Viaje a Malta

No puedo decir que fuera un viaje de esos que se tienen en mente. De hecho Malta era una isla casi inexistente para mi. Cuando mi novio me propuso ir  alli, pensé que sería una buena idea. Un nuevo país… Una aventura más que añadir a mi equipaje.
Cuando decia que me iba a Malta de vacaciones, la gente me preguntaba que iba a hacer tanto tiempo en una isla, que 7 días son muchos días.

Internet ofrece muchas posibilidades de planificar el viaje con antelación, aún así solo teníamos unas pequeñas pinceladas de lo que iban a ser nuestras vacaciones.

No es viaje de playa pero si sorprende su paisaje, su arte y los restos de su pasado. Pueden contemplarse templos antiquisimos del neolitico, catacumbas cristianas, increíbles acantilados, aguas cristalinas, iglesias con mucho encanto como la Basilica de Ta’ Pinu con una singular historia que contaré en otro post.

Sin duda Malta es una isla que hay que visitar ya que son muchas las posibilidades que ofrece. Malta, Gozo y Comino son lugares simgulares que lermiten contemplarla belleza de las islas.

Siete días han sido suficiente para cumplir nuestros objetivos.

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Mi último viaje

Fue el último beso. Aunque no quisiste que se quedara con ese recuerdo.

 Revives aquel instante y tu memoria te hace ver aquella imagen como si de una fotografía se tratase.

 Mientras vas en el autobús, escuchando la música que suena en la radio, no puedes dejar de pensar que harás cuando la vuelvas a ver. Han pasado tantos años y tantas cosas desde la última vez que os visteis.

 Intentaras no quedarte perdido en el abismo de sus ojos negros, más es muy difícil que no lo consigas. Aún sigues pensando en sus ojos y que precisamente fue eso lo que te enamoró.

 Su perfume, magnifica esencia que no era más que la prolongación de su piel, ahora inunda tu nariz. No quieres que vuelva su recuerdo a tu mente, sin embargo todo te lleva hacia ella. Evocas el tacto de su piel, siempre tan suave, que tus manos parecían un pez que se resbalaba.

 No fue fácil localizarla. Recordabas perfectamente su nombre y apellidos, pero no contabas que su estado civil había cambiado. ¿Cómo te recibirá? ¿Seguirá casada? Seguramente que si. No puedes evitar pensar en como la perdiste, como se fue de tu lado. Si ahora pudieras hacer algo, pero ya es tarde, perdiste la oportunidad que ella te dio. Ella quería tener un hijo, más tu  no estabas por la labor. Nunca te pareció un buen momento. Necesitaba ese compromiso por tu parte, su reloj biológico se había activado, aunque tu no te habías dado cuenta de que en realidad, ella quería ver el reflejo de vuestro amor en ese hijo tan ansiado por ella. Pensaste que tendríais tiempo más adelante. No quisiste escuchar todas las razones que Teresa puso encima de la mesa.

 Tu también has rehecho tu vida a lado de una mujer de la cual nunca sabrás sus verdaderos sentimientos. Delia no quiso tener hijos, lo cual te alegró enormemente. No tendrías ningún lazo te uniera a ella eternamente, tan solo el día a día. Aun así no podías sacar de tu cabeza la imagen de Teresa, su largo pelo negro, su piel blanca, casi tan transparente que se podían leer sus sentimientos a través de su cuerpo.

 Abres con sumo cuidado la libreta donde has apuntado la dirección exacta. Imaginas una casa señorial, por lo menos con dos pisos. Un porche bastante amplio con un banquito blanco para sentarse y un gran jardín con una gran variedad de flores. Recuerdas que a Teresa le encantaban las flores, así que comprarás algunas, así no podrá decirte que no a lo que la tienes que proponer.

 Por fin llegas a tu destino. Un pueblo grande, habrá crecido en los últimos años. No lo recordabas así. Cuando te marchaste tan solo había una docena de casas alrededor de la iglesia. No encuentras a nadie conocido, así que sacas de nuevo la libreta con todas las anotaciones que has ido haciendo a lo largo de los meses que duró tu investigación para encontrar a Teresa. Recorres las calles del pueblo y nadie sabe darte la dirección exacta. Das muchas vueltas hasta que alguien te dice que tienes que salir del pueblo. Que lo que estás buscando es la residencia que hay en las afueras del pueblo.

