estaban todos los amigos estaba esperando que llegara Lucia para darla la bienvenida. En Arguelles, la conocían casi todos y la saludaron efusivamente. También hubo presentaciones, nuevos amigos se habían incorporado accidentalmente al grupo.

 – Hola, soy Juan.

– Hola encantada. ¿De que os conocéis? Se volvió hacia David esperando una respuesta.

– Pues por una confusión. Sergio pensaba que  se quería liar con Elena. Íbamos a por el y casi nos pegamos. Pero estuvimos hablando y ahora somos amigos

– Vaya historia, ya me contareis más despacio.

El verano transcurrió con mucha normalidad. Antes de que quisieran darse cuenta, llegó el quince de agosto, fecha que tenían prevista para iniciar el viaje a Cádiz. El coche era pequeño y tenían que ir cinco personas, dos perros y las maletas de cada uno. Las disputas por las ventanillas era ya todo un clásico, así que lo sortearon, y aunque a David le tocó la ventanilla y Lucia tenía que hacer el viaje en el sitio de en medio, dejó que fuera ella la que disfrutara de ese privilegio.

 Hicieron varias paradas para estirar las piernas, comer algo y echar gasolina. Llegaron a media mañana, buscaron la casa y se acomodaron lo mejor posible. En realidad eran dos casas que estaban comunicadas por un patio de luces, adornado con macetas de varios tipos que contenían hermosas flores. La fachada de la casa era blanca y tan solo el azul de las ventanas aportaba algo de color al barrio. Cuando comprobaron que todo estaba bien y tras dar una vuelta por el pueblo, se cambiaron de ropa, y se fueron a la playa, para aprovechar lo que quedaba de sol. Los demás fueron llegando poco a poco y se iban instalando conforme a lo que habían quedado. David y Lucia tendrían habitación propia hasta que llegaran Roberto y Patricia, luego tendrían que dormir en un colchón en el suelo del salón de una de las casas. Las casas se dividieron por edades. Los mayores y los más pequeños se quedaron con la exterior y los jóvenes, entre los cuales estaban ellos, se quedaron en la interior. No había grandes diferencias entre las casas y lo único que querían era estar juntos y pasarlo bien. Una noche salieron en busca de una zona de marcha, pero les dijeron que tenían que irse a un pueblo vecino, y como no tenían medio de transporte, decidieron quedarse en la playa del pueblo contemplando las estrellas y escuchando como las olas rompían en la playa. Había luna llena y bajo su luz se tumbaron en la arena, que aún conservaba el calor que el sol le había traspasado durante toda la jornada. David empezó a besarla, ya no era el chico que daba aquellos besos arrebatadores, ahora desprendía más dulzura, pero también transmitían pasión y amor, ese amor incondicional que quería entregar a Lucia durante su estancia en la “tacita de plata”. No lo tenían fácil, ya que Roberto y Patricia llegaron a los dos días de estar allí y no disfrutaban de su intimidad porque su cama estaba en un punto de paso, así que optaron por frenar su pasión y dejarlo para algún otro momento, pero sin renunciar a los besos y caricias que antes de dormir compartían.