 Eres consciente de que tardarás en llegar. Tus piernas ya no son tan ágiles y el no saber que es lo que vas a encontrar te genera desconcierto. Por un momento piensas en rendirte. Pero no, ya la perdiste una vez y no estás dispuesto a irte con las manos vacías. Es posible que puedas tocar su piel, u oler su perfume, aunque tan solo te conformas con que ella escuche lo que has venido a contarle.

 Es de noche, así que dormirás en el pueblo. En aquella pensión. Tienes sueño y hambre, así que buscas alguna taberna en la que te puedan poner un chato de vino y algo de queso con un mendrugo de pan. Ya no comes como antes, además los nervios por ver a Teresa te han cerrado el estomago.

 Te acuestas pensando en ella, y como es normal sueñas con ella. Esperas que su imagen corresponda con su recuerdo.

 Por la mañana te levantas, te cambias de muda y le preguntas a la señora que está en la recepción del hotel si alguna manera de llegar a la dirección que escribiste en tu cuaderno. La señora, muy amablemente, te ofrece su coche. Ahora te lamentas de no haber renovado la licencia para conducir. El chaval que estaba en la puerta de la pensión, te puede llevar. Miras sus ojos y ves en ellos la imagen de Teresa. Cada vez estás más cerca de ella, por esa razón la ves en todas partes.

 El trayecto no dura más de diez minutos, aún así eres capaz de mantener una conversación razonable con aquel chico. Le cuentas que estás buscando a la mujer de tu vida y el muchacho sonríe. Te das cuenta y te ruborizas. Le das las gracias y te despides sin más.

 Creíste que se trataba de un error, pero no. Efectivamente era una clínica. Entras y preguntas por Teresa Ceballos.

 Te dicen que se encuentra en el salón que hay al final del pasillo. Cuando entras, buscas su melena negra, no aparece. Tan solo el color de sus ojos es lo único que no ha cambiado. Saludas a Teresa, pero no te reconoce. Coges sus manos para descubrir que ya no es tan fina y delicada como recordabas. Intentas que se acuerde de ti diciendo tu nombre y contando anécdotas de vuestra juventud. Parece que te reconoce, pero no tiene claro porque estás ahí.

 Ahora lo tienes claro, comentas. Te has dado cuenta de que si quieres tener un hijo, y que por supuesto ella tiene que ser la madre. Ella te sonríe y piensa que has venido para burlarte de ella. La dices que ya es el momento, que nunca la has olvidado. Ella saca de su bolsillo una cartera roja, la abre y te la muestra. En cada uno de los apartados puedes observar varias fotografías. Eran sus hijos, los que no había tenido contigo.

 Te lamentas, pero no puedes hacer nada. Cierras la cartera roja y se la devuelves a Teresa. Te marchas. El chico que te había llevado hasta la residencia te estaba esperando. Intuía que no ibas a tardar más de diez minutos y supuso que tendrías que volver al pueblo, al menos para coger el autobús de vuelta a tu casa. No lo pensaste ni un momento. Le abrazaste, le diste el abrazo de padre que te hubiera gustado darle a tu hijo, más te conformaste con el abrazo del hijo de Teresa.

 

 

 

sin titulo

Cuando volvieron del viaje no comentaron nada del compromiso que habían adquirido, aunque si dieron detalles de los lugares que habían visitado. No habían parado ni un instante. El puerto de Ciutadella fue uno de los sitios que más impresionó a Lucia. Sus calles rezumaban historia, llenas de palacios y casas señoriales. Podía imaginar como era la vida de aquellas personas; nobles, aristócratas… Al pasear por la muralla pudo transportase por un momento a la edad media. El guía de la excursión les explicó multitud de curiosidades:

 –         No hace mucho tiempo, esta era la capital de Menorca. Aún podemos percibir en sus edificios la presencia de la nobleza y de la iglesia ya que nos han dejado varios ejemplos como la catedral o el obispado.

 Tras la visita cultural, también habían estado varias playas y calas. Les parecía casi imposible que en aquella isla tan pequeña hubiera tantas y tan variadas. El tiempo les acompañó durante toda la estancia en la isla y el transporte, aunque era escaso, les permitió recorrerla y ver todo aquello que Lucía había planeado con la ayuda de una guía que había comprado en una pequeña librería en Madrid. Solo les quedó por visitar Mahón, la espinita clavada de Lucia, pero pensó que habría más ocasiones y que lo que había vivido en ese viaje no lo cambiaba por nada.

 De momento querían guardar el secreto y hasta que no estuvieran más seguros no querían anunciar el gran paso que iban a dar juntos. Pero la madre de Lucia era muy observadora, a la vez que curiosa o tal vez cotilla y no pudo evitar preguntar que significaba la alianza que llevaba puesta en el dedo anular de su mano derecha. Lucia, no tuvo más remedio que contestar:

 –         ¡David me ha pedido que me case con el!

–         Pero si lleváis muy poco tiempo juntos

–         No tan poco mama, además aún no hemos decidido fecha ni nada. Es para dentro de un tiempo.

–         Bueno hija, si es lo que quieres. Yo no estoy convencida de que David sea el hombre de tu vida…

–         Ya, siempre estás con lo mismo…

 Fue corriendo a su habitación para hablar con David de lo que había sucedido, aunque evitó algunas partes de la conversación.

 Unos meses más tarde, Cristina y Lucia decidieron hacer una noche de chicas. Para Cristina no era muy difícil porque aún no tenía pareja y Lucia también lo tenía bastante fácil porque David aceptaba todas y cada una de las decisiones de su novia. Aún hacía calor y Lucia decidió ponerse unos pantalones piratas azules y una camisa a cuadros que se anudaba en el pecho y que dejaba al descubierto el piercing que se había hecho tiempo atrás en el ombligo. Quedaron en Joy Eslava. Pagaron la entrada que les daba derecho a una consumición y dejaron el bolso en el ropero, ya que les gustaba estar libres para poder bailar sin tener que estar vigilando sus pertenencias. Fueron a pedir una copa, cuando se estaban acercando a la barra, Lucia notó como alguien apoyaba la mano en su hombro.

 –         No me lo puedo creer, que pequeño es el mundo. Como me alegro de verte.

–         Siento no decir lo mismo. Respondió Lucia

 Juan Carlos había desaparecido de la vida de Lucia desde la última noche que coincidieron en Pachá

 –         Te he llamado un montón de veces, te he escrito un millar de mensajes y nunca me has respondido ni nada de nada.

–         Cambié el móvil y perdí todos los números

–         No me creo nada.

–         Si me das tu teléfono, te prometo que esta vez va a ser diferente.

–         ¡No seas tonta Lucia! Le recriminó Cristina. Ya te lo hizo hace unos años y ahora va repetirlo

–         Ya… pero…

–         Tía, no hay peros, además estás con David

 Lucia accedió y le dio el teléfono. Tenía curiosidad por saber que hubiera pasado si hubieran continuado la relación, pero por otro lado se sentía un poco culpable. Casi se habían pegado una vez por ella, y eso que aún no eran pareja. ¿Qué pensaría David si se enteraba? ¿Le estaba siendo infiel por el simple hecho de darle el teléfono? ¿Llamaría Juan Carlos esta vez? Y si así fuera, ¿Qué podría pasar?

 Al llegar a casa puso el móvil a cargar, ya que se había quedado sin batería. Varias llamadas aparecieron en la pantalla y dos mensajes. Abrió la carpeta y vio que uno de ellos era de David que la pedía que cuando llegara a casa  le hiciera una llamada perdida y el otro mensaje era de Juan Carlos: “Te he prometido que esta vez iba a ser diferente, y así será. Que descanses wapa”

 No podía creer lo que estaban leyendo sus ojos. Lucia se desmaquilló y se fue a la cama con una sensación extraña. Antes de dormir, pensó en terminar la relación con David, pero ¿Cómo iba a hacer eso? Estaban comprometidos. El encuentro con Juan Carlos la había hecho reflexionar. Tal vez esta era la ocasión que estaba esperando, ella siempre decía que las casualidades no existen y que si las cosas pasan es por algo. Ni ella misma creía sus propias palabras, pero quería autoconvencerse de que no estaba haciendo nada malo.

De camino al desierto

5 de octubre de 2011

180 Km son los que separan Marrakesh y Ouarzarte que era nuestra siguiente meta, tan solo había un osbtáculo que superar: CRUZAR EL ATLAS.

Nos despertamos a las ocho de la mañana y nuevamente tomamos el desayuno del primer día. Cogimos las maletas y comnezamos el viaje. Esta vez no nos costó salir de Marrakesh ya que habíamos aprendido la lección del día anterior. La carretera no parecía mala y no era mucha la distancia a recorrer, así que como no teníamos prisa hicimos una parada técnica en METRO (Supermercado con características similares a Makro). Queríamos comprar algo de comida ya que íbamos de camino al desierto y no sabíamos lo que nos podíamos encontrar. Algo más de una hora estuvimos decidiendo(aunque no había mucho donde elegir porque casi todo era al por mayor). El botín no fue más que unas bolsas de patatas fritas, unas galletas y algo de queso.

El camino al ATLAS resultó más duro de lo que esperabamos. A pesar de tener un firme bastante bueno, una gran hilera de camiones enormes, que transportaban desde gasolina hasta ganado, dificultaban la subida a este puerto, con tan solo un sentido para cada sentido de la marcha. Camión tras camión, íbamos adelantando, incluso en línea continua, y por fin tras varias horas de viaje (más de las que habíamos calculado), paramos en un pueblo del cual no pude averiguar el nombre, porque en Marruecos es muy normal eso de no señalizar. Brochetas con ensalada marroquí fue el menú que nos dieron casi sin elegir.

Continuamos el viaje a Ouarzarzate, lugar donde pasaríamos la noche antes de ir al desierto de Merzuga. Cuando llegamos, aún quedaba algo de luz, así que buscamos un hotel que entrara dentro de nuestro presupuesto y fuimos a dar una vuelta por los estudios de cine que habíamos visto en la entrada del pueblo. Preguntamos horarios y precios, pero no pudimos visitar ninguno ya que estaban a punto de cerrar. Pese a este contratiempo, nuestro viaje no fue en valde. A la salida de uno de los estudios, Naim, un organizador de viajes al desierto, nos hizo varias ofertas, pero nuestro presupuesto, solo nos permitía la más económica. Incluía comida en Tegunite, paseo de dos horas en camello, cena y desayuno en el desierto y dormir en una jayma. El trasnporte hasta allí corría por nuestra cuenta. Aceptamos su propuesta, aunque eso modifica nuestros planes  y nos dejaba libres más días, que nos permitirían visitar más lugares, que a priori, no estaban marcados en nuestro itineratio. En vez de ir al desierto de Merzuga, iriamos al desierto de Zagora.

Sorpresa!!!

La infancia de David fue bastante dura, además tenía el agravante de su enfermedad. Nació con una enfermedad congénita que marcaría su vida. Debido a su hidrocefalia, pasó mucho tiempo en el hospital. Con tan solo nueve meses tuvieron que operarle porque el líquido cefalorraquídeo le estaba presionando el cerebro. Lucia estaba al tanto de que sufría esa enfermedad, pero realmente no sabía de que se trataba.

 -La hidrocefalia, no es más que la acumulación del líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro, lo que hace que estas se dilaten.

– ¿Y que es lo que sientes?

– Pues principalmente dolor de cabeza, pero el estomago también se me resiente.

– ¿Pero nadie de tu familia tiene esa enfermedad no?

– Es que creo que no es hereditaria, mi madre siempre me ha dicho que es por culpa de mi tía Maribel. Cuando mi madre estaba embarazada de siete meses, le dio una patada en la tripa. Mi tía Isabel y mi madre creen que es por la patada.

– Pues vaya, pero me parece muy fuerte lo de tu tía.

– Ya, pero ya está olvidado. Me han operado unas cuantas veces, y una vez estuve en coma tres días, pero afortunadamente pude salir, aunque tengo que estar con un tratamiento.

– ¿No tiene cura?

– No, pero se puede controlar. Tengo que ir a revisión pero nada más. Ahora mismo estoy bien. Cuando nací los médicos le dijeron a mi madre que no iba a pasar de los catorce años, y mira…

– Bueno, pues ahora toca cuidarse.

 Parecía que todo había vuelto a la normalidad, aunque David quiso volver a pedir disculpas a Lucia por haberle ocultado lo de su padre. Le hizo la promesa de que nunca más volvería a ocultarla nada, aunque aún quedaban cosas que contar, pero que poco a poco lo iría haciendo.

 Pasaba el tiempo y David seguía sin aparecer. Lucia pensaba que era el día ideal para visitar Mahón, ya que no hacía demasiado calor y encima se había nublado un poquito. Pero si David se retrasaba más no podían hacer nada.

 De repente, Lucia escuchó unos suaves golpes en la puerta. Bastante enfadada, se levantó de la cama para abrir. Si, era David.

 –         ¿Dónde estabas?

–         Dando una vuelta

–         Y yo aquí en la habitación, sin poder hacer nada, esperando a que llegaras. Y el móvil apagado

–         Me habré quedado sin batería. Sacó el móvil del bolsillo y descubrió que lo tenía apagado y no podía encenderlo, así que lo puso a cargar.

–         Me hubiera apetecido ir a Mahón, hace un día muy bueno para conocer la ciudad.

–         Si quieres cuando vuelva, nos vamos.

–         ¿Dónde vas ahora?

–         Es que tengo que terminar de solucionar unas cosas

–         Pues me voy contigo

–         No puedes

 Lucía no podía aguantar más la situación. Una mañana perdida y encima tenía que estar más tiempo encerrada en la habitación.

 –         He dicho que me voy contigo

–         Eres una cabezota, haz lo que quieras

–         Pues eso, que me voy

 Al final, Lucia se salió con la suya, aunque no sabía muy bien donde iban. David entró en una joyería, pero le pidió a Lucia que se quedara fuera, que no iba a tardar nada. No entendía nada, ¿Qué necesitaba de una joyería?

David salió con una gran sonrisa dibujada en la cara. Se sentía bien, pero Lucia no dejaba de preguntar.

 –         Que conste que quería hacerlo de otra manera, pero te has puesto tan pesada.

–         Es que no sabes lo que es estar una mañana entera en la habitación

–         He estado buscando un restaurante y una floristería pero no he encontrado nada. Solo esto.

David sacó una pequeña caja de una bolsita de papel duro que le habían dado.

–         ¿Quieres casarte conmigo?

–         Si

 David, le puso el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Lucia rompió a llorar de la emoción y se fundieron en un bonito beso. David había conseguido que el enfado de Lucia desapareciera y que el viaje a Menorca fuera inolvidable para ambos.

Cascadas de Ouzud

4 de octubre de 2011

Queríamos dormir para descansar bien, así que pusimos el despertador a las ocho de la mañana. Ya habíamos pactado que nos sirvieran el mismo desayuno a la nueve, así que subimos a la terraza. Nos encontramos con una pareja de franceses que también esperaban su desayuno. La chica estaba ojeando una guía de Marruecos, imagino que estaría buscando lugares que visitar y cosas que hacer. El chico estaba leyendo un libro de tapas amarillas, del cual no conseguí ver el título. Nos sirvieron lo que habíamos pedido y cuando estuvimos preparados y nos trajeron el coche que habíamos alquilado el día anterior, nos fuimos de camino a las cascadas de Ouzud.

La salida de Marrakesh fue infernal, de hecho tuvimos que parar en una de las gasolineras cercanas porque me encontraba indispuesta, debido al estrés que ocasiona la conducción en una ciudad como esta. Respostamos el coche y tras dos horas de viaje llegamos a nuestro destino. Encontramos varios parkings, aunque ninguno de ellos ofrecían la seguridad que estábamos buscando. Después de pasar un mercadillo, un puente algo dudoso y encontrarnos con posibles guías, decidimos regresar y dejar el coche en uno de los primeros que habíamos visto. Diez dirhams fue la tarifa que nos cobraron por la custodia del coche. Nada más aparcar, un guía oficial no enseñó sus credenciales e intentó cobrarnos 150 dirhams por sus servicios, pero no estábamos dispuestos a pagar esa cantidad y al final otro guía nos acompañó por tan solo 80 dirhams. Pudimos contemplar las cascadas desde arriba, para luego comenzar a bajar cerca del curso del río. Las vistas fueron muy hermosas y el guía fue muy atento contándonos curiosidades sobre el origen de los nombres o contándonos formas de vida en Marruecos. Nos sorprendió que la época de cortejo suele ser en diciembre y que los chicos pagan a la familia de la chica una dote que va en función de la belleza de la novia ¿Cuanto pagarían por mi? Tras bajar por un sendero, llegamos una especie de cala en la cual pudimos darnos un baño. Aunque el agua estaba bastante fría, nuestras piernas lo agradecieron, ya que el camino no había resultado tan fácil como imaginamos. Continuamos el viaje, esta vez hacia arriba. Cuando íbamos más o menos por la mitad paramos en un mirador donde pudimos contemplar de cerca una bellas vistas de las cascadas, adornadas con medio arco iris, que potenciaba la belleza de la caída del agua.  Nos sirvieron la comida, tipicamente marroquí: brochetas de pollo, pollo braseado, acompañado de patatas fritas y ensalada marroquí que varía según la zona. Para terminar unas rodajas de melón y como no, té a la menta. Completamos el recorrido y tomamos el camino que nos llevaría de nuevo a Marrakesh.

Durante el trayecto, la noche se nos echó encima y el camino se volvía contra nosotros. Un millar de peatones, ciclistas y motos se cruzaban por la carretera, la cual no estaba alumbrada. Por 40 dirhams aparcamos el coche en un lugar que parecía algo más seguro y anduvimos hacia el hotel. Para ello teníamos que atravesar la plaza Djemaa el Fna. Nos dimos cuenta de que dos hombres nos seguían ya que si nosotros parabamos ellos también, y si continuabamos la marcha, ellos hacían lo propio, así que en un momento que ellos se hacían los despistados, nos metimos en el barullo de la plaza, entre puestos de comida y corrillos de gente que contemplaban los diversos espectáculos que se ofrecen durante la noche. Mientras observábamos uno de estos shows, un chico marroquí comenzó a hablar con nosotros. Nos sorprendió su facilidad para hablar español e incluso utilizar palabras poco comunes en un contexto correcto. Nos comentó que estudiaba economía y que anteriormente había estudiado en el Instituto Cervantes, donde se le daba gran importancia al aprendizaje del español. Tras un rato de tertulia decidimos tomar un té, en uno de los muchos puestos de la plaza para continuar la conversación que giró principalmente en torno a las diferencias culturales y económicas entre España y Marruecos. El estudiante también quiso saber sobre nuestra historia y nos preguntó sobre el periodo franquista.

Llegada a Marrakesh

3 de octubre de 2011

A las cuatro de la mañana sonó el despertador, esta vez no era para ir trabajar, sino para empezar las vacaciones. Había preparado la maleta el día anterior, tarea que no resultó nada fácil ya que solo podía llevar una y tenía que meter en ella ropa para casi quince días. Los vuelos baratos tienen muchas restricciones y el equipaje es una de ellas.

Dejamos el coche aparcado en Barajas pueblo. Era tan temprano que el metro no funcionaba, por lo que tuvimos que coger un taxi que nos llevó hasta la T1, lugar en el que debíamos montarnos en el avión que nos llevaría hasta Marrakesh. Tras pasar los debidos controles y esperar a que todo el mundo embarcase, el avión despegó, no si antes mostrarnos todas las maniobras de seguridad. El viaje duró unas dos horas, pero nos resultó corto.

La llegada fue un poco caótica, ya que la burocracia marroquí exige muchos trámites, que en mi opinión, son innecesarios. No teníamos un destino, fuimos a la aventura y a ver que encontrábamos, aún así tuvimos que sacar de la guía, el nombre de un hotel. Anotamos la dirección y lo entregamos en una ventanilla, por supuesto, no pisamos el hotel de referencia, ni siquiera pasamos cerca.

A la salida de la terminal, teníamos dos objetivos claros: cambiar euros por dirhams y coger un taxi que nos llevara al centro de la ciudad para buscar un hotel donde pasar dos noches. Tras esperar algo más de diez minutos a que abrieran la oficina de cambio, preguntamos si fuera había más sitios donde poder el cambio. Nos indicaron que habías dos oficinas más y nos dirigimos al mostrador para realizar el trueque.

Salimos del aeropuerto con el primer objetivo cumplido. Una hilera de coches, de color ocre con la palabra Taxi encima de la capota, estaban esperando, con sus respectivos conductores a que alguien montara en ellos. Aceptamos, aunque no muy convencidos la tarifa “oficial” de 150 diharms (En Marruecos, ninguna tarifa es oficial). A pocos metro del aeropuerto, estaban con obras en la calzada, por lo que el tráfico era bastante denso, a la vez que peligroso, ya que motoristas y ciclistas se mezclan con coches y camiones sin ningún orden ni concierto.

Tras la llegada a nuestro destino y con la maleta en la mano, decidimos recorrernos la zona de la medina para buscar un hotel. Nuestra sorpresa fue cuando encontramos las diferencias entre hoteles, ya que en España no concebimos una habitación de hotel sin ducha dentro. Nuestro presupuesto era algo ajustado, pero queríamos darnos un buen baño, por lo que decidimos que lo mejor sería buscar uno con ducha dentro, lo cual resultó más difícil de lo que pensábamos. Conseguimos un buen precio, el chico del hotel nos hizo una pequeña rebaja ya que íbamos a pasar dos noches en su hotel.

Dejamos las maletas en la habitación y subimos a la terraza a esperar a que nos sirvieran el desayuno: café con leche, zumo de naranja y una especie de crepes que teníamos que untar con mantequilla y mermelada. Un desayuno bastante completo y que calmó el hambre que sentíamos después del viaje. (los crepes, fuera de Marrakesh, no son tan fáciles de encontrar)

Salimos a dar una vuelta por la ciudad, pero no encontramos lo que esperábamos. Tras dar un paseo por la plaza y por los jardines, nos adentramos en el zoco. Varios puestos, con idénticos objetos asaltaban nuestros sentidos. Nuestra primera estafa estaba a punto de comenzar. Un chico se nos acercó para informarnos de que a poco metros, podríamos encontrar una familia bereber trabajando el cuero. Nos indicó el camino para llegar y como no teníamos nada que hacer, nos pareció una buena idea, incluso podía hacer algunas fotos, para captar la técnica. Queríamos ir solos, pero el chico se empeñó en guiarnos por las calles que componen el laberinto del zoco. Cada vez que le preguntábamos cuanto quedaba, el respondía lo mismo: queda poco. Sus palabras nos inquietaban más y estábamos lejos de la zona turística, por lo que decidimos no continuar el itinerario que nos estaba marcando y volvimos a la plaza.  Regresamos al hotel, donde pudimos dormir un rato, antes de salir a comer.

La tarde transcurrió sin ningún problema y cuando quisimos darnos cuenta, se había hecho de noche. Salimos a cenar y pudimos contemplar, como la plaza había cambiado. En el centro había puestos de comida y alrededor varios espectáculos y tatuadoras de henna.

Teníamos claro lo que queríamos hacer el día siguiente, así que nos fuimos a la cama e intentar descansar lo máximo posible.

Vacaciones

Durante los próximos 15 días no podré subir ninguna entrada, ¿el motivo? Que han llegado mi ansiadas vacaciones. Me voy al desierto de Marruecos y a visitar algunos pueblecitos del sur y creo que no es muy recomendable ir con el portatil debajo del brazon (aún estoy dando vueltas a como llevar el dinero).

Por un lado estoy encantada con este viaje, se que me esperan muchas aventuras y cosas que descubrir, pero a la vez me siento algo inquieta por todos los obstáculos que pueda encontrar y que no se si seremos capaces que solventar. Pero de lo que estoy segura es de que, pase lo pase, será un viaje que no olvidaré y quien sabe si me sirve como inspiración para seguir escribiendo.

Aprovecho la ocasión para volver a dar las gracias a todos lo que leis el blog y de vez en cuando me dejais un comentario que me anima a seguir con mi relato. En cuanto vuelva escribiré mis experiencias y además me llevo un cuadreno y un boli que serán la memoria de este viaje que espero sea emociante.